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"Crónica de los avatares de mis cánceres y sus secuelas" (de laringe, de piel, de pulmón) y otros asuntos, y traducción de artículos de "Anotacions més o manco impertinents".

Post626 – Cómo me enteré - I

mirollull2 | 25 Enero, 2006 23:07

Me preguntas... ¿Qué es poesía? No, no es eso lo que me preguntas; eso es de una de las Rimas de Gustavo Adolfo Bécquer, que, si te interesa, la busco y te la envío. Lo que tú me preguntabas, Claudia, es cómo me enteré de que tenía cáncer. Lo explicaré, pero primero te diré cuándo me enteré: hace algo más de un año, después de nueve años de haber pensado que podía tenerlo.

 

Si fuera supersticioso, podría creer que tenía que ser así, ya que nací en martes y trece. Pero, bueno, voy a intentar resumir esta pequeña historia.

 

Desde muchos años atrás tuve –y digo tuve, porque ahora ya no lo tengo– días de irritación de garganta y cierta afonía; esas cosas que van y vienen; ¿podían ser antecedentes?; no lo sé. Lo cierto es que hace unos diez años, la afección se incrementó y Cuerdas vocalesse hizo persistente. Fui a un ORL –dicho con todas las letras: otorrinolaringólogo–, me puso el laringoscopio por la boca y exploró la glotis. Acto seguido, en el monitor que tenía conectado, reprodujo la grabación efectuada. Se veían, claramente, las dos cuerdas vocales. La derecha era normal; la izquierda estaba retractada, no vibraba correctamente y presentaba dos nódulos blancos.

 

La resolución inmediata fue que dejara de fumar y volviera en unos veinte días para observar la reacción. Ésta fue buena, la inflamación se había reducido. Después de varias visitas, en las que se vio que la mejoría se ralentizaba, consideró que había que recurrir a medicación. La cuerda fue mejorando hasta llegar a un punto en que no se recuperaba más y persistían los nódulos.

Entonces, me propuso la solución del bisturí, indicándome que a su entender no parecía que se tratara de pólipos cancerosos. Como es lógico, pasamos unos día de intranquilidad esperando el resultado de la biopsia. Los pólipos no fueron malignos. Después de la intervención estuve diez días haciendo vida normal, pero sin hablar.

Las cuerdas vocales volvieron a funcionar bien unos años, después de los cuales empezó de nuevo la afonía y se producían ciertos fallos de voz al hablar. Esta vez, el diagnóstico fue que en la cuerda izquierda habían aparecido unas adherencias, como costritas, y que podían ser de origen tuberculoso.

La prueba de la tuberculina fue positiva, aunque no podía tomarse como confirmación de tuberculosis, y mientras se hacían el resto de comprobaciones, pasamos una seria preocupación, pues habíamos tenido a Tomás, el nieto, que tendría unos tres años, mucho en casa.

Con buen criterio, el neumólogo nos dijo que no creáramos situaciones de alarma innecesaria, que no veía indicios, y que esperáramos a tener los resultados de las pruebas que nos tuvieron que efectuar a Amalia y a mí. No hubo nada de tuberculosis. Aunque sí, otra vez una estancia en quirófano, para limpiar las adherencias.

La intervención fue breve y la anestesia ligera. Al subir el cirujano a la habitación, éste me dijo que no había tenido que hacer nada, que en la cuerda vocal sólo quedaba una pequeña adherencia que se desprendió sólo con tocarla.

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