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"Crónica de los avatares de mis cánceres y sus secuelas" (de laringe, de piel, de pulmón) y otros asuntos, y traducción de artículos de "Anotacions més o manco impertinents".

Año V – La parrilla costal derecha

mirollull2 | 07 Marzo, 2009 21:23

El día 25 de febrero inicié el año quinto de la laringectomía. En este cuaderno de bitácora de la navegación por las rutas del cáncer, voy a mantener el sistema cronológico iniciado en los artículos sobre el primero, que, al fin y al cabo, es el más importante y de mayores consecuencias. ¿Qué sentido tendría reiniciar el cómputo desde el cáncer de piel o de pulmón? Si hubiera modificado mi particular calendario con el año I del cáncer de pulmón, al referirme al de laringe tendría que hacerlo como al “año III a. C.P.”, y ello sólo conduciría a dificultar la referencia a la convención temporal. No obstante, sería una convención más precisa que la fijada, sin considerar otros, por los calendarios hebreo y gregoriano.

El rabí Samuel marcó, para su calendario, como inicio el año de la creación del mundo, que estableció, dicen que siguiendo la cronología bíblica, en el 7 de octubre del año 3761 a. J.C.; al día de hoy, por tanto, nos hallamos en el año 5770 (3761 + 2009) de la creación del mundo. A la exactitud 'asombrosa' de este cómputo –dejando de lado las elucubraciones que se hacen con el carbono 14 y con las teorías cosmológicas– sólo le podríamos poner un pequeño pero: el error que dicen que hay en la fijación del año del nacimiento de Cristo, por la cual Jesús habría nacido en año distinto del que, después de varios ajustes sobre el Calendario Juliano, determina el vigente Calendario Gregoriano.

Fractura costal
Vista de la fractura costal

Después de tan ilustrativa digresión sobre la medición del tiempo, vuelvo a la cuestión del cáncer. Si he iniciado el año quinto desde la laringectomía, esto significa que, después del final de este período, se me podrá dar médicamente de alta definitiva por la curación del cáncer de laringe, siempre que –y estamos otra vez en cómputos relativos– no se me aplique retrospectivamente la valoración que se está imponiendo y que establece en siete años y no en cinco el período de seguridad.

De todas maneras, aunque se me cuenten cinco años, ello no quiere decir que, sano, ya pueda morirme. Sin contar el cáncer de piel, cuya importancia ha quedado deslucida entre los otros dos, me va a quedar –además de todo cuanto todavía tengo que hacer– el compromiso de llegar al alta definitiva del cáncer de pulmón, para lo cual he de disponer de otros tres años y medio o cinco y medio según sea la medida a aplicar.

En el artículo anterior indiqué que, con una radiografía, tenía que volver a la consulta del traumatólogo. No ha habido nada anormal ni preocupante. En el informe, simplemente, «se llama la atención sobre la existencia de alteración tosca del modelado correspondiente al arco costal DVIII, que sugiere fuertemente fractura antigua en fase de resolución.» Y añade: «Los arcos costales correspondientes a niveles superiores siete y seis se encuentran asimismo alterados en su angulación lateral, sugiriendo cambios de la misma naturaleza.» Se trata, por tanto, de algo normal por una intervención en la que ha habido que forzar la parrilla costal y pasar la tubería del drenaje del neumotórax entre dos costillas.

Esto y una ligera desviación de la tráquea por el desplazamiento del bronquio derecho (me es fácil apreciarlo por el estoma) son otras secuelas quirúrgicas: al quitar piezas viejas o deterioradas para poder seguir funcionando bien no se puede pretender que todo quede como nuevo.

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