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"Crónica de los avatares de mis cánceres y sus secuelas" (de laringe, de piel, de pulmón) y otros asuntos, y traducción de artículos de "Anotacions més o manco impertinents".

Benedicto XVI no sabe dónde dejó la burra José

mirollull2 | 03 Diciembre, 2012 20:49

Suele ser normal que una minucia convertida en titular levante una polvareda entre redactores y comentaristas de lo que ahora se llama –debido a su diversidad técnica– medios de comunicación, y que el pueblo, por ello, sienta sacudidos los apoyos de su mitología emotiva.

La infancia de Jesús

Recientemente, la inquietud, se ha producido por unas afirmaciones que –según informan– ha efectuado Benedicto XVI en su libro La infancia de Jesús: en el portal de Belén no había ni mula ni buey, que la estrella queda en entredicho, que los pastores no cantaron y los reyes no eran tales.

Como es de suponer, lo manifestado por Benedicto XVI, no puede resumirse tan ligeramente; él razona lo que expone, somete la infancia de Jesús a una exégesis a la luz de citas precisas de las escrituras, las del Nuevo y del Antiguo Testamento, cuya correlación prueba y explica el cumplimiento del designio divino. «Jesús asume en sí la humanidad entera, toda la historia de la humanidad, y le da un nuevo rumbo, decisivo, hacia un nuevo modo de ser persona humana(sic)» (pag. 18). «Tampoco se trata sólo de Israel. Se dirige a toda la humanidad. El signo que Dios mismo anuncia no se ofrece a una situación política determinada, sino que concierne al hombre y su historia en su conjunto.» (pag. 56). «La historia de la elección de Dios, limitada hasta entonces a Israel, entra en toda la amplitud del mundo, de la historia universal. Dios, que es el Dios de Israel y de todos los pueblos, se demuestra como el verdadero guía de la historia.» (pag. 71-72). Su exégesis, por encima de detalles que pueden considerarse anecdóticos, muestra el entramado que une el Antiguo Testamento con el Nuevo, tan es así, que ambos, no sólo se complementan, sino que ninguno de los dos está completo ni es entendible sin el otro. «Los relatos de Mateo y Lucas no son mitos ulteriormente desarrollados. Según su concepción de fondo están firmemente asentados en la tradición bíblica del Dios creador y redentor.» (pag. 59). Benedicto XVI señala abundantes versículos en los que queda patente esta trabazón. Y su discurso muestra que la salvación del hombre iniciada en Abraham alcanza su perfeccionamiento en Jesús y que, a la inversa, la acción salvífica del hijo de Dios y su encarnación en una virgen estaba ya revelada en las escrituras desde antes de que Moisés iniciara con su pueblo el camino hacia la tierra prometida. «Es la gran fuerza de la esperanza en medio de un mundo que tan a menudo parece estar abandonando a Dios. El Reino del Hijo de David, Jesús, no tiene fin, porque en él reina Dios mismo, porque en él entra el reino de Dios en este mundo. La promesa que Gabriel transmitió a la Virgen María es verdadera. Se cumple siempre de nuevo.» (pag. 39).

Portal de Belén

Que los pastores no cantaron no he leído que lo haya afirmado; ¿tenía que referirse a los pastorcillos cantando villancicos? Benedicto XVI ha precisado que en los Evangelios consta que unos ángeles se aparecieron a los pastores, diciendo: «Gloria a Dios en las alturas…». Y, sin negar que hubiera pastores, puntualiza que quienes cantaban eran los ángeles, porque éstos no ‘dicen’ sino que ‘cantan’, aclara. Otro sí: que los reyes no eran reyes, ni siquiera magos, –la palabra magos puede llevar connotaciones malignas–, sino sabios que habían descifrado el lenguaje de los astros. Sobre el buey y la mula, expone: «Como se ha dicho, el pesebre hace pensar en los animales, pues es allí donde comen. En el Evangelio no se habla en este caso de animales. Pero la meditación guiada por la fe, leyendo el Antiguo y el Nuevo Testamento relacionados entre sí, ha colmado muy pronto esta laguna, remitiéndose a Isaías 1,3: “El buey conoce a su amo, y el asno el pesebre de su dueño; Israel no me conoce, mi pueblo no me comprende”.» (Pag. 76). Benedicto XVI añade: «En la singular conexión entre Isaías 1,3, Habacuc 3.2, Éxodo 25,18-20 y el pesebre, aparecen por tanto los dos animales como una representación de la humanidad, de por sí desprovista de entendimiento, pero que ante el Niño, ante la humilde aparición de Dios en el establo, llega al conocimiento y, en la pobreza de este nacimiento, recibe la epifanía, que ahora enseña a todos a ver. La iconografía cristiana ha captado ya muy pronto este motivo. Ninguna representación del nacimiento renunciará al buey y al asno.» (pag. 76-77).

De todas maneras, yo tengo que pensar que el exégeta, en este caso, ha hilado muy fino y sus conclusiones son un paradigma de la elucubración; es más probable que la iconología del belén no tenga otro motivo que la síntesis alegórica de la cristología popular. En los evangelios llamados apócrifos, que, creo, tienen tanta verosimilitud como los canónicos, el buey y el asno, o la mula, están claramente expresados. Y es posible que las seudoescrituras, por no ser objeto de uso y valoración, hayan sufrido menos o pocas alteraciones de copia, transcripción y traducción que los libros definidos como canónicos, que han pasado por manos, incluso bienintencionadas, que han pretendido mejorarlos, completarlos, enriquecerlos y engarzar entre sí las nuevas con las veterotestamentarias, denominación, ésta, que el blancosotanado utiliza con afección.

Con todo, sea o no intención del exégeta, hay que admitir que con su análisis, al pretender ajustar la leyenda a la veracidad, deja, lógicamente, desestructurada (en palabra moderna) la instalación de un belén que se corresponde con la tradición y la verosimilitud que durante muchos siglos han testimoniado la mayoría de los libros piadosos.(cf. Mn. Antoni Mª Alcover, Rondaies mallorquines, Editorial Moll, Mallorca, 2005, tomo V, pag. 7).

No había buey: es posible; no había mula, aceptémoslo, aunque hay motivo para creer que sí la había. «Y, llegados a mitad de camino, María dijo a José: Bájame de la burra, porque lo que llevo dentro me abruma, al avanzar. Y él la bajó de la burra, y le dijo: ¿Dónde podría llevarte, y resguardar tu pudor? Porque este lugar está desierto.» (Protoevangelio de Santiago, XVII, 3). «Y encontró allí mismo una gruta, e hizo entrar en ella a María. Y, dejando a sus hijos cerca de ésta, fue en busca de una partera al país de Bethlehem.» (Ib, XVIII, 1) Aceptemos que: «La conjunción astral de los planetas Júpiter y Saturno en el signo zodiacal de Piscis, que tuvo lugar en los años 7-6 a. C. –considerado hoy como el verdadero año del nacimiento de Jesús– habría sido calculada por los astrónomos babilónicos y les habría indicado la tierra de Judá y un recién nacido “rey de los judíos”.» (pag. 100), y que este suceso astral se ha transformado en la estrella en el acervo popular. Así vamos reduciendo la iconografía belenística; porque tampoco pudieron estar en el portal los tres sabios: desde que vieron la señal astronómica, se consultaron y se pusieron en marcha desde distintos lugares de Oriente, precisaron de varios meses, quizás más de un año, para alcanzar su destino. Y en ese tiempo, la Sagrada Familia ya vivía en su casa de Nazaret. Si, además, consideramos que ni Marcos ni Juan mencionan el nacimiento y la infancia de Jesús, y que Mateo les dedica 28 versículos y Lucas 51, es lógico que se recurra a los evangelios no canónicos, cuyo relato es más amplio.

Hay un aspecto mencionado por Benedicto XVI que quiero, por lo menos, destacar. Él lo trata de pasada y lo considera elucidado. Se refiere a si el nacimiento virginal es un mito o una verdad histórica, ya que en la historia de la religiones (egipcia, persa, budista, hindú, griega, romana y también en el judaísmo antiguo) se describen dioses y profetas nacidos de vírgenes, y dice: «Una lectura atenta deja claro que, ni en el primer caso ni en el segundo, existe un verdadero paralelismo con el relato del nacimiento virginal de Jesús. Lo mismo vale para los textos procedentes del ambiente grecorromano, que se creía poder citar como modelos paganos de la narración de la concepción de Jesús por obra del Espíritu Santo. […] La diferencia de concepciones es efectivamente tan profunda que no se puede hablar de auténticos paralelos.» (pag. 58). Por mi parte, creo existen paralelos, además de la concepción virginal, que merecen atención y estudio (nacimientos en 25 de diciembre, estrellas anunciadoras, grutas, tres reyes, milagros, caminar sobre las aguas, ajusticiamiento o crucifixión, resurrección a los tres días...).

Uno de los argumentos de autoridad sobre la virginidad de María es un versículo tomado de Isaías 7,14: «Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa: “Dios-con-nosotros”». Según exégetas modernos, este versículo no parece referirse a María, aunque Mateo 1,23 lo incluya en su descripción del nacimiento, y además contiene una palabra asignada erróneamente. La palabra que fue traducida por ‘virgen’ significa ‘joven’. La subsanación ya figura en varias ediciones de la Biblia, aunque solamente en Isaías; en Mateo no se ha corregido esta cita de Isaías.

Divina pastora de las almas

Benedicto XVI, sin embargo, no centra su disquisición en la historicidad de los hechos, más bien la eleva a discurso de apologética teologal. «Los sabios de Oriente son un inicio, representan a la humanidad cuando emprende el camino hacia Cristo, inaugurando una procesión que recorre toda la historia. No representan únicamente a las personas que han encontrado la vía que conduce hasta Cristo. Representan el anhelo interior del espíritu humano, la marcha de las religiones y de la razón humana al encuentro de Cristo.» (pag. 102). «Al entrar en el mundo pagano, la fe cristiana debía volver a abordar la divinidad de las divinidades astrales. Por eso Pablo insiste con vehemencia en sus cartas desde el cautiverio a los Efesios y a los Colosenses en que Cristo resucitado ha vencido a todo el principado y poder del aire y domina todo el universo. También el relato de la estrella de los magos está en esta línea: no es la estrella la que determina el destino del Niño, sino el Niño quien guía a la estrella. Si se quiere, puede hablarse de una especie de punto de inflexión antropológico: el hombre asumido por Dios –como se manifiesta aquí en el Hijo unigénito– es más grande que todos los poderes del mundo material y vale más que el universo entero.» (pag. 107).

En conclusión, el libro de la infancia de Jesús, tiene dos lecturas: la piadosa, que como es normal en estos libros y más si, como éste, están bien escritos y son de lectura ágil, edifica a los devotos; y la analítica, que induce a la comprensión de un pensamiento teológico y religioso que, aunque ya en declive, ha marcado para bien y para mal el devenir de Occidente y aledaños.

A lo expuesto por Benedicto XVI, quizá disquisición crucial, que copio nuevamente: «La historia de la elección de Dios, limitada hasta entonces a Israel, entra en toda la amplitud del mundo, de la historia universal. Dios, que es el Dios de Israel y de todos los pueblos, se demuestra como el verdadero guía de la historia.» (pag. 71-72), se puede objetar que el Dios de Israel, que se supone que es el Dios de la Iglesia Católica, no tan sólo no ha llegado a ser el “de todos los pueblos”, sino que cada día está más lejos de serlo. Vayan unas cifras ilustrativas: en la población mundial, que ronda los 7 000 millones de humanos, en la actualidad hay unos 2 000 millones de seguidores del cristianismo, de los cuales más de la mitad son católicos. Las distintas ramificaciones islámicas alcanzan un número parejo al de los católicos, 1 200/1 300 millones. Al hinduismo se le atribuyen 1.000 millones de seguidores. Y el resto, entre las que se cuentan unos 13 millones de judíos, son filiaciones religiosas menores.

Como conclusión final, considero que Benedicto XVI ha hecho un fino encaje de bolillos, con los hilos convenientes –Virgilio incluido, con su cuarta égloga de las Bucolicas–, siguiendo la tradición iniciada por Pablo de Tarso y continuada por la patrística y el tomismo hasta nuestros días: una construcción ingeniosa para demostrar la racionalidad de lo que por definición –fe, creencia, dogma– es irracional.
Ya llega la última edad anunciada en los versos de la Sibila de Cumas; ya empieza de nuevo una serie de grandes siglos. Ya vuelven la virgen Astrea y los tiempos en que reinó Saturno; ya una nueva raza desciende del alto cielo. Tú, ¡oh casta Lucina!, favorece al recién nacido infante, con el cual concluirá, lo primero, la edad de hierro y empezará la de oro en todo el mundo; ya reina tu Apolo. Bajo tu consulado, ¡oh Polión!, tendrá principio esta gloriosa edad y empezarán a correr los grandes meses; mandando tú, desaparecerán los vestigios, si aún quedan, de nuestra antigua maldad, y la tierra se verá libre de sus perpetuos terrores. Este niño recibirá la vida de los dioses, con los cuales verá mezclados a los héroes, y entre ellos le verán todos a él, y regirá el orbe, sosegado por las virtudes de su padre.
De la IV Égloga de Las Bucólicas, Publio Virgilio Marón (70 a.C. – 19 a.C.)

comentarios

  1. Irracional

    Tu los has dicho amigo Pep: "irracional" no encaja dentro de lo que podemos razonar, de hecho La Biblia podría ser el más famoso libro de ciencia ficción de todos los tiempos y los demás textos basados en ella pues ni qué decir...por mi parte me quedo con mis pensamientos al respecto para no herir a nadie al expresarlos, pero en mi casa se celebra la Natividad con pesebre con mula, buey, Virgen, reyes magos y estrella, porque la tradición nos pesa mucho más que lo que se pudiera llamar "nuevos descubrimientos" , mentira o no, me gusta vivir la navidad con alegría, paz y unión familiar y los mejores deseos para quienes tanto quiero, como tu! Feliz navidad!

    Tatiana | 05/12/2012, 02:50
  2. excelente

    Pep, me parece que en tu acostumbrada labor investigadora has realizado una excelente labor de precisión y explicación. Bastante concluyente, sí señor!
    De todas formas, a estas alturas de "forma de vida humana" tampoco creo que sea de suma importancia colocar o no a los reyes o a los animales en el pesebre... habrá cosas más importante que puedan preocupar a Dios y que sin duda, debieran hacer pensar a Benedicto XVI. Por lo que considero que "cada unos a sus zapatos" (a sus gustos e ideas...); aunque eso sí, mejor siendo un poquito más sabios gracias a tu precisa aportación. Me ha encantado Ped! gracias

    Ana Is. | 05/12/2012, 10:31
  3. Re: Benedicto XVI no sabe dónde dejó la burra José

    Excitante aclaración

    por mi parte sin comentarios.
    excelente

    Vicente Bisbal Barbera | 05/12/2012, 15:27
  4. Re: Benedicto XVI no sabe dónde dejó la burra José

    Excitante aclaración

    por mi parte sin comentarios.
    excelente

    Vicente Bisbal Barbera | 05/12/2012, 15:27
  5. ¿Y Navidad?

    Menudo 'currelo' te has dado. No se si en el libro citado habla algo de las fechas, porque es bien sabido que puede ser cualquiera pero casi con toda seguridad que cualquiera menos la de fin de año.

    Juan | 05/12/2012, 16:34
  6. A Juan

    No habla de fechas concretas, pero ya parece generalmente aceptado que el 25 de diciembre es una fecha tomada de las celebraciones de fiestas paganas. Y es la fecha de nacimiento que se atribuye a otros profetas y dioses anteriores a Jesús.

    Pep Maria | 05/12/2012, 16:57
  7. bou i mula

    Crec que mai un bou i una mula havían donat per tant.
    Vaja treball més complet!

    Joana | 06/12/2012, 13:10
  8. Però

    Quina feinada Pep, però està molt be. De totes formes, no creus que el Sant Pare es podría dedicar a coses més importants pel món d'avui? No son més importants els problemes socials? la fam? les injustícies? i tantes i tantes coses a on l'esgésia hauría de dir la seva?

    FF | 06/12/2012, 13:20
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