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"Crónica de los avatares de mis cánceres y sus secuelas" (de laringe, de piel, de pulmón) y otros asuntos, y traducción de artículos de "Anotacions més o manco impertinents".

Año VI – Algo más sobre el gusto y el olfato • I

mirollull2 | 22 Febrero, 2011 12:22

Maite, hace algún tiempo, expuso en estas páginas:
«Últimamente me he notado que, después de cinco años de haber sido laringectomizada y radiada, el olfato cada día es menor .Hace poco, lavando la manta del caballo, cuyo olor según mis hijas era insoportable, yo no era capaz de olerlo. Me voy dando cuenta que olores que son muy fuertes no soy capaz de detectarlos. Yo uso bastante el paso del aire por la nariz así que no sé si esto es una secuela de la radiación más que de la operación de laringe. También me he ido dando cuenta de que el gusto lo tengo bastante perdido ya que sabores muy salados o muy picantes a mí me parecen normales. ¿Podría ser una secuela de la radiación?, pues que creo que recién operada esto no me pasaba.» (Maite Arenas, 08/09/2010)

Sistema del olfato y el gusto

En principio, no notar el olor de la manta del caballo no se puede atribuir a una alteración olfativa producida por la laringectomía. Se debe a un efecto normal –que yo llamé saturación– por la persistencia de un mismo olor en cualquier persona. El otorrinolaringólogo José Manuel Morales me confirmaba: «Con respecto a lo que me comentaste del olfato, lo más probable es que la mujer esté adaptada al olor. Afortunadamente, nuestro olfato tiene un mecanismo de adaptación por el cual cuando estamos expuestos durante un tiempo a un olor terminamos por no recibirlo, y gracias a ello podemos estar en sitios con olores nauseabundos y sólo molestarnos al principio, hasta que el sistema se adapta, se fatiga o se satura (o como se denomine exactamente). Es como cuando utilizamos la misma colonia siempre, al usuario le parece que no lleva colonia y sin embargo la gente que le rodea es capaz de detectarla a la percepción.» Y lo mismo se da al entrar en casas ajenas en las que notamos un olor peculiar; en cambio al entrar en la nuestra, que seguramente también lo tiene, no lo notamos.

Áreas gustativas de la lengua

No deja sin embargo de llamarme la atención si la anosmia se produce de manera distinta ante olores diferentes. Según he leído: «Anosmia es la pérdida o disminución del sentido del olfato. Puede ser temporal o permanente. Un término relacionado es hiposmia, el cual se refiere a la disminución en la habilidad olfativa. En la mayoría de los casos la anosmia es curable con tratamientos naturales. Algunas personas pueden ser anósmicas de cierto olor en particular, esto es llamado "anosmia específica", y puede tener su origen de modo genético».

¿En relación al olfato, podríamos encontrarnos con algo semejante a lo que sucede con el gusto?, en él se estiman cuatro sabores elementales (dulce, salado, ácido y amargo) que son detectados, principalmente, por otros tantos grupos de papilas situados en distintas zonas de la lengua. A partir de estas cuatro sensaciones primarias, de la misma manera que todos los colores del espectro son combinaciones de tres sensaciones de color primarias, la persona puede percibir cientos o miles de sabores diferentes. Además de los cuatro sabores elementales, podría existir otra clase o subclase de sensaciones primarias, menos evidentes. Así, por algunos experimentos, se establece un quinto sabor, el “umami”, que es el sabor del aminoácido glutamato.

En cuanto a alteraciones, las papilas de la lengua pueden sufrirlas simples y momentáneas. Las produce la formación de una película o velo por adherencias: la lengua requiere limpieza, –simultaneable con el cepillado de los dientes–; y también la irritación por comida o bebida excesivamente calientes o cáusticas o que las papilas estén impregnadas de un sabor que afecte al siguiente que tienen que percibir La falta reiterada de captación o distorsión de los sabores, sin embargo, se originan por otras causas: unas son sencillas, otras, más importantes: se deben a enfermedades, irritaciones, tratamientos químicos del organismo, quemaduras, radioterapia, e incluso, a daño del nervio gustativo; en este último caso, aunque las papilas estén sanas, la señal que reciban no será transmitida al cerebro y no se traducirá en sabor.

Un factor decisivo en la buena captación de los sabores está en la salivación: los compuestos químicos de los alimentos se disuelven en la humedad de la boca y penetran en las papilas gustativas a través de los poros de la superficie de la lengua, donde entran en contacto con células sensoriales. Cuando un receptor es estimulado por una de las sustancias disueltas, envía impulsos nerviosos al cerebro. En los laringectomizados, el tratamiento con radioterapia tiende afectar, en general temporalmente, a todos o parte de los grupos de glándulas salivares y, en consecuencia, disminuir en mayor o menor grado la segregación de saliva. La escasez de saliva, además de disminuir la capacidad gustativa también entorpece la preparación digestiva que se inicia al masticar.

No hay que olvidar, además, que las múltiples sensaciones gustativas que apreciamos no emanan solamente al sentido del gusto. El gusto se ve potenciado por el olfato, tanto por lo que se percibe por las fosas nasales como por lo que, una vez los alimentos están en la boca, se transmite a los cilios por la comunicación de la faringe con el sistema olfatorio. Esto queda en evidencia, por ejemplo, al estar resfriados: los alimentos parecen insípidos, y eso es porque los receptores olfativos quedan aislados por la mucosidad nasal. Otro ejemplo es que para distinguir el sabor de un bombón, el cerebro aprecia dos estímulos: un sabor dulce a través de las papilas gustativas y un rico aroma de chocolate a través de la nariz.

Por otra parte, el paladar y la faringe, independientemente de su participación en el sistema gustativo, perciben la quemazón de la comida excesivamente caliente y acusan la irritación producida por agentes picantes y corrosivos. Una quemadura en la lengua la inhabilita temporalmente para captar sabores, es más, ante cualquier alimento se nota un mismo y único sabor. Y, en esa situación, el olfato no puede aportar nada.

A mí, durante más de un mes todo me supo a un metal extraño. Era niño, y recuerdo perfectamente el hecho y el entorno. Estaba de pie en la cama para que me dieran un jarabe. Tan pronto como tuve la cucharadita en la boca escupí con toda mi fuerza, no tragué nada, pero la boca me quedó quemada. Había sucedido lo que no debe hacerse: usar una botellita vacía de jarabe, sin quitarle la etiqueta, para comprar tintura de yodo (entonces se vendía a granel) que tenía el mismo color que el jarabe.

Con todo, el sentido del gusto no hay que darlo por perdido en los laringectomizados. La parte que afecta a la boca se va recuperando: las células gustativas se regeneran y lo mismo sucede con las glándulas salivares y los receptores olfativos.

Sin embargo, dado que los trastornos del olfato y del gusto rara vez constituyen una amenaza para la vida de la persona, suele suceder que no reciban la atención médica adecuada. Y en el caso de los laringectomizados, el no contemplar su recuperación en los tratamientos de rehabilitación, hace que ésta sea incompleta y que ellos se vean privados de unos disfrutes importantes para su estabilidad emocional.

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