Administrar

"Crónica de los avatares de mis cánceres y sus secuelas" (de laringe, de piel, de pulmón) y otros asuntos, y traducción de artículos de "Anotacions més o manco impertinents".

Año IV - Lobectomía LSD • VI (La desnudez)

mirollull2 | 28 Junio, 2008 23:46

Carmen, piel morena, alta, esbelta, seria, afable, entró en la habitación con la bandeja de curas. Carmen iba a cumplir la instrucción que poco antes había dado el Dr. Montero. Me había dicho que podía irme a casa, que él redactaría el alta y fijaría el día para el que tenía que pedir hora en su consulta, y que la enfermera me quitaría las grapas; ella vería si todas o parte.

En la bandeja destacaba en color amarillo del quita grapas. Su mecanismo era como los de papelería, sólo que de más fina factura y de manejo a la manera de tijeras.

grapas
Cicatriz y detalle de las grapas

En el costurón, de unos 23 cm había 36 grapas. Carmen me ayudó a recostarme sobre el lado izquierdo y llevé el brazo derecho sobre la cabeza. Empezó por quitar las grapas impares. Lo hacía con una seguridad y una delicadeza que parecían increíbles. ¿Cómo podía abrir y arrancar las grapas de metal, de tamaño semejante al 23 de las para papel pero de más robusta apariencia, con un roce imperceptible, un ligero tirón en algunas y puede que nada en otras? Después de las impares –la cicatriz no presentaba ninguna fisura–, pasó al resto. Yo había ido contando las que me quitaba; mi cuenta se quedó en 32 y Amalia había contado 36. ¿No eran 36 o es que de alguna no noté nada? Pues, no debí de notar nada; en la fotografía aparecen 36. Para asegurar la estabilidad de la cicatriz –aunque ya me había indicado el doctor que no tenía que realizar esfuerzos ni mover pesos–, Carmen la cubrió a todo lo largo de tiritas adhesivas que se irían –me dijo– desprendiendo solas.

Iba a dejar atrás la desnudez de la UCI y abandonar el mandil, abierto por detrás y atado a lo alto de la espalda con dos cintas enlazadas, de la habitación. Sólo para dar paseos por los corredores de la planta había usado una ligera bata. Ahora retomaba el vestir formal y habitual de la costumbre ciudadana.

Salí de la habitación no sólo ligero de equipaje sino sin peso alguno en las manos (lo llevaban Amalia y mi hermana) y a paso lento y seguro. Regresaba a casa con buen aspecto; eso sí, con la respiración fatigosa y dolorido el costado derecho.

Ya en casa, me he planteado la cuestión del recato, más concretamente, del pudor y del impudor. ¡Cuan desmesurada ocultación del cuerpo se nos inculcó a algunas generaciones! ¡Y cuánto queda todavía! ¿No es ridículo que se hable de ‘las partes pudendas’ y, no digamos, de ‘las vergüenzas’?

A lo largo de los años había comprendido la falacia catequística de los enemigos del alma; de ellos, por la insistencia en su mención, el peor tenía que ser la carne; los otros dos, el demonio y el mundo, en sí mismos eran más inocuos, salvo, claro, que indujeran a la perversidad de la carne. El alma, este es el corolario, es condenada para siempre al averno si la carne (el cuerpo) no se siente impura –lo que puede remediar con la penitencia– y se goza dichosa en vida.

En una clínica no se dan estas memeces. El alma es cuerpo y el cuerpo es alma, y la enfermedad se asienta en la carne en cuanto que esta es carne animada, o, a la inversa, en cuanto que el alma está encarnada.

En la primera estancia larga en la clínica, antes de que pudiera asearme yo mismo, me pareció normal estar de pie sobre una toalla mientras me lavaban y secaban de arriba abajo. En la última, los dos días en la UCI, mi movilidad era reducida, por la reciente acción de tensores y bisturí y por las tuberías de goteros, sondas y drenajes, y el aseo tuvo que hacerse estando acostado. Sólo era necesario retirar la manta y la sábana encimera, colocar unas telas absorbentes e impermeables debajo del cuerpo e ir rociando agua jabonosa con esponjas, frotar y secar, primero en posición supina y, después, girándome lo más posible sobre mi lado izquierdo. Fue un alivio que me libraran del sudor y recuperar el frescor corporal. Con toda delicadeza y naturalidad (y naturalidad también por mi parte y con el goce de ver sus caras), esta vez fueron Ana y Cris las que me lavaron, no, como la vez anterior en la habitación, enfermeros.

¿Qué lleva a la espontaneidad y naturalidad de la desnudez? Hay que volver a preguntarse por el recato y el pudor. ¿Cuánto tienen estos de inhibición y represión cultural? ¿Cuánto de ocultación tras lo que los griegos, en el teatro, llamaban ‘persona’ (máscara) por miedo de aparecer tal cual somos?

En otros tiempos –como supongo que en general a todos nosotros– me preocupó mucho cómo me pudieran apreciar los demás, tanto corporal como mentalmente, tanto física como espiritualmente. Esta preocupación, con el paso de los años y de alcanzar metas y descubriendo cuáles era mis límites, se fue paliando. ¿Iba aceptándome yo mismo tal cual era y asentado mi personalidad? Supongo que sí. Y seguramente también se estaba llevando a cabo un proceso muy importante que he ido descubriendo paulatinamente: la sincronización funcional del cuerpo y la mente.

respiración abierta
Aliento cósmico

Y en este proceso de aceptación propia, de estabilidad emocional, de afianzamiento y seguridad en el entorno social tal cual soy (con mis bondades y mis carencias), estoy seguro de que una buena parte se debe al trato repetido con el cáncer en estos últimos años. Al trato con el cáncer y a las imprevistas experiencias, evidentemente positivas y enriquecedoras que me ha proporcionado. Y como ya he indicado alguna vez, el haber, tal vez por el imperativo quirúrgico, abierto mi respiración al gran vacío exterior. Dicho de otro modo haberme llevado a la comprensión de que nuestro pequeño aliento personal forma parte del gran aliento cósmico de la vida.

Por tanto ¿qué pintan en todo esto los respetos humanos, los disfraces, las hipocresías convenidas, la deshonestidad con traje de marca o vestido de alta costura? Recato y honestidad, sí, en su justa medida, para la convivencia y en su momento.

Por lo demás, el impudor, o la simple y sencilla naturalidad de no temer mostrarse ni física ni mentalmente como uno es. ¿Qué para llegar a esto hay que haber madurado y superado ínfulas y vanidades? Puede ser. Y, parafraseando la escritura hebrea, estar en el camino de ser el que se es; poder estar ahí, sin tener que demostrar nada, porque simplemente soy el que soy.

comentarios

  1. Pudor... que fuerte palabra

    Que buena herida amigo mio!!!, papa tenia igual el cuello y puedo decirte que al cabo del tiempo quedo muy buena su cicatriz, sin rastros de haber sido abierta...
    Es muy buena tu reflexión al respecto del pudor, me parece muy bueno el punto que tratas en tus comentarios, Papa era un hombre muy reservado para todas sus cosas, un hombre muy a la antigua y recatado por lo demás, recuerdo que cuando tuve que comenzar a ayudarle en el baño, (eso fue bien al final de su etapa, nunca quiso verse desvalido) con los cambio y mudas de ropa, el se tapaba y sinceramente para mi era un tremendo dolor tener que incomodar mas aun con mi ayuda... a mi querido y respetado viejo...no sabia como hacerlo pronto y rápido para no molestar mas... para que el no se sintiera invadido en su privacidad mas absoluta... por eso te digo amigo mío, que es muy bueno que estés en casa y que no bañen como los enfermeros sino con la delicadeza, cariño y preocupación de quienes te quieren ver pronto recuperado...
    Un fuerte abrazo, un cariñoso saludo, de esta tu lectora que te seguirá agradecida por que Dios te puso en mi pantalla un beso Jose Maria!!!!!

    Marlene | 03/07/2008, 18:36
  2. APRENDER A COMER

    COMO SE APRENDE A COMER TRAS EXTIRPACION DE SUPRAGLOTIS? A MI PADRE ACABAN DE HACERSELA

    VICTORIA | 27/06/2009, 21:15
  3. A Victoria

    No sé exactamente hasta donde alcanza la cirugía en una extirpación de supraglotis. (Voy a intentar saberlo.) De todas formas, pienso que si en una laringectomía total se vuelve a comer generalmente bien, en la de supraglotis no tiene que haber problemas.

    Josep Maria | 27/06/2009, 23:33
  4. A Marlene

    Gracias por tu buena acogida y tus comentarios.
    De esta herida suturada con grapas metálicas, ya no se ve casi nada.
    Y de la que iba de oreja a oreja pasando por el agujero del cuello, que era de cosido fino, no queda casi rastro. Lo que queda (pues siempre quedan algunas secuelas o molestias) es por dentro.
    Espero que sigamos en contacto.
    Un beso fuerte

    José María | 27/06/2009, 23:45
  5. saludos a todos

    Hola, soy maria teresa, ya estoy aquí otra vez con todos vosotros, he estado alejada un poco pues he pasado un tiempo "depre" y me fuí de viaje con mi hija que vive en Italia, me ha sentado muy bien, vengo nueva, ademas tenia que venir, empiezo con las revisiones de los nueve meses de laringectomizada, espero que todo este bien, ya os contaré, ah! he vuelto al aprendizaje de la voz esofágica, y con los ejercicios que he hecho ya digo algunas palabras aunque sin nada de potencia, pero al menos en casa me entienden que ya es mucho,.... os he echado de menos

    Maria Teresa | 28/06/2009, 19:50
  6. A Victoria

    Yo fuí operada hace 12 años de laringectomia supraglotica, y al principio te cuesta un poco de trabajo empezar a comer, pues se te va a los pulmones y te atragantas muchisimo, pero enseguida le coges el truquillo y al final ni te acuerdas de que te han quitado la glotis,....el medico te dirá
    la postura(de pavo) que tienes que hacer para tragar, dile a tu padre que no se preocupe aprenderá pronto, ahora no puedo estar mas con vosotros, pero me tienes a tu entera disposición por si me necesitas, un saludo

    Maria Teresa | 28/06/2009, 19:58
  7. A Victoria

    Ayer estuve mirando cuál era la cirugía supraglótica. Y vi que no podía ser tan simple como yo pensaba. En esta cirugía se quita la epíglotis, y ésta es la válvula que cierra el paso de la comida hacia la tráquea. Iba a pedir a un ORL que me lo explicara, pero María Teresa lo ha dejado claro. En la laringectomía total no hay este problema, pues al quedar completamente separada la vía respiratoria de la digestiva la comida no puede pasar a la tráquea.
    Por otra parte, la intervención supraglótica, al no afectar a las cuerdas vocales y mantener el paso de aire respiratorio, tiene que mantener la posibilidad de hablar.
    María Teresa dice que le coges el truquillo enseguida y que no te acuerdas de que te han quitado la "glotis"; seguro que se refiere a la "epiglotis", pues la glotis es el paso de aire que abren y cierran las cuerdas vocales.
    Gracias, María Teresa

    Josep Maria | 28/06/2009, 20:18
  8. A María Teresa

    Pues la receta de ir a Italia con tu hija me parece de perlas para la "depre". La "depre" es una consecuencia muy normal en las laringectomías. Pero no hay que dejarse llevar por ella.
    Actualmente estoy de monitor para el habla esofágica, pero lo que más me preocupa es que en las clases haya buen humor. Con buen ánimo todo va mejor, incluso el aprender a hablar.
    La potencia en el habla es algo que tienes que ir mejorando; es muy importante tragar bien y en cantidad el aire. ¿Has visto el último vídeo en que lo explico?
    Hasta pronto y un fuerte abrazo.

    Pep Maria | 28/06/2009, 20:29
  9. A MARIA TERESA

    hola me podrias decir algun truco que te acuerder de como empezaste a comer bien, es para decirselo a mi padre esta un poco desesperado.muchas gracias

    MONICA | 09/07/2009, 21:35
Añadir comentario
Para evitar el spam, no se permite escribir http en los comentarios.

Los comentarios son moderados para evitar spam. Esto puede hacer que tu escrito tarde un poco en ser visible.

 
Powered by Life Type - Design by BalearWeb - Accessible and Valid XHTML 1.0 Strict and CSS