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"Crónica de los avatares de mis cánceres y sus secuelas" (de laringe, de piel, de pulmón) y otros asuntos, y traducción de artículos de "Anotacions més o manco impertinents".

Año IV – Lobectomía V · Cáncer escamoso T1 N0

mirollull2 | 21 Junio, 2008 19:00

La resección había sido más sencilla y limpia de lo previsto –me comentó el Dr. Montero– y que, a falta de conocer el resultado de la biopsia de lo extirpado –añadió–, se podía pensar que no se precisaría ningún tratamiento postoperatorio. Y el Dr. Carvajal, que me visitó por la ausencia de dos días del Dr. Montero, confirmó que la evolución era buena y me dijo que, en el quirófano, comentaron que los ganglios extraídos para analizar parecían sanos.

Bloque de biopsia
Bloque con corte histológico.
El cáncer en color blancuzco.

No es frecuente, pero, en mi caso, para poder pasar al equipo de Son Llàtzer la más amplia información posible de la biopsia, solicité el informe escrito y un bloque (o cristal). Puesto que es algo que normalmente no ven ni los oncólogos mismos, antes de entregar la muestra –una laminita del nódulo canceroso con margen al rededor, encapsulada– la fotografié. Sería curioso ver su imagen en el microscopio. Por qué, ¿verdad que visto así no parece preocupante? Sin embargo, ahí está un conglomerado de células malignas dispuestas a reproducirse y permanecer –al contrario de las sanas, que tienen vida breve y son substituidas por otra nuevas– invadiendo no sólo el espacio que corresponde a las sanas sino expandiéndose y, si pueden, dispersándose por otros puntos del organismo cuando escapan a la función de control y eliminación del sistema linfático.

Al fin y al cabo, el cáncer, en sus múltiples variantes, no es más que eso: una disfunción o alteración de la continua renovación celular del organismo. La cual, cuando se asienta en determinados órganos, y más si su detección es tardía, tiene limitadas posibilidades de ser detenida en su avance.

No pienso que el cáncer sea una cabronada, como, hace poco, ha manifestado Baltasar Porcel con motivo de la concesión de un premio a su último libro, libro al que, precisamente, ha dicho que pudo dedicar diez horas diarias al estar en la clínica. El cáncer puede ser un azar oportuno –así lo considero–, un motivo de afirmación de la propia existencia y de columbrar el inexplicable sentido de la integración de la vida personal en eso que llamamos eternidad. El cáncer, como cualquier enfermedad, como el mismo envejecimiento del cuerpo humano, y como la misma salud, forma parte de nuestro paso visible por el tiempo.

Una cabronada, si es que queremos usar el término, como mucho puede denominarse a la muerte por cáncer extendido de una madre joven con dos hijos, uno de ellos menor de un año. También puede ser una cabronada que una o varias personas mueran porque un conductor achulado invada el carril contrario. También tiene mucho de cabronada que un hombre muriera a los 44 años, con cuatro hijos nacidos y uno en camino, porque en una operación sencilla de doble hernia inguinal (intervención, por cierto, inducida, para librarle del molesto uso del braguero, por sus amigos el propio cirujano y el médico de cabecera) se le inoculara el tétanos al suturar las incisiones interiores y exteriores. Se comprobó que los caguts (en tres casos en el mismo hospital y uno en otro) no habían sido tratados adecuadamente por el laboratorio elaborador. La exigencia de responsabilidades que demandó el confiado cirujano, ya que por su amistad con el fallecido se sentía obligado a presentarla él mismo, no prosperó; el expediente se ‘extravió’: no convenía que llegara al consejo de administración del laboratorio, cuyo presidente era el prestigioso Don Gregorio Marañón.

El inoculado de tétanos forma parte de mi proceso de maduración. Un mediodía salí de la habitación de la clínica con el presentimiento de la despedida. Estaba sedado y tenía los ojos vidriosos. Yo tenía quince años.

Con la madre joven compartí mi última estancia en la clínica. Cuando ingresé, ella llevaba ya días (y no era su primera estancia). Ambos sabíamos de nuestra presencia y se estableció una comunicación afectiva. El primer día que en la habitación conseguí dormir tranquilamente, también ella, después de tiempo, alcanzó un dormir reparador. Ella, que no podía mantenerse en pie, ese día soñó que caminábamos juntos hacia su pueblo. Al dejar la clínica fui a su habitación. Llevaba unos días algo animada. Nos conocimos, sugerimos proyectos, sonrió, hablamos de confianza. Yo, en contra de todo pronóstico, me aferraba a la esperanza inaccesible. Algo después ella también dejó la clínica. La llevaron a su pueblo incinerada.

comentarios

  1. Re: Año IV – Lobectomía V · Cáncer escamoso T1 N0

    me gustaria ponerme en contacto contigo,estoy operada 4veces pero no me pueden cerrar elestoma tengo40 años ydos niñas.estoy muy preocupada

    encarna | 13/01/2009, 10:45
  2. Encarna

    Si no te pueden cerrar el estoma, esto quiere decir que ya no lo necesitas, por tanto no tienes laringectomía total. ¿Es así?
    Puedes usar la siguiente dirección: pepmariaXmirollull.com. (Tiebes que cambiar la X por el símbolo @. Lo pongo así para que no lo encuentren los trastreadores de direcciones para enviar publicidad o mensajes mal intencionados).

    Jose Maria | 13/01/2009, 12:08
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