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"Crónica de los avatares de mis cánceres y sus secuelas" (de laringe, de piel, de pulmón) y otros asuntos, y traducción de artículos de "Anotacions més o manco impertinents".

Sus morenos ojos se quedaron repentinamente serios

mirollull2 | 10 Marzo, 2008 01:40

Sus morenos ojos se quedaron repentinamente serios, un poco duros cuando miró a su hermano mayor.

--Tu padre murió haciendo lo que pudo.

Las gruesas cejas de Prisco se fruncieron. Masticó la manzana distraído. Luego dijo:

--Sí, y como tú has dicho, murió. ¿De qué sirvieron sus consejos y su muerte? ¿Acaso movió a alguien? ¿Hizo que algún senador fuese menos corrompido? ¿Inspiró a un Cicerón o a un Cincinato? ¿Hizo a César menos de lo que es? Recuerdo que tu me dijiste que César no se apoderaba del poder; lo pone en sus manos un pueblo degenerado que ha perdido sus virtudes y su fortaleza y que prefiere la seguridad a la hombría, la facilidad al trabajo, los circos al deber. ¿Levantó la conciencia de un solo hombre lo que mi padre dijo el día que murió? ¿Fue siquiera escrito para las edades venideras? No. Él no podía, ni siquiera habiendo gastado toda su vida, hacer nada para detener el curso de la historia.

--Me comprendes mal, Prisco. Sé que era inevitable que Roma llegase a lo que es. Las repúblicas decaen y se transforman en democracias, y las democracias degeneran en dictaduras. El hecho es inmutable. Cuando hay igualdad, y las democracias siempre traen igualdad, el pueblo se sabe anónimo, pierde el poder, la iniciativa, el orgullo y la independencia. Pierde su esplendor. Las repúblicas son masculinas y, por lo tanto, producen ciencia y arte; son orgullosas, heroicas y viriles. Reverencias a Dios y le glorifican. Pero Roma ha caído hasta llegar a una confusa democracia y ha adquirido rasgos femeninos, tales con el materialismo, la avaricia, el deseo de poder, la conveniencia. La masculinidad, en las naciones, de demuestra por la ley, el idealismo, la justicia, la poesía. La feminidad, por el materialismo, la dependencia respecto a otros, el tosco emocionalismo, la ausencia de genios. La masculinidad busca lo que es justo; la feminidad, lo que satisface de forma inmediata. La masculinidad es visión; la feminidad la ridiculiza.

Una nación masculina produce filósofos y siente respeto por el individuo. Una nación femenina siente un insensato deseo de controlar y dominar. La masculinidad es aristocrática; la feminidad no tiene aristocracia, y es feliz sólo cuando encuentra multitudes de rostros que se parecen unos a otros exactamente y que se hacen eco de sus propios sentimientos, miedos, deseos y tonterías. Roma se ha hecho femenina, Prisco, y las naciones femeninas, como los hombres afeminados, inevitablemente mueren o son destruidas por pueblos masculinos.

Caldwell, Taylor. Médico de cuerpos y almas.
Ediciones Martínez Roca, 2007, Madrid

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