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"Crónica de los avatares de mis cánceres y sus secuelas" (de laringe, de piel, de pulmón) y otros asuntos, y traducción de artículos de "Anotacions més o manco impertinents".

2 500 € por un coito con resultado satisfactorio

mirollull2 | 10 Julio, 2007 20:37

El señor Rodríguez Zeta parece que lleva un preservativo en el cerebro, y las ideas le quedan impolutas de contagios externos; otra cosa es que las que le propone el subconsciente no puedan nutrirse del contacto necesario con el exterior.

Después de tanta campaña a favor de las gomitas, ahora nos sale con la decisión de pagar por el buen resultado del coito.

De repente, me ha venido a la cabeza un sarcasmo de La Codorniz: "Señora, no tire sus abortos: faltan guardacoches".

¡Hala, 2 500 euros para celebrar el nacimiento o el bautismo! Mas, después, ¿quién carga con los gastos hasta que el recién nacido llegue a la edad de poder ingresar en las tropas pacifistas del ejército?

En tiempos de la democracia orgánica también se favorecía la natalidad –seguramente habrá alguien que lo recuerde- con una cantidad mensual por hijo, por esposa no trabajadora y familiares dependientes; y también con una cantidad por nacimiento además de otra al contraer matrimonio.

Y, antes de la cantidad fija, la ayuda a la familia era verdaderamente más generosa. ¡Aquello era ayuda, un poco conflictiva, pero ayuda de verdad! Funcionaba así: de la nómina de la empresa se calculaba un porcentaje (si no lo recuerdo mal) del 25%; el importe resultante se dividía por el total de puntos que sumaba la plantilla y así se obtenía el valor del punto. Los trabajadores que tenían derecho a puntos por matrimonio, hijos y familiares lo cobraban en su recibo de nómina.

Como se puede comprobar, era un sistema social que deja pequeña cualquier decisión para estimular el incremento demográfico.

El sistema –nada es perfecto- tenía inconvenientes. Pero eran mínimos. Pondré dos ejemplos personales:
Mi posible primer trabajo –yo rondaría diecisiete o dieciocho años- fue imposible al conocerse mi situación familiar: madre viuda y cuatro hermanas menores. Al añadir mis puntos se aumentaba el divisor, el dividendo no subía mucho porque mi sueldo era bajo, pero el cociente (el valor del punto) bajaba notablemente, y, por si esto no fuera bastante, a mi me tocaba más de la mitad de los puntos. Me correspondía más por puntos que por sueldo. Y me quedé sin el trabajo.
Después de haber tenido varios años un trabajo en el que no había problemas por puntos, pasé a otro. La cuestión de los puntos no fue obstáculo para la contratación. Pero, en la empresa sólo había una persona con derecho a puntos y la cantidad que cobraba por puntos le bajó más de la mitad. Por si esto fuera poco, esta persona esperaba pasar a encargado al jubilarse el actual, al que ya le faltaba poco, y yo, precisamente, fui contratado para conocer el negocio, actuar con las mismas facultades que el encargado y substituirlo al jubilarse. Como se puede pensar, el ‘pretendiente’ me recibió de mala gana y procuró indisponerme con el otro personal. La sangre no llegó al río: el personal, muy pronto, me admitió con simpatía, y el ‘pretendiente’, aunque tuve que decirle que tuviera en cuenta quién mandaba, pasó por el aro.

Posteriormente los puntos pasaron al importe fijo comentado, a cargo del Instituto Nacional de Previsión, que en Palma tuvo las oficinas en el Gran Hotel, un edificio en que se emparedaron columnas y ornamentaciones para darle un aire utilitario y sobrio que cuadraba muy bien con la mediocridad de las ‘camisas viejas’ y de los militares con complemento civil.

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