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"Crónica de los avatares de mis cánceres y sus secuelas" (de laringe, de piel, de pulmón) y otros asuntos, y traducción de artículos de "Anotacions més o manco impertinents".

Hab. 626 – Murillo

mirollull2 | 02 Abril, 2005 14:50

Las obras sobre pintura, salvo ediciones especiales, y éstas aún con reservas, poco sirven para hacerse una idea del valor pictórico de una obra. Es más, por lo general la pintura de calidad, reproducida, suele parecer peor y la pintura mala –aunque hay casos en que ni así- suele aparentar una mayor categoría. Sin embargo, los libros en que hay reproducciones, suelen ser útiles para dar una idea de la iconografía que desarrolló el pintor y de la estructura compositiva de la obra.

Pero el más sencillo indicador de la calidad pictórica no se suele poder apreciar en las reproducciones. Este indicador, es el que podemos llamar la “escritura” del pintor; y se revela en su pincelada, de la cual sale el entramado matérico y colorístico que constituye el cuadro.

Salvo en la reproducción de detalles a tamaño real, o casi, y aún con las limitaciones de no alcanzar la justeza del color ni la calidad táctil de la realización, no se pueden atisbar las sutiles características que elevan la pintura a obra de arte, algo bastante por encima de la simple obra de oficio o artesanía.

La colección que está editando EL MUNDO con el patrocinio del BBVA, por su cuidada edición y por los detalles ampliados que ofrece de cada pintor, sí sirve para hacerse una idea bastante válida de los pintores que reúne. Sus ampliaciones de fragmentos de las obras permiten apreciar eso que he llamado la “escritura” del pintor y además permiten establecer comparaciones, muy reveladoras, entre los distintos modos tanto de planteamiento como realización del tema que nos presenta.

Asunto aparte es encuadrar a cada artista en su época. Pero, sí, queda patente como un mismo asunto obtiene una resolución y una categoría muy distinta entre unos y otros. Sugiero a quienes van siguiendo la colección que comparen las imágenes de unos y otros pintores y especialmente los detalles ampliados de cada uno.

No dudo que podrán constatar, con las variaciones intrínsecas de cada uno, la maestría de cada uno de los once primeros artistas de la colección. Y espero, que, en comparación con ellos, descubrirán la enorme distancia a que se encuentra Murillo.

¿Puede, Murillo, equipararse a cualquiera de los otros? Desde mi punto de vista, no. Murillo tenía oficio de pintor, pero tanto en su “escritura” como en sus asuntos, no pasa de ser un pintor relamido, sentimentaloide y de poco fuste. Durante muchos años ha sido muy reproducido en estampas de primera comunión -no sé si eso está todavía de moda- y sus cuadros de niños comiendo o bebiendo son realmente empalagosos. Puede que alguien no piense como yo, pero por poco que revise la colección de la que hablo, incluso de los títulos que todavía están por aparecer, no creo que tarde en darme la razón.

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