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"Crónica de los avatares de mis cánceres y sus secuelas" (de laringe, de piel, de pulmón) y otros asuntos, y traducción de artículos de "Anotacions més o manco impertinents".

Narbona y el retorno del aguadero

mirollull2 | 01 Noviembre, 2006 17:35

La señora Narbona todavía es ministra; ya lo había olvidado y ni tan siquiera me acordaba de ella. Mas, he aquí que cuando todos dormimos (quiero decir, desperdiciamos los recursos naturales) ella sigue despierta en busca de soluciones.

La de ahora, para regular el consumo excesivo de agua,

El aguador de Sevilla
Velázquez.
El aguadero de Sevilla, c 1620
Óleo/tela, 106x82 cm

es absolutamente brillante. Fijar, sin sobre precio, una cantidad disponible por persona, espero que calculada teniendo en cuenta sus factores anexos: canarios, periquitos, perros... (Por cierto, no sería una mala idea subvencionar la substitución de los perros por periquitos, jilgueros y canarios, que tienen un consumo de agua insignificante.)

Para redondear su porpuesta, creo que valdría la pena que la ministra considerara la recuperación de los aguadores y las cartillas de racionamiento para el reparto domiciliario. Porque la primera medida que habría que adoptar es cortar el suministro por cañerías, ya que sólo por este se pierde más o menos un 30% del caudal.

También habría que regular los consumos públicos y comunitarios. Como ejemplo tomemos los campos de golf: el "green" (verde) podría ser de moqueta o de césped artificial, como el que ya se pone en los campos de fútbol; las piscinas particulares, en lugar de agua tendrían que tener una tela plástica transparente con una pequeña apertura para bajar por los peldaños: el tostado por el sol se conseguiría igual y, además, se disfrutaría de la ilusión de practicar natación subacuática; las piscinas públicas, excepcionalmente, podrían disponer de agua, aprovisionada con camiones-cisterna, para un 50% de su capacidad, eso sí, todos los usuarios tendrían que demostrar que saben nadar, por tanto, primero tendrían un tiempo de prácticas o de aprendizaje de echarse de cabeza y de hacer braza o espalda sin agua. Ya sé que esto no es ninguna novedad, no es un invento mío; este sistema lo descubrió, dicen, el director de un hospital frenopático para evitar que los internos se ahogaran: "Cuando sepan nadar, le pondremos el agua" -dijo.

El director del manicomio era un hombre lúcido. Como la ministra.

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