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"Crónica de los avatares de mis cánceres y sus secuelas" (de laringe, de piel, de pulmón) y otros asuntos, y traducción de artículos de "Anotacions més o manco impertinents".

Woody Allen, Drácula y el insomnio

mirollull2 | 29 Julio, 2006 09:36

Woody Allen* nos cuenta la nefasta peripecia del Conde Drácula por un eclipse total de Sol.

El episodio del insomnio, que he conocido casualmente y relato a continuación, lógicamente, tuvo que suceder con anterioridad al suceso del eclipse narrado por Woody Allen.

El primer día de la crisis –día en dos de sus acepciones: 1 Ese espacio, contado desde las doce de una noche hasta las doce de la siguiente. 2 Tiempo durante el cual hay luz solar.– lo pasó muy incómodo e inquieto, con calambre en una pierna, teniendo que permanecer inmóvil en el, aunque acolchado, ajustado cubículo y no poder abrir la tapa del ataúd por el daño fatal que le causaría la luz del sol.

Para el segundo día ya pudo tomar sus precauciones, y cuidar de que ni en portones, portillos, claraboyas o tragaluces quedara ningún resquicio ni grieta sin tapar. Por lo menos podría pasear por su cripta, pasadizos y recovecos del sótano, iluminándose con los velones y candeleros, únicos utensilios que, en hornacinas, decoraban el fosco lugar. También para mejor distraer el paso del tiempo con algo de lectura, en su salida nocturna, recogió un tratado de hematología.

Al comprobar que se prolongaban los días de insomnio, pensó que podría aprovechar el tiempo para escribir su autobiografía, y, así, una noche bajó a la cripta un sencillo escritorio, una silla y un mazo de papel, frasco de tinta, portaplumas y plumillas.

Intentó iniciar su escritura varias veces, pero sólo alcanzó a emborronar varias hojas que, arrebujadas, rodeaban la silla. Y en ésas andaba, cuando tuvo una iluminación. Esta noche, renunció a su salida licantrópica, subió a la segunda planta, y, en la biblioteca, pasando un candelabro con sus tres velas encendidas, fue revisando los lomos de los libros de los estantes.

Sobre el escritorio colocó el atril que había bajado con el libro, y sobre el atril depositó el libro. En la tapa se leía: Bram Stoker. Drácula. El conde cogió varias hojas, abrió el frasco de tinta, insertó una plumilla en el portaplumas, sumergió la plumilla en la tinta y, con el libro abierto en la primera página empezó a copiar.

El conde ahora podía escribir sin dificultad. Copiaba letra a letra –es de suponer que el libro que había recogido de la biblioteca era el original de Stoker, de 1897 (Westminster, Archibald Constable and Company–, pues no parece que el conde supiera inglés, cosa por otra parte innecesaria, ya que él conocía perfectamente su vida.

Llegados a este punto hay que plantear una cuestión. Si el conde, al escribir copiando del libro que tenía en el atril, plagiaba. ¿Es realmente un plagio reproducir la propia biografía? Lo dejo a la decisión de Bram Stoker.

Por todos los indicios que he podido hallar, posiblemente con la escritura del libro, Drácula superó su episodio de días (en su acepción 2) de insomnio. De la conservación del manuscrito del conde no se ha hallado ningún rastro. Cabría la posibilidad de que el conde, aunque Woody Allen no lo especifica, el aciago día del eclipse de Sol llevara consigo el original.

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* Woody Allen. Cómo acabar de una vez por todas con la cultura. Tusquets Editores, Barcelona, 2005.

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