Administrar

"Crónica de los avatares de mis cánceres y sus secuelas" (de laringe, de piel, de pulmón) y otros asuntos, y traducción de artículos de "Anotacions més o manco impertinents".

Año II – Mientras el cáncer se queda atrás

mirollull2 | 17 Abril, 2006 17:44

«¡Chacho, que viejo estás!», comentaba mi suegro que le había espetado una paisana asturiana al reencontrarse con ella después de muchos años. «Ponte donde estoy y te verás a ti», le contestó rápido él.

No se suele soltar un exabrupto así como saludo. Las expresiones normales, aunque inexactas, suelen ser benévolas y complacientes como «¡Por ti no pasan los años!»; y si se refieren a alguien que ha pasado una enfermedad, ha sido sometido a intervenciones quirúrgicas o tratamientos agresivos, y está pasando una convalecencia... «¡Qué bien te veo!», «¡Tienes un aspecto excelente!», «¡Estás igual que antes!» más bien parecen manifestaciones de buenos deseos y la intención de darle aliento y ánimo.

De todas maneras, siempre es agradable para un paciente oír cosas así de las personas que han estado involucradas en el tratamiento y en las curas inmediatas.

Que uno de los médicos que estuvo en el quirófano, cuando vuelves a encontrarle, reconozca, «a pesar de lo que aún te queda, tu buena evolución», es para creérselo. Igual que te reciban con alegría, al visitarles, las enfermeras y enfermeros de la planta en la que estuviste semanas, con los que se establecieron vínculos afectivos y amistosos, y te digan, como Ángel, que no exagera al decirte que te has repuesto estupendamente, que «en el espejo, tú mismo habrás podido seguir el cambio».

La progresiva superación del cáncer y la disminución de la incertidumbre por la recidiva son un contento compartido en la sexta planta, en la que te sientes un poco como en casa ya que allí viviste y sus pasillos fueron tu recorrido frecuente de paseo empujando la “percha” desplazable con el bote de papilla unido a la sonda de alimentación continua.

Lo que menos me esperaba, sin embargo, fue lo sucedido en mi penúltima visita. Al salir del ascensor me acerqué al mostrador; había una sola enfermera en ese momento y levantó la cabeza para atenderme. Yo me quedé desconcertado y hasta pensé que me equivocaba, que aquella chica sólo debía parecerse a la que no había vuelto a ver en un año.

Pues, no, yo no me equivocaba, pero ella no me había reconocido. Le hablé con mi voz susurrada, y, claro que recordaba las habitación 626, y a José María, pero «¡estaba tan cambiado!»

Tendré que pensar que ni siquiera a mi mismo, tal vez por haberme acostumbrado progresivamente, el espejo me da la diferencia entre dos imágenes separadas por un año. Berta, mi ángel Berta, no me había reconocido. Y me soltó una excusa halagadora irrechazable: «Estás más joven y guapo».

Gracias, Berta. Ya no puedo dudar: quienes me dicen que me ven muy bien, no lo dicen por compromiso ni compasión. Y además, no tengo ningún recato en aceptar y manifestar el cumplido recibido, y menos habiendo iniciado hace unos días el sendero para los setenta.

comentarios

Añadir comentario
Para evitar el spam, no se permite escribir http en los comentarios.

Los comentarios son moderados para evitar spam. Esto puede hacer que tu escrito tarde un poco en ser visible.

 
Powered by Life Type - Design by BalearWeb - Accessible and Valid XHTML 1.0 Strict and CSS