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"Crónica de los avatares de mis cánceres y sus secuelas" (de laringe, de piel, de pulmón) y otros asuntos, y traducción de artículos de "Anotacions més o manco impertinents".

Momento brillante y de porvenir seguro

mirollull2 | 22 Junio, 2015 19:33


La entrega de las llaves de Granada al revés

España está viviendo un momento excepcional y de porvenir seguro; y puede situarse en primera fila de Europa. Una Europa decadente que se desmorona día a día, no sé si con prisa, aunque seguro que sin pausa. Y de ello, el principal motivo es su degradación moral, si por moral entendemos el sedimento cultural y ético que rige el comportamiento individual y la organización social.
No hay que remontarse mucho en la historia para sólo en el entorno de Europa y Asia Menor hallar muestras evidentes de organizaciones humanas que se han hundido –dejando algunos posos válidos– arrastrando consigo los dioses que han creado y los altares que les han erigido.

Se pregona que la corrupción ha sido el revulsivo que ha llevado a cambiar las plantillas de los ayuntamientos y de los diecisiete reinos de taifas (entre los que hay dos sedicentes naciones); pero las manifestaciones y alardes de renovación y saneamiento –se presumía y se está confirmando– son soflamas ( DRAE, acepción 3. f. Expresión artificiosa con que alguien intenta engañar o embaucar ) para acceder a las cuadras, establos y pocilgas del poder, que serán ampliados –en contra de lo anunciado– para aposentar el incremento de la población bípeda que está surgiendo del afán de contubernios nada democráticos.

Por ahora, sin embargo, el éxito de estas trapacerías producirá dos efectos beneficiosos: a) la reducción del paro (los salientes serán reacomodados y no quedarán sin silla y de los entrantes muchos rebajarán su tasa); b) otro efecto favorable será el incremento de ingresos que obtendrán los nuevos próceres públicos que en el ámbito laboral no tendrían mayor consideración que la de ganapanes.

Por otra parte, una prueba inequívoca del halagüeño momento actual la ostenta el sector de la banca, que da síntomas de haber superado un casual y aciago trago: publica que sus beneficios aumentan. Una vez que han conseguido, incluso con el apoyo del Estado, que el dinero pase por sus manos, amplían, ‘a su buen saber y entender’ los servicios sujetos a comisiones y el precio de éstas lo fijan y multiplican a su placer; también aparecen nuevas marcas bancarias en Internet o en calles y plazas, surgidas como hongos, que habrá que ver si son venenosas. ¿Puede hacer pensar, lo expuesto, que, ante cualquier eventualidad de descalabro económico ya hay suficientes precedentes para que los bancos –no los clientes y usuarios– contarán con la aportación del dinero público?

¿Exagero? Creo que no. Basta ver la confusión, los chalaneos, los “donde dije digo digo Diego”, la mezquindad y el desdoro que muestran los indecorosos y palurdos, de cualquier rebaño, padres de la patria.

Si miramos a nuestro alrededor, la en otro tiempo excelsa Grecia, hoy decrépita, lleva un rumbo que puede ser el que nos espera.

Se podrá objetar que España tiene el puntal de unos monarcas que recientemente han fascinado a los franceses y que en España, en su primer año, gozan de admiración y aprecio. Mi duda es: ¿por cuánto tiempo? No olvidemos que el rey alto de perfil bajo (rey por discriminación del sexo femenino en el orden de sucesión), adosado a una periodista por casamiento llamada reina, en un alarde de opaca transparencia, ha querido ser él quien vetara el uso del título de Duquesa a su hermana –no que ella renunciara– para evitar que el cetro rodara hacia el abismo. A otros familiares les está manteniendo en un discreto ostracismo, dorado en el caso de su padre, Juan Carlos I, con amplios y remozados despacho y aposentos, con sus adecuados servicios y oficinas, en el Palacio Real, para que pueda jugar al tute o a las siete y media, o a lo que le guste, siempre que no incordie, algo que, cuando regrese de su periplo mundial, no es muy seguro que deje de hacer. Un rey que no ha sido muy ejemplar –hasta su hijo lo ha manifestado– y que pasará a la historia con más pena que gloria, con la notoriedad de haber salido por la puerta de atrás, quizá por la gatera, si bien, seguramente no será tan mal considera como Fernando VII.

Para que perdure la monarquía, con todo, que la nueva pareja real venga a ser los “nuevos reyes católicos” no me parece suficiente. La unión de la política y la religión, sin duda, es un buen vínculo para la estabilidad del poder. Y la catolicidad de los jóvenes monarcas es evidente: antes del enlace eclesiástico de la periodista divorciada con el príncipe católico de la dinastía franco-borbónica instituida por el Caudillo imbuido de la gracia de Dios, y de la discreta primera comunión filial, la pretendiente a la corona manifestó que había reencontrado el catolicismo en la religiosa esencia del príncipe. Una catolicidad reciente, en un país que ha ido alternando ir delante de los curas con cirios encendidos o ir detrás corriéndolos a palos, no puede tener la misma solidez de la británica que une las jefaturas política y religiosa en la misma corona o la islámica cuya vida y desenvolvimiento se rigen por el Corán y la bendición de Alá.

¿Se puede efectuar un pronóstico del futuro de España?

Si aceptamos como diagnóstico lo expuesto, no hay que buscar en Nostradamus ni en los libros de los Profetas, ni mayores ni menores. El porvenir es previsible. Las elecciones generales consolidarán el embrollo, será difícil o imposible proporcionar sillas a las demandantes posaderas, los amancebamientos políticos no aguantaran, ni de lejos, los cuatro años previstos, y los monarcas tendrán que acudir a la Gran-Caixa para que les proporcione ocupación o estancia en un lugar tranquilo. Mientras tanto la banca española tendrá que aliarse con los de cada día más dueños del mercado: los chinos; y ambos tendrán que acomodarse a la restauración de Al-Ándalus, que hace un año los moros anunciaron efectuar dentro del plazo de cinco años, y ya ha pasado uno y su asentamiento va progresando.

comentarios

  1. Confirmación del saqueo

    He sabido que mientras escribía este artículo, el Banco de España ha recomendado a los bancos que incrementen las comisiones para comprensar la pérdida de rendimiento en los intereses.

    Pep Maria | 22/06/2015, 23:41
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