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"Crónica de los avatares de mis cánceres y sus secuelas" (de laringe, de piel, de pulmón) y otros asuntos, y traducción de artículos de "Anotacions més o manco impertinents".

Los “me equivoqué” de Rajoy y Pedro J.

mirollull2 | 06 Agosto, 2013 02:09

El señor Rajoy ha afirmado: «me equivoqué». El señor Pedro J. Ramírez también lo ha dicho, pero éste, por haberse equivocado en su día al votar a Rajoy. Que el señor Rajoy lo diga es aceptable. En cambio, el señor Pedro J. no tenía por qué equivocarse; y si en un primer momento se hubiera equivocado votando al PSOE, sería explicable, porque nadie suponía que los cien años de honradez se iban a quedar ahí: ¡ni uno más! La congregación del señor Rajoy, sin embargo, no podía confundir a nadie: se conocían sus antecedentes, y el diagnóstico inducía al pronóstico.

 

Y si ahora tuviéramos que llegar otra vez a las urnas, ¿hay alguna opción válida para enderezar el país? Mientas tengamos una símil-democracia funcionaremos por sinergia o por inercia.

 

Pero estaba refiriéndome al «me equivoqué» rajoniano, que, según he leído, suscitó un clamoroso aplauso de su troupe. ¿Se puede dar mayor inconsciencia, torpeza, bravuconería? Si el señor Rajoy quiso referirse a que se había equivocado en la confianza dada al señor Bárcenas para que fuera tesorero, resulta que se ha sentido defraudado porque se haya llevado dinero a Suiza.

 

No creo que el tener una cuenta en Suiza sea para defraudar o hacer perder la confianza en nadie. ¿No se han conocido últimamente –y de desde otros tiempos– muchas cuentas helvéticas de honorables personas físicas y jurídicas? ¿Y no será normal que una infanta vaya a usar la cuenta que probablemente ya tiene en aquel país, en el que va a cobrar la nómina, los  gastos de representación, las compensaciones por vivienda, colegios, desplazamientos, viajes intracomunitarios... ?

 

Que yo entienda, el tesorero no ha decepcionado al Presidente por haber llevado una contabilidad B. Es imposible que el partido llevara una contabilidad así llamada. Y lo es por una razón evidente que se expresa en este corolario: por su sustancia invisible e intangible no puede existir una contabilidad B. Cualquier empresa o entidad que se precie lleva la contabilidad ajustada a los preceptos legales. Puede inducir a equívoco, y más ahora con la facilidad y capacidad de los sistemas de computación, que en un mismo paquete informático se pueden manejar tantas contabilidades como se quiera –de la A a la Z, e incluso más, si se amplía el modo de codificación– para poder tratar los datos de empresas u organismos relacionados por unidades de gestión y por consolidación.

 

Nada impide –es lógico deducirlo– que con cualquiera de las letras se pueda efectuar una agrupación de datos con un grado de opacidad considerable. Es una de las propiedades de un sistema versátil utilizado adecuadamente. Al estar coordinando y supervisando la implantación de una estructura informática para gestionar la contabilidad industrial y financiera de un grupo fabril, la empresa –una de las principales del sector– que nos vendía la aplicación y que la programaba ajustándola a nuestros requerimientos, me indicó que se podía implementar un módulo (que no nos era útil) para tratar partidas que se integraran o desintegraran a voluntad de los resultados mientras el período al que correspondían no se hubiera cerrado oficialmente.

 

Doy por sentado que las grandes empresas ya no recurren a trucos contables: no lo necesitan. La vigente normativa cuenta con un Plan General Contable dotado de grupos de cuentas más que suficientes para tergiversar los resultados y la situación patrimonial. Está ampliamente demostrado.

 

Después de esta digresión explicativa tengo que volver al señor Rajoy; pues, sí, realmente, puede sentirse defraudado por su tesorero; y más que defraudado, indignado, porque el señor Bárcenas tenga dinero en Suiza, dinero que, al parecer, no se justifica en sus ganancias personales. ¿De dónde ha brotado tan notable cantidad? Por el origen presunto, el señor Rajoy tenía que haber presentado, ya no una demanda, sino una querella criminal por el robo efectuado por el señor Bárcenas en las arcas del partido. Y que yo sepa, mientras se afirma que el señor Bárcenas tiene cuentas en Suiza que se da a entender que proceden de dinero afanado por su condición de tesorero, el señor Rajoy no ha manifestado ningún desfalco en la tesorería de la que es último responsable, sino solo, con su ejecutiva, que en este ocasión no habría observado los principios de buen gobierno y salvaguarda.

 

Dando por sentado que no existe contabilidad B, y admitiendo que el señor Rajoy –o quien tenga poder bastante para ello, tal vez las doñas Soraya y Cospedal– no ha denunciado saqueo alguno, se puede pensar que el tesorero del partido disponía de unos fondos que no formaban parte de la contabilidad porque eran necesarios para poder atender compromisos económicos ineludibles pero no ostensibles, que, en cualquier empresa u organización son inevitables. Se suele dar la circunstancia de que haya que comprar inmuebles o terrenos necesarios para la explotación o para la organización, y lo normal será que el vendedor no quiera que el precio acordado figure en la escritura pública por su totalidad. En este caso ¿cuál es la solución posible? No efectuar la compra o fijar un importe prudente ante notario con su correspondiente pago por cuenta bancaria y, la diferencia, satisfacerla, no por contabilidad B, que ya sabemos que no existe, sino por una cajita que hay en un despacho y que en el seno de una empresa puede que sólo sea conocida por el presidente del consejo (o por todo el consejo si no es numeroso), el consejero delegado, la dirección general y el ejecutivo de confianza que la maneja. Y la confianza se limita, no al mal uso que pueda hacerse de los fondos, ya que no queda en manos de una única persona, sino en que quien guarda los comprobantes y lleva un sencillo registro de entradas y salidas, no se guarde copias, puesto que periódicamente se hace una revisión y comprobación de saldo y se destruyen documentos y registros.

 

Evidentemente, no hay que olvidar que cada uno de los que hayan aportado fondos para esta cajita y cada uno de los que los han recibido, por lo menos conoce su participación, pero no cuentan con otra prueba que su palabra y está muy claro que no tienen ningún interés en desvelarlo.

 

¿Es general el uso de este tipo de cajitas? Pienso que no, aunque sí frecuente, especialmente en importantes empresas, incluidas las bancarias, y, no digamos en organizaciones políticas y parapolíticas.

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