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"Crónica de los avatares de mis cánceres y sus secuelas" (de laringe, de piel, de pulmón) y otros asuntos, y traducción de artículos de "Anotacions més o manco impertinents".

“El búho Miró-Sampedro”

mirollull2 | 15 Abril, 2013 00:20


Con Juli Ramis, José Luis Sampedro y Joan Oliver
en la inauguración de la exposición. 1989

En un diario, unos titulares se han referido a José Luis Sampedro como escritor y economista de izquierdas. No sé si con ello se quiere definir a la persona o etiquetar sus actividades. Si esto último, no considero aplicable el calificativo. Escribir y más ser economista –como también ejercer de contable, de electricista o de cirujano– con un apriorismo intencionado o es una trampa o es un imposible. Con ello no quiero decir que una persona de las que hoy llamamos de izquierdas o de derechas no pueda usar la razón y el recto proceder en el ejercicio de su profesión; es factible. En cambio, si lo que se quiere expresar es que Sampedro era de izquierdas, considero falsa esta atribución ideológica; la que le corresponde, en todo caso, es la de anarquista. Con término menos desabrido: un ácrata. Y un heterodoxo de lo políticamente correcto.

José Luis Sampedro nunca fue un hombre cómodo para el poder. Tuvo complicaciones, y unos años, por apoyar a los perseguidos en el llamado “contubernio de Berlín”, se exilió a Estados Unidos de América. En una charla en su casa, le pregunté cómo había podido conciliar su talante con el desempeño de puestos oficiales; su respuesta fue sencilla: si surgía alguna “inconveniencia”, me marchaba. Cuando hablábamos, el último puesto del que había cesado era el de Subdirector de Estudios del Banco Exterior de España. «Con la llegada de Fernández Ordóñez como presidente, la incompatibilidad era clara, y me marché –me dijo. ¿Esta forma de actuar habrá tenido un coste económico? –argüí. Sin duda. Podría ser rico. Y tengo para vivir acomodadamente.»

El Sampedro –como le gustaba decir–, asequible, natural, afable, acogedor, que transmitía sosiego y cordialidad, era un hombre excepcional: clarividente, lúcido, sabio, íntegro. Y he dicho excepcional, por no decir único; aunque ahí dejo el reto de quien pueda señalarme otro español (incluidos los catalanes, que él por accidente nació en Barcelona) tan coherente de pensamiento y acción.

Es curioso: al intentar describirlo, no puedo menos de echar mano de unos atributos que figuran en la doctrina cristiana, bastante relegados por los católicos, y que en José Luis alcanzan un sentido y una esencia que trasciende el concepto del catecismo y –no creo equivocarme– también el de la suma tomasiana. Me refiero a las virtudes teologales y a las cardinales. La fe, la esperanza y la caridad, que no precisan de ningún dios particular para tener sentido; y la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza, que no en balde son llamadas también virtudes humanas. Ser plenamente hombre, José Luis lo tenía muy claro, no presupone el soporte de una divinidad, ni la adhesión a creencia religiosa alguna; sencillamente hay que cruzar un tramo de espacio y tiempo terrenal, con un sentir consciente y consecuente del aliento vital que nos ha tocado en la cosmogonía.

Los egipcios, en el proceso de momificación, extraían el cerebro del cadáver y lo desechaban (el muerto no lo necesitaba en su viaje al más allá); para ellos, la sede de la inteligencia era el corazón, y a éste le dedicaban un tratamiento especial. Valiéndonos de los símbolos del cerebro y el corazón, Sampedro no centra la esencia humana en uno de ambos; pero para él, el cartesiano “pienso, luego existo” queda enmendado por “siento, luego existo”. No es extraño, por tanto, que muchas personas buscaran su proximidad o desearan (deseáramos) conocerlo. El caso más emblemático es el de Olga Lucas, que, de creer su anhelo irrealizable pasó a ser su esposa. A mí me llamaron la atención los primeros escritos que de él leí. Fue en el año 1963, en los inicios de la segunda época de la Revista de Occidente. Desde entonces seguí su trayectoria y surgió el deseo de conocerle. Fui a vivir a Madrid, pensé que sería la ocasión, pero se me antojaba inalcanzable. En cierta ocasión, mi mujer escucho unas intervenciones suyas en una emisora de radio y me comentó que coleccionaba imágenes de búhos. Vislumbré una buena oportunidad: grabar un búho y enviárselo a través de la emisora. Realicé un linograbado y efectué varias estampas con márgenes amplios y una serie como puntos de lectura, y le escribí a la emisora pidiendo, si lo admitía, cuándo y dónde podía entregárselo. Al llegarle la carta, llamó a casa; yo estaba fuera de Madrid y dejó su teléfono. Cuando hablé con él no consintió que fuera yo quien se desplazara, «que lo lógico es que fuera él quien recogiera lo que para él se había hecho». Y así se hizo. Vino a casa el 3 de agosto de 1985, día que él fijó “como el de nuestro encuentro” en la dedicatoria que estampó en El caballo desnudo, uno de los libros que nos trajo pues suponía que por ser de los primeros, podíamos no tener, y… hasta siempre.


1985, linograbado, 103x47 mm

Al tomar al azar un ejemplar de la Revista de Occidente, el Nº 6 de la 2ª época, para saber el año de publicación, lo ojeo, veo su firma, y unas líneas antes de ella leo: «Es natural que así sea cuando el fruto es una obra tan madura, sólida y ajena a concesiones, tan viva y excelente. Una obra que nos da desde ahora ya la sensación –¡y cómo importa eso!– de tener fuerza para soportar el tiempo». Sampedro (a quien es aplicable lo escrito) terminaba así un artículo sobre un libro, Las ratas, de Miguel Delibes.

Pensé que si tenía poemas disponibles podríamos hacer una obra conjunta. Una carpeta con textos ilustrados. Los poemas con que contaba –objetó– eran de tiempos lejanos y dudaba de que me valieran. Cedió, quedó en revisar carpetas, y días después me trajo un manojo de hojas impresas para que las sometiera a mi criterio y decisión. Seleccioné cinco poemas y fui captando los estímulos de formas y colores que me sugerían. Cuando le enseñé las pruebas, quedó sorprendido, se había hecho una idea completamente distinta de cómo serían las ilustraciones.

La carpeta resultante, Ventanas de Viento, estampada en serigrafía, se presentó y expuso en Madrid en la sala de la Calcografía Nacional de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

En aquella ocasión, después de visitar los talleres de la institución y mientras llegaba la hora prevista para el acto, surgió el eufemismo, quizá más bien perífrasis de la “tercera edad”, y José Luis exclamó: «¡Qué, tercera edad! Sencillamente, viejo, y a mucha honra”. Además, la claridad y franqueza con que me expreso, quienes no las aceptan las toleran como cosas de viejo».

Posteriormente en una exposición realizada en la Galería Juan Oliver “Maneu”, de Palma, figuró, juntamente con otra obra gráfica de técnica variada (xilografía, serigrafía, monotipos), la carpeta con los poemas de Sampedro, de cuyo catálogo escribió el prólogo.

Me permito, por ser muestra de la delicadeza y deferencia con el que el escritor trata al pintor, trascribir unos párrafos del mencionado prólogo.

Al fin la palabra irrumpe como determinación previa para las Ventanas de Viento motivadoras de mis 'comentarios iniciales. Palabra mínima: breves poemas de juventud, claramente adolescentes, anteriores a mi evolución hacia la expresión novelística. Palabras, bien lo sé, que sólo han alcanzado este enriquecimiento pictórico por la mutua amistad y tantas coincidencias de talante, que han impulsado al artista a valorar al escritor. Pero aunque mis ensayos poéticos de hace años no estén a la altura del homenaje plástico, me alegro de haberlo provocado porque en esas estampas resplandecen, en la sencillez, los rasgos más característicos del arte de Miró Llull. En efecto, en esas obras su grafismo, sin ser la tópica ilustración descriptiva, consigue reflejar al borde de lo conceptual la idea matriz del poema, gracias a la intensidad alusiva de los recursos más simples —un zigzag se hace almena, un rasgo cobra vuelo de pájaro—, y a la delicadeza de la fuerza, a la complejidad en lo elemental. Un arte, en suma, digno del que con una sola pincelada capta la hoja de bambú. Así como un ramaje acicular sobre dos azules diferentes, con un rizo de espuma y un flotante triángulo blanco, bastan para presentarnos inequívocamente el Mediterráneo nativo de Miró Llull, así estas estampas dicen, con menos materia, tanto o más que las palabras provocadoras y condensan la diacronía de cada poema en el golpe de gong de la belleza, con el aleteo fecundo de la alianza entre pintura y poesía.

De lo escrito quizá puede desprenderse una referencia excesiva al propio relator de estos párrafos; ante ello sólo me cabe la justificación de que así ha devenido por pretender dar un testimonio cabal e íntimo de la sencillez y la grandeza que concurrían en José Luis Sampedro. Rasgos y actitudes de su natural, juiciosa y sabia bonhomía que llevan a afinar un retrato al que (y más ahora que la exigencia y justeza de sus apreciaciones y diagnósticos socio-políticos se revelan precisos e incontrovertibles) tirios y troyanos prestan su aquiescencia.

Puedo también dar a conocer otro trazo de su categoría personal. Al saberse que José Luis Sampedro estaba en Palma con motivo de mi exposición, a través de un amigo me llegó, para que se la transmitiera, la solicitud del presidente del Círculo de Economía para que diera una conferencia. La conferencia, excelente y ante un amplio auditorio seducido, tuvo lugar en la entonces Escuela Profesional de Comercio. Cuando le manifesté la petición, no dudó un momento en aceptarla; y al preguntarle por lo honorarios, tampoco titubeó. «Estoy aquí por ti. Y, pidiéndomelo tú, no hay nada más que hablar.»

comentarios

  1. Lo siento mucho Pep.

    Por tus palabras, siento que has perdido a una persona muy especial en tu vida y lo siento, de corazón. Plasmas una profunda admiración por la persona y el profesional que encarnaba Sampedro.
    Pero tú le das vida con tus palabras y le describes con tanta minuciosidad y presente, que parece estar a la vuelta de la esquina.
    Siendo como dices que era, el mundo tuvo suerte de tenerle.
    Un abrazo muy grande.

    Fernanda | 15/04/2013, 08:25
  2. Muy interesante

    El trato con grandes hombres es la mejor maneras de engrandecernos nosotros y sobre todo nuestros conocimientos e inteligencia. Creo que, por lo que cuentas, Sampedro te ha proporcionado todo eso con creces.
    Muchas gracias por contarlo y compartirlo

    Juan Toledo | 15/04/2013, 10:47
  3. Felicitación

    Simplemente felicitarte por haber mantenido tan buena relación con un "Viejo" tan humano. Un abrazo.

    José Luis Hernandez-Carrillo Lozano | 15/04/2013, 12:01
  4. Re: “El búho Miró-Sampedro”

    Según tu relato, que buen amigo has perdido, lo relatas tan magníficamente, que cuando lo lees, no lo estas leyendo, ¡ Lo estás observando!,
    Ánimo , adelante y mucha fuerza, tu puedes hacerlo, además te necesitamos en todo el mundo.
    Fuerte abrazo.

    Vicente Bisbal Barbera | 15/04/2013, 14:08
  5. Buena descripción.

    Yo lo conocí cuando leí su libro " La sonrisa Etrusca " para mi fue un ejemplo de coherencia y humanidad, junto con José Saramago.
    Sus libros son parte de mi biblioteca y no me canso de releerlos.

    Ana María Riu | 15/04/2013, 15:59
  6. Buena descripción.

    Yo lo conocí cuando leí su libro " La sonrisa Etrusca " para mi fue un ejemplo de coherencia y humanidad, junto con José Saramago.
    Sus libros son parte de mi biblioteca y no me canso de releerlos.

    Ana María Riu | 15/04/2013, 15:59
  7. Re: “El búho Miró-Sampedro”

    ¡Qué pena, que la desaparición de seres humanos de la dimensión de don JOSE LUIS SAMPEDRO, para los medios de comunicación actuales, pase prácticamente desapercibida!.

    Gracias, amigo, por poder leer lo que cuentas.

    Un abrazo fuerte

    andres cañas hernandez | 15/04/2013, 17:10
  8. excelente

    nos hemos emocionado que excelente articulo para una persona sin parangon. una semilla que ojala germine.zorionak

    juan luis alzola | 15/04/2013, 17:14
  9. Sampedro

    Menuda suerte poder conocer a una persona como él. Trasmitia tantas cosas...

    Maria | 17/04/2013, 00:10
  10. Re: “El búho Miró-Sampedro”

    M'ha agradat llegir l'article, desconeixia la vostra amistat.

    Antònia | 17/04/2013, 00:43
  11. El Sampedro

    Molt interessant l'article!
    Una forta aferrada!

    Alexandre | 17/04/2013, 00:46
  12. Testimonio

    Un buen testimonio personal de una de las personas que mejor huella han dejado.

    Marisa | 19/04/2013, 00:06
  13. Golpe de gong

    Sería un buen complemento a este artículo ver los poemas y dibujos. ¿Es posible?

    Enrique | 19/04/2013, 00:15
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