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"Crónica de los avatares de mis cánceres y sus secuelas" (de laringe, de piel, de pulmón) y otros asuntos, y traducción de artículos de "Anotacions més o manco impertinents".

La Biblia, palabra de Dios, ¿sí o no?

mirollull2 | 07 Enero, 2013 17:37

Los escritores tienen curiosas ocurrencias, como la tuvo el señor Raúl del Pozo, pero no todas son buenas. Mira que escribir, como lo hizo en la doble columna titulada Ángel exterminador, publicada en El Mundo del día de 25 de julio *, "como escribió Payne, llamar a la Biblia Palabra de Dios es una blasfemia", no es nada serio. ¿Dónde está la blasfemia si blasfemia es: "Expresión ofensiva contra la divinidad, contra algún símbolo religioso o contra alguna realidad que sea objeto de adoración, de veneración o de culto religioso".

Formación
G. Doré, La formación de Eva
1865, xilografiía, 24,5x19,2mm

¿Bien claros han dejado exegetas, teólogos y apologistas el origen sagrado y la directa inspiración divina en los libros bíblicos que han sido verificados como auténticos. Que el conjunto de libros que forman La Biblia sea un compendio divertido, espeluznante, incoherente, contradictorio no quiere decir que no sea la Palabra de Dios. ¿Unos textos tan diversos, primero transmitidos oralmente, escritos a lo largo de milenios, concatenados por sucesivas traducciones revisadas y conservados con el exquisito cuidado de pulirlos y perfeccionarlos, pueden ser una invención humana?

No se trata de una simple leyenda como lo son La Eneida o La Odisea. La Biblia es mucho más compleja, es el relato, por medio de eventos, metáforas, sucesos escalofriantes y tiernas conmiseraciones, de la inmensidad y plenitud de los atributos divinos de un Dios tan omnipotente que, aunque no lo necesitara -por sí mismo era completo y suficiente-, tuvo la ocurrencia, por otra parte generosa, de poner en marcha la historia de la humanidad. Una creación y evolución que pueblos -quizás podemos decir civilizaciones- que no participan de las creencias bíblicas hebreas, explican en sus tradiciones ancestrales, también recogidas documentalmente, de una manera no alejada del Pentateuco, especialmente en unos episodios cruciales, como por ejemplo el diluvio universal.

El Diluvio
G. Doré, Noé envia un palomo,
1865, xilografía, 24,5x19,2 mm

Es verdad que sólo al abrir el libro de los libros, ya llama la atención que los tres primeros capítulos son redundantes y embarullados, carentes de fluidez narrativa. Pero esto puede ser debido a diferentes motivos: el primero, que a Moisés (era la primera vez que escribía) le costara seguir el dictado y Yahvé tuviera que recomenzar el relato varias veces; segundo, que Moisés tomara de memoria las palabras divinas y luego, en otro momento, las transcribiera así como iba recordándolas; y el tercero, que el Señor estuviera afectado y desconcertado por la maldad de Eva y la flaqueza de Adán. Porque Yahvé había previsto una vida plácida sin fin para su proyecto terráqueo en el centro del Universo: «[27] Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. [28] Y los bendijo Dios y les dijo: –Creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que se mueven sobre la tierra. [29] Y dijo Dios: –Mirad, os entrego todas las hierbas que engendran semilla sobre la faz de la tierra; y todos los árboles frutales que engendran semilla os servirán de alimento; [30] y a todos los animales de la tierra, a todas las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra –a todo ser que respira–, la hierba verde les servirá de alimento. Y así fue. [31] Y vio Dios todo lo que había hecho: y era muy bueno. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día sexto.» (Génesis, 1).

Mas, un deleite tan placentero y de duración indefinida, quedó interrumpido de repente. Y Yahvé no tuvo más remedio que convertirse en un Dios severo, despiadado, incluso podemos decir intolerante y vengativo. ¿Cómo podía admitir que unas simples criaturas suyas se igualasen a él por haber probado el fruto del Árbol de la Sapiencia? Tenía que rehacer totalmente su benévolo proyecto y sentenciar a Adán y Eva (también a su descendencia) a una vida de trabajos, penurias y sufrimientos, en la que no sólo dejaban de tener primacía, sino que, desde aquel momento deberían luchar y vivir amenazados por los seres inferiores y por las fuerzas de la naturaleza, y también, entre sí, los seres de la propia especie.

Yahvé, por esta adversidad, perdió por mucho tiempo la placidez y el gozo de la vida celestial; será así hasta que suenen las trompetas apocalípticas y con el juicio final se cumpla el fin de los tiempos. No en vano Yahvé tuvo una eficaz precaución; el hombre, en contra de lo previsto, ya no sería inmortal: «[22] Y el Señor Dios dijo: –Si el hombre es ya como uno de nosotros, versado en el bien y el mal, ahora sólo le falta echar mano al árbol de la vida, tomar, comer y vivir para siempre. [23] Y el Señor Dios lo expulsó del jardín de Edén, para que labrase la tierra de donde lo había sacado. [24] Echó al hombre, y a oriente del jardín de Edén colocó a los querubines y la espada llameante que oscilaba para cerrar el camino del árbol de la vida. » (Génesis, 3)


* Este escrito fue comenzado en julio de 2011, quedó entre bits, como una aguja en un pajar, y ahora ha salido y lo he acabado.

comentarios

  1. Hierbas y frutos

    De estos versículos del génesis se deduce que en la intención de Yahvé el hombre tenía que ser vegetariano. También es esto el hombre (varón y hembra) desobedeció al Señor.

    Pep | 08/01/2013, 00:53
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