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"Crónica de los avatares de mis cánceres y sus secuelas" (de laringe, de piel, de pulmón) y otros asuntos, y traducción de artículos de "Anotacions més o manco impertinents".

Sobre el tercer secreto de Fátima y las jerarquías celestiales

mirollull2 | 04 Noviembre, 2012 16:58

 

V de Monserrat
Virgen de Montserrat

Se dijo que el tercer secreto de Fátima anunciaba una agresión mortal contra el Papa y se relacionó con el atentado que sufrió Juan Pablo II. Del texto escrito por Lucía dos Santos antes de morir no es tan simple la interpretación, más bien da a entender el augurio del derrumbamiento de la jerarquía vaticana y consecuentemente el final de la estructura católica. Cosa bien posible; basta ver la consunción por envejecimiento de este organismo eclesial.

¿Cómo es posible que esto que acabo de escribir sea factible si cada día hay más gente que anhela el amparo religioso? Sí, es así. Una buena muestra la tenemos en Facebook, donde va en aumento diario la publicación de oraciones, de jaculatorias, de estampas dulces y floridas pidiendo y dando gracias al santo de turno, a una de las muchas advocaciones marianas y a jesuses de cara dulce y cabellera ondulada. Y van creciendo diversas iglesias o comunidades, unas que arropan a gentes sencillas y otras que, prioritariamente, reúnen a personas selectas. Todas, no faltaría más, las agrupaciones, enriqueciendo su patrimonio y procurando el digno bienestar de sus jerarquías terrenales. Este hecho del crecimiento de las creencias supersticiosas y esotéricas, sin embargo, puede ser el indicio del cumplimiento del tercer anuncio de la "señora luminosa" a los pastorcitos en Cova d’Iria, que, en las primeras manifestaciones dieron una descripción de la señora de poco más de un metro de estatura y una vestimenta peculiar, que pronto fue cambiada y adaptada a los designios de las autoridades eclesiásticas.

Señora de Fátima
Pequeña señora luminosa de Fátima
según la descripción de los pastorcillos

En este escrito hablo de religiones, esoterismos y actos mágicos y milagreros de Europa y América, pero no de Ásia y de África, que tienen peculiaridades muy distintas y en el caso del islamismo, una intransigencia agresiva muy notable.

Estas reflexiones las ha originado el tercer secreto de Fátima con el augurio de la desaparición de la rama católica del cristianismo. Este hecho dejaría desamparada a una inmensa cantidad de devotos de las diversas advocaciones divinas y de un incontable santoral para proteger todas las actividades humanas, paliar carencias, curar enfermedades y bendecir las cosechas y el ganado.

Mirando atrás, vemos que las culturas que nos preceden directamente no tuvieron tan abundante protección celestial como ha llegado a tener el catolicismo.

La religión egipcia, que duró un poco más de tres mil años, tuvo suficiente con una veintena de deidades principales que cubrían todos los aspectos de la existencia humana: desde Ra, "gran Dios", símbolo de de la luz solar, dador de vida y responsable del ciclo de la muerte y la resurrección, pasando por Nut, la diosa del cielo, que se la representa revestida de estrellas, y por Isis, madre y reina de los dioses, diosa de la maternidad y el nacimiento, presumiblemente inmaculada, ya que los egipcios no fueron creados por el dios de Adán y Eva, hasta llegar a Thot, dios de la escritura, la lengua, las bibliotecas, los números, los hechizos, las matemáticas y la astronomía. Egipto sabía mucho más que lo que nos imaginamos, sobrepasaba al pueblo hebreo y su poso se manifiesta en la mitología cristiana.

Isis
Isis, la diosa de la
maternidad y nacimiento

Roma acoge a los dioses griegos, los rebautiza y los pone más cerca de la vida terrena, tanto es así que los integra a la vida familiar añadiendo toda una iconología casera que participa de la vida diaria: dioses lares, que cuidan la salud de la familia y la concordia entre todos los miembros, dioses penates, guardianes de la despensa; dioses manes, espíritus de los antepasados muertos; y en el atrio, el centro de la casa, se rinde culto a Vesta, manteniendo el fuego encendido, símbolo del hogar.

Immaculada
La Inmaculada Concepción
revestida d’estrellas
como la diosa Nut

El catolicismo, procedente del cristianismo-y éste, de las cultos anteriores-ha devuelto el prestigio divino y misterioso a la religión, y ha elevado a los altares, después de enrolarlos a los círculos celestiales de los Serafines, Querubines, Tronos, Dominacions, Virtudes, Potestades, Principados, Arcángeles y Ángeles, un inmenso y hasta ahora creciente santoral que deja insignificante cualquier cuidado y protección proporcionados por las religiones que he mencionado antes.

Roma nunca pudo imaginar cómo sus dioses lares, penates, manes y Vesta serían superados holgadamente por la graciosa voluntad divina del Dios católico conferida a su vicario Vaticano. No sé ahora, pero hace muchos años, las fábricas de imágenes de Olot tenían representada en sus catálogos una buena selección del estamento divino, donde quien quisiera podía encontrar el protector (o protectores) conveniente para tenerlo en su casa. De su bondad o eficacia deberíamos tratarlo en otro momento. Ahora sólo puedo decir que yo, siendo aún un adolescente, dejé de ir a ponerme el óleo bendito de San Blas y, muchos años después, el cáncer de laringe lo tuvo que arreglar la cirugía médica. Tal vez alguien me dirá que si no hubiera sido por aquellos óleos de San Blas, la medicina no habría resuelto el mal y ahora no escribiría este artículo. ¡Vete a saber! Acaso los Santos Padres y Santo Tomás puedan dar la respuesta. Por ahora, que quede así.

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