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"Crónica de los avatares de mis cánceres y sus secuelas" (de laringe, de piel, de pulmón) y otros asuntos, y traducción de artículos de "Anotacions més o manco impertinents".

Categoría: Mi cáncer

Post626 – El teclado

Más de dos semanas sin dar noticias, pues me pongo al teclado del ordenador lo menos posible. Y no porque esté mal. En mi situación, hay que considerar que estoy bien, y que las molestias que tengo en el cuello y los hombros son la consecuencia normal de la operación. Molestias que, después de ir disminuyendo con el paso del tiempo, se incrementaron por el “asado” –que en mi caso no ha sido excesivo– de la zona sometida a la radioterapia.

Un dolor agudo y reiterativo en el hombro izquierdo es el motivo de que rehuya el teclado. Y este dolor, que supongo que no será muy duradero, me sobrevino, juntamente con un dolor de cabeza lateral que ya va reduciendo su frecuencia, después de iniciar una tanda de sesiones de rehabilitación.

Con la rehabilitación –masaje y ejercicios–, por otra parte, se van mitigando tensiones y durezas musculares.

Sin embargo, no todo se resolverá en breve: el edema submentoniano, por ejemplo, requerirá todavía algunos meses.

En la próxima misiva, para quienes no lo saben, explicaré lo del “submentoniano”, que, por cierto, es un poco fastidioso.

Post626 – La cánula

El estoma practicado en el cuello y su conexión con la tráquea deben cicatrizar adecuadamente y mantener su tamaño. Para ello, desde el primer momento de la intervención, se utiliza la cánula. La cánula, de la que existen varios tipos, es básicamente un tubo curvado con una pletina que se sitúa a la entrada del estoma, y que con unas cintas, o un medio similar, la sujeta en el cuello.
La cánula usada en la operación y tras la misma, que es extraída, limpiada y recolocada en las curas, tiene unas características propias y es de un material plástico específico.
Antes de la salida de la clínica, el modelo inicial de la cánula es sustituido por otro más sencillo, normalmente de dos tubos, de plata.
El juego completo tiene que limpiarse por lo menos una vez al día y el tubo interno, llamado fiola, tantas veces como sea necesario para Cánulasdesprender las mucosidades que en ellos se depositan o adhieren.
La cánula de plata se utiliza durante el tiempo que determine el cirujano, normalmente varios meses, para consolidar la forma y el tamaño del traqueostoma, y se va prescindiendo de ella durante períodos diarios progresivamente más largos hasta poder, salvo casos excepcionales, dejar de usarla totalmente.
Yo, actualmente, me la quito dos veces al día durante unas dos horas. Y al volver a ponérmela, en ocasiones todavía me produzco una ligera tos. Cosa que no se produce, la tos, en las revisiones médicas, si la cánula me la pone el doctor. Según él, cuando yo me la haya puestos tantas veces como él las ha puesto, tampoco me produciré tos.

Post626 - Soplar

Todavía alguna vez tengo la intención de soplar. Ya sé que de mi boca no sale aire ni para quitar una mota de las gafas o para darles vaho para limpiarlas. Pero hoy, al ver una polilla muerta en la librería del pasillo he tenido la intención de echarla al suelo con un soplo, y, lógicamente, eso no ha funcionado.
Vale la pena explicarlo, pues de quienes me leen son pocos los que conocen el cambio tan radical que representa la laringectomía total.
Antes de la misma, el aire destinado a la respiración, o sea a los pulmones, entraba por la nariz y por la boca, y pasaba a la tráquea, que tenía la epiglotis abierta y que permanecía así tanto para la respiración como para el habla. Para la alimentación, la epiglotis cierra el paso a la tráquea, y en consecuencia, la comida pasa al esófago y al estómago.
Después de la resección de la laringe –lógicamente, con la nuez de Adán, que lleva las cuerdas vocales, incluida– deja de existir la bifurcación de la garganta. Ambos conductos quedan separados: el esófago mantiene su conexión con la boca (y la nariz) a través de la garganta; y para la respiración se desvía la tráquea y se le da salida directa en el cuello por un orificio al que se llama traqueostoma o, simplemente, estoma.
Como es de suponer, ello conlleva cambio de hábitos y consecuencias más o menos importantes en el desarrollo vital de los que pertenecemos al grupo de los laringectomizados.
Espero que, con la ilustración que he realizado y que inserto a continuación, se entenderá mejor lo que he expuesto.

Antes y después de la laringectomía

Post626 – Sin la sonda

Como era de prever, la sonda gástrica abdominal había cumplido su función: primero, por su uso en sustitución de la de vía nasal, como medio de alimentación en clínica hasta que se cerró la fístula y pude iniciar la alimentación, aunque en principio de líquidos y alimentos suaves, por vía oral; y segundo, como canal de reserva en prevención de posibles complicaciones que pudieran volver a hacerla necesaria, derivadas tanto de la intervención como del, a continuación, tratamiento de radioterapia.

El oncólogo en su informe sobre localización, intensidad y duración del tratamiento, datos técnicos que yo no entiendo, finalizaba afirmando que mi tolerancia a la radioterapia había sido muy buena.

Al día siguiente, el otorrinolaringólogo, confirmó mi buen aspecto –las hinchazones y leves quemaduras se estaban reduciendo notablemente por la aplicación de la pomada– y la evolución favorable del proceso. Y me indicó que ya podía prescindir de la sonda gástrica.

La mañana siguiente, en la clínica me asignaron hora para la tarde en radiología. La extracción de la sonda fue muy sencilla. Una vez tendido y preparado, al llegar el médico, éste comentó, como dato a favor, que la sujeción interna era por espiral. Noté que manipulaba y posiblemente cortaba algo, y me dispuse a sentir algún tirón o roce, y acto seguido el enfermero retiró las telas protectoras que me había puesto al prepararme, mientras el médico me decía que ya podía incorporarme. Al día siguiente me quité la gasa y el esparadrapo; el orificio del estómago se cerró automáticamente y el externo no debió de tardar casi nada; ahora es sólo una pequeña hendidura.

Post626 – Demasiado tiempo

Han pasado varias semanas de mi última referencia a la laringectomía. Demasiado tiempo. Hoy vuelvo a contar algo.
Mi recuperación física general va progresando, aun teniendo en cuenta que desde finales de abril hasta el jueves de la primera semana de junio, me han aplicado veinticinco J.M. Miró Llull sesiones de radioterapia, que no me han producido consecuencias excesivas; sólo, por los comentarios recibidos, las mínimas dentro de lo posible.
En las seis últimas sesiones, la inflamación interna de la garganta se incrementó algo, y también aumentaron la hinchazón e irritación de las zonas del cuello sometidas a la radiación y el dolor muscular de toda la zona de la clavícula.
En resumen, he pasado una radioterapia con una cierta rigidez e hinchazón del cuello –las procedentes de la operación que ya se aminoraban y se incrementaron de nuevo–, y con algo de decaimiento y sensación de cansancio, pero soportable; por otra parte, –eso sí, a base de comidas blandas– no he tenido otras dificultades que lentitud en el tragar, especialmente en ciertos momentos, para ingerir la alimentación. Y me ha caído parte del pelo de la cara y del cuello: las patillas me han quedado separadas de la perilla, y casi limpia la parte alta del cuello.
A los pocos días de la última sesión de la radioterapia he ido notando un alivio progresivo en la tensión del cuello y en la irritación interna de la garganta. Sin embargo, a pesar de la aplicación de crema específica para contrarrestar los efectos abrasivos del cobalto en los puntos de su aplicación, al sexto día han aparecido unas hinchazones e irritaciones que se han manifestado como quemaduras ligeramente supurantes. En una breve consulta telefónica, el cirujano me indicó el remedio de la aplicación de una pomada que me está dando un resultado efectivo y rápido.
La próxima semana he de acudir al oncólogo y al otorrinolaringólogo para revisión. Si todo sigue como hasta hoy, supongo que se decidirá la retirada de la sonda estomacal con que se me alimentaba en la clínica, la cual se ha mantenido preventivamente por si debido a la radioterapia surgían problemas que impidieran la alimentación normal.

Diálogo, ni con el cáncer ni con ETA

Octavio Aguilera, en la sección “Tres en raya” de la Ultima Hora del día 17, bajo el epígrafe “¿Se puede negociar con ETA?” escribe: «Francamente, opino que debe acudirse a cualquier medio, incluidas las negociaciones. Yo, de padecer un cáncer, no me limitaría a una sola terapia. Las probaría todas.»

Pues no, amigo Octavio; hoy no coincidimos: mi opinión es que dialogar, ni con el cáncer ni con ETA. Y lo explico con mi caso, que ya conoces.

Para intentar curar mi reticente y agresivo mal, el cirujano no me planteó ningún diálogo con el cáncer, lo que hubiera equivalido a la resección de los órganos indudablemente afectados, conservando otros tal vez libres de tumoración.

De acuerdo con los antecedentes, comprobaciones e indicios obtenidos y a la vista de lo que encontrara al explorar la laringe en el quirófano, el doctor propuso a mi consideración y aceptación la extirpación, tan radical y amplia de la zona afectada como fuera conveniente para obtener la mayor certeza posible en la erradicación del mal.

El mal no eran las cuerdas vocales lesionadas por el cáncer; las cuerdas vocales y su entorno eran las víctimas, como puede serlo cualquier otro órgano, de la acción del cáncer.

Y la única forma de que no haya más víctimas es acabar con el mal que las produce. Y en eso no caben “negociaciones”, tanto si el mal es el cáncer como si es una banda criminal.

La posibilidad de entablar diálogo o negociaciones, nos enfrenta, al menos desde mi punto de vista, a un dilema muy preocupante.
O ETA tiene razón en sus exigencias y planteamientos y todo lo sucedido hasta ahora, extremadamente largo y desastroso, víctimas incluidas, es consecuencia de un “malentendido” que hay que deshacer a pesar de tantos años de horror y malevolencia; o, de otro modo, las demandas de ETA y su intención de destrucción de lo que ellos llaman lo español y de desmembración del Reino de España, es admitida y compartida por políticos mandamases y partidos –quizá mejor facciones– del Congreso, que no hacen ascos a la barbarie terrorista.

Carta no publicada por “El Mundo”

Joan Pla, el 29 de marzo me dedicó uno de sus “Puput i Angelots” que publica en el “El Mundo / El Día de Baleares”. Joan Pla – Miró LlullJoan Pla ha recibido quejas por la falta de respeto con que me trata y porqueque incluso se toma a broma un tema muy serio. A mí me han llegado comentarios en sentido positivo y también en negativo.
Con este motivo, envié una carta aclaratoria a “El Mundo / El Día de Baleares”, que el periódico, hasta hoy, no se ha dignado publicar.
Aquí reproduzco lo publicado por Joan Pla y la carta dirigida al diario.

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(Transcripción del texto de Joan Pla)
«Cada año, recibo una felicitación navideña, manuscrita pintada o grabada por Josep Maria Miró Llull. Desde hace unos meses, lo que recibo no es una pintura, sino un correo electrónico en el que Miró Llull, uno de los mejores acuarelistas mallorquines del momento, nos informa de su salud, después del “doble y agresivo cáncer”, dice, que sufrieron sus cuerdas bucales y su laringe. Además nos regala, casi a diario, un sabroso artículo de opinión. El penúltimo, sobre lo de Salvem La Real , es magnífico. Le decía yo el otro día, después de leer sus escritos, que en ellos latía una de las mejores muestras de humor y crítica que se han publicado en Internet en estos últimos tiempos. Ignoro la reacción del P. Vallespir , de Tolo Beltrán , de María Umbert , de Pere Serra y su sanedrín, entre otros, ante la sutil ironía de Miró Llull. Supongo que no le harán ni puto caso, puesto que Miró Llull no ostenta ni detenta ningún cargo importante y, además, acaba de perder la voz para siempre. Tendrá que aprender a hablar por segunda vez en su vida. Su nuevo idioma es formidable: Al pan, pan y al cáncer, cáncer, dice y sonríe.

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Palma, 21 de abril de 2005

Sr. Director de
El Mundo / El Día de Baleares

Le agradecería publicara la siguiente precisión sobre el “Puput i Angelots” de Joan Pla, titulado “Miró Llull”, aparecido en ese periódico el martes 29 de marzo pasado. Joan Pla me ha manifestado que ha recibido llamadas telefónicas censurándole por lo escrito sobre mí y recriminándole la falta de delicadeza y respeto con que habla de mi cáncer.
Joan tuvo la cortesía de enseñarme el escrito que pensaba publicar, y donde el escribía “grave percance” yo le sugerí que dijera claramente “doble y agresivo cáncer”, que eso es lo que ha sido.
No veo por qué, al hablar de una persona concreta, sea improcedente mencionar la palabra cáncer.
Y además, pienso que es un “grave percance” –como de primera intención escribió Pla– que los afectados hemos de afrontar con serenidad y decisión, y sin perder el humor por ello.
Yo mismo me refiero a mi cáncer en los artículos que desde la habitación de la clínica fui publicando en Internet.
Concretamente, en el titulado “Hab. 626 – Cáncer, emperador romano” (http://bloc.balearweb.net/mirollull2 o, directamente, http://bloc.balearweb.net/post/212/3397 ) escribí:
«Y sin embargo, ¡cuánta gente mira hacia otro lado o cambia de conversación ante lo que muchos consideran una palabra tabú!
»Sólo un día al año muchos aceptan la palabra nefanda, pero es que ese día hay unas mesitas y, normalmente, unas voluntarias que lucen sus galas recaptando óbolos para la lucha contra el cáncer, como si de algo de un lejano mundo se tratara. Algo así como un domund más o menos: el día de los chinitos.
»Y mientras tanto, a algunos, los más afortunados, nos llevan varias veces al quirófano, y nos dan, tras una drástica operación y unos postoperatorios que no son ninguna fiesta, largas expectativas de vida o de curación.»

Mi silencio y yo

Retorno a casa. El día 11, como había escrito que estaba previsto, salí de la clínica y a las 11 h ya estaba en casa. También había dicho que contaría más cosas después de los 47 días de enclaustramiento. Y han pasado seis días sin que lo haya hecho. Y es que en estos días, salvo para hacer siesta, no he parado en todo el día desde que llegué hasta anteayer: tenía que terminar y revisar un trabajo urgente; después he seleccionado y ordenado una serie de papeles de las últimas semanas.

El regreso fue bien. Y también he estado bien estos días, como sigo estándolo: dentro de lo que cabe, claro. Tengo mis limitaciones. Me canso al andar y no puedo hacerlo deprisa; también me falta fuerza en los brazos y tengo dificultad en alzarlos y se resiente la musculatura de los hombros. Tampoco puedo encajar bien las muelas superiores con las inferiores para poder masticar; supongo que es cuestión de tiempo y de que la hinchazón de la zona acabe de bajar. Sigo con la sonda estomacal por si se presentara alguna emergencia y fuera preciso usarla. Si me agacho, me cuesta levantarme. O sea, bien, sin grandes problemas.

Por otra parte, he salido de la clínica algo distinto de como entré; era de suponer que algún cambio se produciría, ¿pero tanto?

El día que ingresé de urgencia por dificultad de respirar, ese mismo día tenía que recoger el resultado de un TAC y por la tarde, ir a la consulta del doctor para ver que había qué hacer con unas granulaciones que, en la cicatrización de la intervención anterior, habían aparecido e iban aumentando de tamaño.

En urgencias, aparte de aplicarme los remedios precisos (oxígeno, urbasón, análisis, exploraciones, etc.), ya se pudo contar con el resultado del TAC. La situación era preocupante; el resultado del TAC, si bien podía estar influido por la operación láser anterior, era alarmante.

Cabía alguna posibilidad de que la operación fuera “sencilla”, pero había que estar preparados para una operación complicada. Con la urgencia, había que disponer de quirófano para una posible intervención de unas cinco o seis horas. Podía ser necesaria una solución drástica: extirpación total de la laringe y “aledaños”, y separación de la vía respiratoria de la de alimentación, y dando salida directa a la respiración por el cuello. Esta era la solución más segura; otra solución conservadora de órganos aparentemente no afectados, podía tener secuelas de rebrote. Todo esto, suponiendo que la operación “sencilla” no fuera suficiente.

Le dije al doctor que, después de lo que él y otro compañero suyo que me había explorado habían visto y por los indicios del TAC, yo suponía que ambos estaban de acuerdo en el diagnóstico y que entendía que pensaban que la operación tendría que ser la drástica. Me contesto que hasta abrir no tendría la certeza, pero que seguramente tendría que ser así. Y así fue.

El “yo soy yo y mi circunstancia” de Ortega y Gasset para mí, ahora, es más preciso como “yo soy yo y mi silencio”. ¿Qué mi silencio es temporal? Seguramente: pero primero tendré que aprender a hablar sin mis cuerdas vocales. Mientras tanto me tengo que conformar con usar papel y bolígrafo, lo que si para una conversación normal en una situación estática ya resulta poco natural e incómodo, estando en movimiento o andando por la calle, es difícil de llevar a cabo.

En mi situación la espontaneidad de una respuesta o la necesidad de un comentario perentorio son casi imposibles. Mi circunstancia inmediata, pues, es el silencio; y ello representa una restricción bastante seria para la convivencia, por lo menos durante un tiempo cuya duración ahora desconozco.

Y algo que siempre me había parecido penoso y digno de lástima en otros –este agujero en la tráquea- sé ahora personalmente qué es y me toca vivir con él por un carcinoma de desarrollo rápido y agresivo, surgido inesperadamente donde, poco tiempo antes, una biopsia de comprobación diagnosticó no haber indicios de células cancerosas.

47 días en la hab. 626

Si no cuento mal, habrán sido 47 días en la habitación 626. Como es lógico, no he llevado una vida normal; entre otras limitaciones, he tenido la de alimentarme por sonda y llevar una apretado vendaje en el cuello más de 40 días, y también han sido 45 días sin pisar la calle, aunque por la ventana pudiera ver salir el sol, llover, granizar y andar a la gente por la calle.

Estos dos últimos días, sí he pisado la calle: ayer para ir a ver el mar –me llevaron en coche, claro- y hoy para dar un paseo por los alrededores de la clínica.

Por otra parte, no he estado ni solo ni aislado; solamente callado, por no decir mudo, y siempre con un bolígrafo y un bloc a mano. Además de la compañía familiar, y de la atención de enfermería y médica, por medio del ordenador, he estado en comunicación con una lista de familiares y amigos; he podido terminar algún trabajillo y enviarlo por la red, y he mantenido activos mis dos “blocs”: “Anotacions més o manco impertinents” y “Aarón Ben Yusef”.

La adquisición del portátil, que hice para no estar sujeto a tener que trabajar siempre en la misma habitación donde tengo el equipo de mesa, y hasta pensando –por eso lo compré potente y con pantalla de 17”- en que llegara a sustituirlo, ¿fue por la premonición de que me sería muy útil y una gran ayuda y estímulo para estos 47 días de enclaustramiento?

Enclaustramiento que ya se acaba. Mañana regreso a casa. Puesto que ahora es ya casi media noche, aunque hay algunas cosas que conviene todavía contar, las voy a dejar para otro momento y aquí dejo hoy este artículo.

Carta a Elena

Por razones “técnicas” recibí una comunicación tuya en castellano y te respondí en el mismo idioma. Quizá, no deja de ser una ventaja poder utilizar las dos lenguas de nuestra tierra, y otras, si se conocen. Al fin y al cabo, las lenguas son para entenderse, y cuantas más posibilidades tengamos, mejor.

Otra cosa es lo que dices, verdadero meollo de la cuestión idiomática: “Se'm fa un poc estrany parlar amb tu en castellà... així que ara que t'envio un missatge més personal, torno al registre que solíem emprar per comunicar-nos.” A mi también me resulta forzado y extraño no hablar en mallorquín con mis hijos; y también con otras personas.

La lengua materna, digamos así de la del aprendizaje para nombrar las cosas y los sentimientos, forma parte de la personalidad y de la psicología de cada uno.

Por tanto, no existe un derecho a la propia lengua, es mucho más que un derecho, es un imperativo vital. Y querer imponer como primera lengua una distinta de la propia puede llegar a ser una violación, como cualquier otra, intolerable.

Ahora, soltado el sermoncito, vuelvo a lo que me dices:

“D'altra banda, fa unes dues setmanes que vaig deixar de fumar i estic les mínimes hores possibles davant l'ordinador, que és on me pega més la fumera. »

Por favor, no te desanimes, y deja de fumar. Tampoco cuesta tanto. Hace unos 10 años fui a un otorrinolaringólogo por problemas de voz y de irritación de garganta. Me hizo una exploración que grabó en video. Me enseñó el resultado: una cuerda vocal tenia dos pólipos y no vibraba bien. La primera receta fue: «deje de fumar y vuelva dentro de 20 días». A los 20 días: «ha mejorado, siga igual y vuelva en 20 días». Así, varias veces, hasta que me dijo: «ahora ya no mejora por si solo, hemos de ayudar con medicación». Pero llegó un punto que ya no mejoraba más, y me dijo: «ahora ya no queda otra solución que el quirófano»; y así se hizo. Los pólipos no fueron malignos.

Bueno, todo eso viene porque el día que me dijo que dejara de fumar, desde que salí de su consulta no he fumado nunca más. La única manera es tomar una decisión seria y convencida y dejarlo de golpe.

Ahora, cuando, sea cual sea el motivo, ha atacado seriamente el cáncer, el médico me ha dicho que el cáncer se puede deber a muchas causas, y no se puede saber cuál ha sido la causa inmediata, que, también, puede haber causas genéticas, pero que fumar aporta muchas posibilidades. Incluso, cuando le dije que hacía unos nueve años que había dejado de fumar, me dijo, «aún así llegó tarde».

Una cosa es segura, cualquier afección de garganta o vías respiratorias es más grave y más difícil de curar por un fumador.

En mi caso, dice que llevar 10 años sin fumar ha hecho que todo haya ido mejor, que la recuperación fuese más fácil, y que haya evitado toda una serie de complicaciones y molestias que tienen los fumadores en estas –y en otras- operaciones.

Si Ramón deja de fumar será más fácil para los dos.

Y no es tan difícil; y el efecto de la falta de nicotina no es nada difícil de superar, siempre que el cerebro domine las ganas de fumar.

Hab. 626 – Cáncer, emperador romano

En el reino hemos tenido ministros divertidos –de todos los sexos, no hago exclusiones-. Y entre ellos hay uno, cuyo nombre no recuerdo ni falta que hace, que además tuvo mala suerte. Sólo con que el bichito se le hubiera caído y se hubiera matado, ¡cuánto dolor, muertes, lisiados hubiera podido evitar! Pero el bichito no se cayó y por tanto no se mató, y los muertos y afectados crearon muchos problemas que seguramente no se han solucionado ni acabado todavía.

Si el cáncer fuera otro de estos bichitos que se matan al caerse, supongo que en algún laboratorio ya se habría intentado darle el empujoncito, por lo menos para experimentar una forma más de combatirlo. Pero, ahí estamos con el bichito que, como corresponde a su buen hacer profesional, destruye células útiles para una vida sana y como bien adiestrada bélica falange, avanza y ataca sin tregua.

Por su parte, los doctores se las ven y se las desean para diagnosticar su ubicación, su agresividad, sus instintos expansivos, y ver cómo y dónde pueden parar su avance o dejarlo fuera de combate e, incluso, arrancarlo de cuajo.

Y sin embargo, ¡cuánta gente mira hacia otro lado o cambia de conversación ante lo que muchos consideran una palabra tabú!

Sólo un día al año muchos aceptan la palabra nefanda, pero es que ese día hay unas mesitas y, normalmente, unas voluntarias que lucen sus galas recaptando óbolos para la lucha contra el cáncer, como si de algo de un lejano mundo se tratara. Algo así como un domund más o menos: el día de los chinitos.

Y mientras tanto, a algunos, los más afortunados, nos llevan varias veces al quirófano, y nos dan, tras una drástica operación y unos postoperatorios que no son ninguna fiesta, largas expectativas de vida o de curación.

Tú, Olga Lucas, me lo has dicho clara y sencillamente: “Desde luego lamentamos tener que darte la bienvenida al club porque el cáncer es una putada aunque vaya bien, como es mi caso, pero estamos rodeados de amigos, vecinos, parientes y conocidos que lo padecen. Ya da miedo abrir el correo. Afortunadamente, los avances nos permiten vencerlo o sobrellevarlo a casi todos. Como sabemos bien lo que es, te ahorraremos los paños calientes. En lugar de soltarte los tópicos al uso, que personalmente me irritan sobremanera, nos limitaremos a intentar transmitirte nuestra solidaridad, el apoyo moral que supone la amistad y a animarte en pedirnos lo que sea, si en algún momento piensas que te podemos servir de ayuda.”

,Por mi parte, con mi doctora de cabecera Dolça Munar, que ha vigilado constantemente mis síntomas y ha guiado mis actuaciones, y con el OTR Dr. Secades, siempre he tenido claro a qué nos enfrentábamos y qué pasos convenía dar.

Según Jardiel Poncela, el cáncer tiene nombre de emperador romano. ¿Con eso qué quiere decir? ¿Que hemos de tomaros el cáncer en serio, o que es él, el cáncer que nos toma en serio a nosotros? Tal vez Jardiel Poncela quiere recordarnos que los emperadores romanos no se andaban con chiquitas, sobre todo con su juego de pulgar.

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Nota: Estoy recibiendo comentarios a favor de “Salven La Real”; por lo que se ve, yo no entiendo de que va la farsa; en uno incluso se me tilda de ¡INCONSCIENTE! Inevitablemente me recuerdan a Jacinto Benavente con su título “Los intereses creados”.

Hab. 626 – Noelia

Noelia, que en una canción de Nino Bravo se repita tu nombre, es una alusión bonita, pero de importancia menor. Tú, Noelia, creo recordar que fuiste la tercera persona que llegó a mis días de vida de reclusión vigilada y cuidada. ¿Cuántas veces has intervenido en las curas junto con el doctor? ¿Cuántas veces he recibido la sonrisa placentera y tu mirada llena de buenos augurios? Noelia, es una pena que cuando a mí me hayan liberado, tú todavía sigas con la restricción y no podamos compartir un helado de almendra. ¡Qué le vamos a hacer! Yo, por ahora no podré hablar, pero un helado de almendras confío poder tomarlo pronto. En cambio, tú puedes hablar, mas por el contrario tienes vetado el helado de almendra. Ya ves, nadie lo tiene todo. Sin embargo, tampoco es para tomárselo por la tremenda. Hay cosas peores que tener que prescindir de un helado o no poder decir algo precipitadamente, que con algo de reflexión puede ser expresado mejor.

También, hablando de la hab. 626, tendría que mencionar más nombres, por ejemplo Habitación 626Ángel, eficaz y puntual, un tanto adusto a primera vista, pero siempre certero, atento, afectuoso. Y todos cuantos, con más o menos presencia –María, que después de unos días se fue de vacaciones- van entrando y saliendo cumpliendo esmeradamente sus funciones en los turnos. Y detrás, respetada y admirada por cuantos controla, Amparo, que aparece si es preciso y puedes no verla tú si son otros quienes la necesitan.

De todo el “trasiego”, que si Recepción, que si ingreso imprevisto por Urgencias, -que se adelantó a los preparativos que se llevaban a cabo- que si una placa, que si otra, que si extracciones de sangre, que si bajada a consulta o revisión por el equipo habitual, que si la UCI, ¡cuánto buen trato y dedicación!

Por experiencia directa, nada puedo decir de la intervención. Sólo recuerdo que los doctores estaban comentado las placas del TAC –nada halagüeño por cierto- y prestos para una intervención de entre 5 y 6 horas, y, poco después de ponerme una o dos vías, me quedé dormido. (La parte principal de la función, supongo que por acertada lógica, me la perdí.) Algún tiempo después, para el equipo médico mucho mayor que para mí, oí que me decían que la operación había ido bien y que sólo había durado unas cuatro horas, pero que como ya habíamos comentado y supuesto, de las posibles acciones a tomar, se había tenido que elegir la más drástica y más conveniente: extirpación total de la laringe y desviación del sistema respiratorio por tráquea abierta.

Y ahora, aquí estoy, junto a Amalia, mejorando día a día, y agradeciendo. Creo que debo mencionar al Dr. Secades, certero, preciso y diligente en un proceso que a él mismo le ha sorprendido por la reaparición imprevista y rápida de un nuevo carcinoma agresivo, que ha sido el responsable de esta rápida segunda intervención; y también debo referirme a la agradable colaboración del Dr. Bonilla y a la participación del Dr. Murcia, ambos de la OTR de la Rotger.

Curiosamente, he de referirme a que un conflicto comercial-sanitario me ha sido favorable en todos los sentidos. Hasta en la ubicación de la clínica, que ha resultado muy cómoda para familiares y amigos.

No dudo que, estando en la Clínica Rotger he salido favorecido. Ojalá les pase lo mismo a todos los no admitidos por la Policlínica Miramar; por mí, ASISA no la necesita.

Hab. 626 – Al Dr. Beltrán

Tomeu, estos días ha pasado por mis manos uno de tus “siurell”, que no sé si acabé de leer o no entendí del todo. Mi situación física tiene cierta incapacidad. Tú, como médico, sabes que no es la mejor de la situaciones llevar unos veintidós días en una habitación de clínica, aunque sea de la Rotger, con una buena vista en la ventana y con un trato exquisito, sin saber todavía los días que, aunque no se agrave, ardará en cerrarse la fístula.

Y todo, por la aparición de un nuevo carcinoma, éste de acción más rápida y mucho más agresivo que el que hace tres meses se llevó parte de las cuerdas vocales.

Cuando la recuperación era esperanzadora y según la biopsia de control posterior no Siurell pintado por M.Ll se delataba malignidad alguna, va éste y obliga a la extirpación total de la laringe. ¡Fíate tú de los cánceres! Como a médico supongo que no te digo nada nuevo.

Pero volvamos al “siurell”. Se refería a IB3, y en él reproducías frases de pensadores y analistas. Venía a ser como si dijeras que “a quien madruga Dios le ayuda” y “que por mucho madrugar no amanece más temprano. O como en el evangélico que si te dan en una mejilla pongas la otra. A lo que uno accedió y puso la segunda mejilla, pero contestó con “en la medida que midiereis seréis medidos” y descargó dos bofetadas a cuál más fuerte. Lo que quiero dar a entender es que las frases son una especie de ida y vuelta.

De todas maneras, de tus frases, quiero fijarme especialmente en la de Bertran Russell, que creo recordar venía a decir que la televisión es una manera de volver estúpidos a los espectadores. Y eso que televisivamente, B.R. vivió una época menos mala que la nuestra. Ahora, no me cabe duda de que reconocería que también es un medio muy eficaz para degradar a la sociedad.

En estos 22 días he estado sin ver un solo segundo de tv. En mi vida normal, la veo muy poco, pero esto de ahora es un privilegio.

Con todo, mira cuánto he escrito para decirte que sea cuál sea la consecuencia que quieras sacar de tu escrito –que ya te he dicho que me desapareció sin que pudiera releerlo, la IB3 no será distinta de lo que se suele hacer por ahí (ya he escrito algo sobre ello). Y es una pena, porque la TV, también la IB3, aparte de ser otro saco sin fondo para desperdiciar dinero, podría servir para algo. Para ello tendría que olvidarse de lo que creo que se llama el “share” y buscar sensatez, elegancia e inteligencia, algo que todavía puede hallarse.

 

Hab. 626 – Berta

Cuando llegué (bueno, “me llegaron”) desde la UCI a la habitación 626, no sé si fue al mismo tiempo que tú, o tú ya estabas esperando. Lo cierto es que fuiste quien me acomodó en mi nueva estancia temporal. Ya sabías que no podía hablar, y por tanto sólo te saludé con la mirada.

En tu moverte por la habitación y atenderme, para recordar tu nombre, que llevabas en el bolsillo, utilicé la nemotecnia. Cuando me presentan al alguien no suelo recordar el nombre y la conversación continuada no me da para usar recursos.

Contigo fue diferente, pude recurrir a la técnica. Cañón Berta; la perrita revoltosa de mi hijo, Berta; el Ángel Azul, por asociación alemana: mi ángel Berta.

Lo anoté en mi ya larga Bitácora clínica (que no es la de Internet). Luego, al “hablar” contigo te enseñé lo escrito y me dijiste que no sabías el origen de tu nombre y que ya te habían hablado del cañón. Te voy a dar más pistas, puede ser una reducción de Alberta, de Roberta, de Rigoberta... ¿Cómo figura en tu DNI?

También puede tener relación con el cañón. Te doy unos datos: Nombre dado a ciertas piezas de artillería utilizadas por los alemanes para bombardear París en 1918. El tubo, de 34 m de longitud y un calibre de 210-240 mm, se desplazaba con la ayuda de carriles de ferrocarril y sus proyectiles alcanzaban unos 40 000 m de altura y podías recorrer más de 100 km de distancia. El fabricante, Krupp, bautizó el modelo con el nombre de su hija.

Hubo también otra Berta: Berta, llamada del gran pie (?-Choisy-au-Bac, 783) Reina de los francos. Hija del conde Cariberto de Laon y Esposa de Pipino el Breve y Madre de Carlomagno y Carlomán. Inspiró al trovador Adenet Li Rois (s. XIII) el poema "Berta la del gran pie".

Como ves, parezco muy “sabido”. Hay truco. En mi portátil, más bien un transportable, tengo metidos diccionarios y enciclopedias accesibles sin el CD.

Pero, bien, lo que más me ha quedado es “mi ángel Berta”. Los primeros días, horas diurnas, me atendiste tú, y sigues cuando tienes turno.

Y en todo caso, la contradicción con el de Krupp. Un cañón para reconstruir y curar.

-------- Nota: (Aquí lo de evitación de esfuerzo y el “forastero”) -------- Desde la habitación 626, cerca de la BCA, donde hay mi acuarela por su 75 aniversario.

Hab. 626 – Mari Carmen

Mari Carmen, hablo en primer lugar de ti, porque es a quien di un buen susto al amanecer de la primera noche en planta, después de salir de la UCI. Para mí, el susto no Punto de librollegó a mucho; tuve un acceso de tos y me fui a otra esfera. Al volver, que seguramente no tardé mucho, el susto te lo habías llevado tú, y continuaste ayudándome para que me repusiera. A mí sólo me quedaba el recuerdo de toser algo angustiosamente; de una fugaz ausencia; y de regresar de no sé dónde ni a dónde.

Las siguientes noches, con sus medio dormires y frecuentes despertares, las pasé con la tranquilidad de que al apretar el botón rojo, tú acudirías y sabrías qué hacer con mis repentinas y cortas toses, y con cualquier otra cosa que pudiera sucederme.

Sé que con vuestras actuaciones, siguiendo las indicaciones del operador, no me va a pasar nada que se salga de los cauces previstos y normales.

Gracias, Mari Carmen, y disculpa el susto. Con saber que mis primeras noches estuvieron en tus manos, me sentí acogido y protegido; y me alegra tenerte unos momentos en tus turnos.

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Nota:

Para evitarme un esfuerzo que todavía no me conviene hacer, este texto va en “forastero”, una de mis dos lenguas, en sendos blocs.

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Desde la habitación 626, cerca de la BCA, donde hay mi acuarela por su 75 aniversario.

¡Tanta sinceridad... qué impudicia!

Tanta sinceritat... quina impudícia

El poeta –otro, no yo— creo que lo dijo más o menos así.

No tengo papeles a mano y no puedo confirmar el verso, pero seguramente no son muchos los que sepan de dónde sale. Probad con “Poemes a Nai” de Miquel Ángel Riera. ¿Me equivoco?

Estoy a punto de regresar de otro lugar, donde estoy pasando unos días de clarividencia. El sonido de mi voz ha sido anulado, pero su resonancia, os lo aseguro, se podrá oír.

Y será impertinente, como antes, e insolente e impúdico.

No atisbo motivo alguno de complacencia. De golpe, llegando de la UCI a la 626, he visto un titular, todavía más desesperanzador y desvergonzado que los de antes de entrar en quirófano. Había varios nombres, uno de ellos de un gañán de posesión o de aprendiz de Mefistófeles, que quieren utilizar para sustituir a la señora Cirer. ¡Como siempre, pero peor y sin la mínima vergüenza.

No se les ocurre cambiar personas para que funcione la “polis”. Eso no saben qué es. Y los ciudadanos, beé, beé, como corderitos.

Seguiré, por tanto, con mis impertinencias.

Hoy, este escrito es la traducción del que figura en “Anotacions més o manco impertinents”.

Ahora ya estoy, como ayer, algo cansado.

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