Administrar

"Crónica de los avatares de mis cánceres y sus secuelas" (de laringe, de piel, de pulmón) y otros asuntos, y traducción de artículos de "Anotacions més o manco impertinents".

Categoría: Celestial

El nacimiento de Cristo, el 23 de noviembre, según el testimonio de Ana Catalina Emmerick. ¿Verosímil o verídico?

El cristianismo forma parte de las clasificadas como religiones mistéricas. Esta aserción puede no ser compartida, pero merece tanto crédito como considerarla una religión monoteísta por provenir del judaísmo al igual que la religión islámica, que de él se derivó –y precisamente también por la intervención del arcángel Gabriel, que originó, por delegación del Espíritu, la fecundación y nacimiento del hijo del Padre, José y María–.

La escritura sagrada del judaísmo, la Torah (los cinco primeros libros), y el resto de libros que en su conjunto total llamamos la Biblia, en su amalgama y compendio de formas literarias –historia, leyendas tradicionales, fábulas, ciencia ficción, poesía, hazañas bélicas, relatos licenciosos...– se refiere, usando distintos nombres, a un único dios en el Antiguo Testamento; en el Nuevo Testamento y su exégesis –relatos y cartas y simbología onírica– se cubre la apariencia monoteísta recurriendo al Dios Uno y Trino –una Trinidad que ya estuvo en entredicho en el primer siglo de la era cristiana por entenderse que le faltaban personas– y se llegó a plantear que la trilogía tenía que ser tetralogía, pentalogía o más. Yo tengo mis razones para decantarme por la tetralogía, no pertinentemente explicables en este momento.

El Nuevo Testamento, a pesar de que pertenece a una época de la que existen documentos históricos confiables, es históricamente incierto –Tácito y Flavio Josefo sólo mencionan la existencia de Juan el Bautista– y su contenido, confuso, con notables incongruencias y ciertas contradicciones, que no sé si se deben a la errónea selección que se hizo para fijar el cuerpo doctrinal canónico, relegando los otros por apócrifos en el sentido de falsos, o a que entre tantos textos escritos tardíamente sobre recuerdos y relatos más o menos verídicos, no podía conseguirse mejor coherencia.

Saúlo, el judío perseguidor de cristianos, después llamado Pablo, que no conoció a Jesús, cuyas cartas son anteriores a la redacción de los evangelios, fue el gran impulsor y organizador del cristianismo, que luego, por el connubio de éste con Constantino, adquirió relevancia estatal y los santos padres, con el de Hipona y el Aquinatis elevaron a un complejo nivel epistemológico sólo explicable y entendible por reducción a dogma. Y así continuamos en el siglo xxi, a pesar de contar con explicaciones y testimonios sencillos y claros.

Por qué, por ejemplo no se difunde la obra, indudablemente esclarecedora de Ana Catalina Emmerick, que, en quince libros, describe, con especificaciones y amplitud nunca conocidas antes de ella, la historia de la humanidad que figura en la Biblia, desde la caída de los ángeles y la creación del mundo hasta la asunción de María, de la que, en sus visiones, va siendo testigo excepcional por designio divino durante cinco años; al principio de este período, el escritor Clemente Brentano ingresa en el monasterio de Dülmen (Westfalia), y en régimen de clausura y como su secretario, redacta, y acota debidamente, lo que ella va relatando.

Ana Catalina Emmerick (1774-1824) fue una monja canonesa agustina, mística y escritora alemana. Nació en Flamske, una comunidad agraria, actualmente en la diócesis de Münster, en Westfalia, y murió en Dülmen a los 49 años. Fue beatificada por el papa Juan Pablo II el 3 de octubre de 2004.

Y vayamos ya a la descripción del especial alumbramiento de María, que según ella comprobó no fue en diciembre, sino el 23 de noviembre. La narración de la salida de Nazaret de José y María, ella en un burro muy bien pertrechado, hasta la marcha de los reyes después de sus días de estancia en Belén, a la que no falta detalle, ocupa sesenta y cinco páginas de La vida oculta de la virgen María, de la que tomo unos párrafos.

NACIMIENTO DE CRISTO EN NOVIEMBRE

[En octubre se anuncian el censo y el impuesto de César Augusto. Preparativos de la Santísima Virgen para el nacimiento de Cristo.] La época real del nacimiento de Cristo, tal como siempre la he visto fue cuatro semanas antes de cuando la celebra la Iglesia; tiene que ser hacia la fiesta de Santa Catalina. La Anunciación siempre la he visto a fines de febrero. Ya a fines de octubre vi que se dio a conocer en la Tierra Prometida el censo y el tributo que había ordenado el César. A partir de este momento vi mucha gente viajando de acá para allá por todo el país.  

EL NACIMIENTO DE CRISTO

El resplandor en torno a la Santísima Virgen se hacía cada vez mayor y ya no se veía la luz de la lámpara que había encendido José. La Santísima Virgen estaba vuelta a Oriente y arrodillada sobre su colcha de dormir, con su amplio vestido suelto y extendido en torno a ella. A las doce de la noche se quedó arrobada en oración; la vi elevarse sobre la Tierra de modo que podía verse el suelo debajo. Tenía las manos cruzadas sobre el pecho y en torno a ella seguía aumentando el resplandor. Todo estaba entrañable y jubilosamente agitado, incluso las cosas inanimadas, la roca del techo, las paredes, el techo y el suelo de la gruta estaba como viva dentro de aquella luz. Entonces ya no vi más el techo de la gruta, y una vía de luz se abrió entre María y lo más alto del Cielo con un resplandor cada vez más alto. En esta vía de luz apareció un maravilloso movimiento de glorias que se interpenetraban y se acercaban perceptiblemente en forma de coros de espíritus celestiales. Pero la Santísima Virgen, que levitaba en éxtasis, rezaba ahora mirando hacia abajo, al suelo, a su Dios en cuya madre se había convertido, que yacía ante ella en el suelo como un recién nacido desvalido. Vi a Nuestro Salvador como un niño muy pequeño y refulgente cuya luz sobrepasaba la del esplendor circundante, acostado en la manta delante de las rodillas de la Santísima Virgen. Para mí era como si fuera muy pequeñito y se fuera haciendo más grande ante mis ojos. Pero todo esto solo era un movimiento del otro resplandor tan grande, que no puedo decir con seguridad cómo lo he visto. La Santísima Virgen estuvo así arrobada todavía un rato y vi que le puso al niño un paño, pero no lo tomó en brazos ni lo levantó. Al cabo de un largo rato vi que el niño rebullía y lo oí llorar, y entonces fue como si María volviera en sí: levantó al niñito de la alfombra y lo envolvió en el pañal que le había puesto encima y lo sostuvo en brazos junto a su pecho. Luego se sentó y envolvió completamente al niño en su velo: creo que María daba de mamar al Salvador. Entonces vi en torno a ella ángeles de figura totalmente humana adorando con el rostro en el suelo. Ya habría pasado más de una hora desde el nacimiento cuando María llamó a José, que todavía estaba en oración. Cuando se acercó, se postró sobre su rostro con fervor, alegría y humildad, y solo se levantó cuando María le pidió varias veces que lo apretara contra su corazón y diera gracias alegremente por el sagrado regalo del Altísimo. Entonces José se incorporó, recibió en sus brazos al niño Jesús y alabó a Dios con lágrimas de gozo. Entonces la Santísima Virgen envolvió al niño en pañales. En este momento no recuerdo la forma de envolverlo en pañales, solo sé que uno era rojo, y sobre él una envoltura blanca hasta debajo de los bracitos y otro pañalito más por arriba hasta la cabecita. María solamente tenía cuatro pañales. Luego vi a María y José sentados en el suelo desnudo con las piernas cruzadas uno junto a otro. No hablaban y parecían sumidos en contemplación. Sobre la alfombra delante de María yacía envuelto como un bebé, Jesús recién nacido, hermoso y radiante como un relámpago. ¡Ay!, pensé, este lugar contiene la salvación del mundo entero y nadie tiene ni la menor idea.


El proceso de beatificación de la venerable Ana Catalina Emmerick comenzó en 1892 y se tuvo que prorrogar varias veces principalmente debido a diferentes interpretaciones acerca de lo histórico y teológico de sus visiones y testimonios, y fue suspendido en 1928. Se reabrió en 1973 por una curación milagrosa de 1880 atribuida a su intercesión. En el año 2004, fue beatificada por el papa Juan Pablo II. Sin embargo, al igual que en casos semejantes, la cuestión de sus visiones fue separada del proceso y su causa fue solamente juzgada atendiendo a su propia santidad y virtudes. Extraña decisión, pienso; pues sería motivo suficiente para invalidar la causa de elevación a los altares considerar que las uniones y cópulas místicas con el amado celestial, que les otorga otorga esta clarividencia que se refleja en sus relatos, no son más que efectos de alteraciones neuronales como la epilepsia y la esquizofrenia. ¿Qué decir, en tal caso, de la Beata Ludovica Albertoni, de Santa Gema Galgani, amén de otras, y especialmente de la Santa de Ávila, reconocida Doctora de la Iglesia por Pablo VI en 1970.

 

Cenizas y polvos

¡Vaya revuelo de cenizas ha armado la instrucción, seguramente mandato, del papa blanco –que no se pueden lanzar al mar, que no se pueden esparcir en un bosque, que no se puede darlas al viento... y que no se puede custodiarlas en casa en una bonita y siniestra urna–¡ Hasta hay parroquias, civiles y religiosas, que se han soliviantado y habilitado parterres floreados para diseminarlas respetuosamente.

Tapón de emergencia

Pienso que la del vicario divino es una decisión ajustada a la doctrina tomasiana y que es ineludible para el correcto desenvolvimiento del control del almario celestial. Ítem más, seguramente se debe a una propuesta o exigencia del jefe del registro de las almas por la introducción en un fichero informático. Esto habrá puesto de manifiesto que desde que entró la moda de la incineración, muchas almas se quedan con la casilla de la ubicación del cuerpo en blanco porque el libre arbitrio humano ha imposibilitado asignar un código de aglutinación a cada mota de ceniza previamente a su dispersión; y las que se guardan en urnas domiciliarias, cambian de lugar sin control o, en el peor de los casos, las cenizas son usadas con limón para abrillantar cazos de cobre y candelabros de latón, si no, que también se da, se espolvorean en la cazuela, como otra especie, para sazonar un guiso.

Se me podrá objetar que quedarán fuera de control los cuerpos correspondientes a las almas de quienes mueren en un terremoto, en una inundación, en un huracán y, hasta si se quiere, en conflictos bélicos o pruebas nucleares. He de responder que no es lo mismo. Puede que en estos acontecimientos el control sea laborioso, pero no imposible. No queda ninguna duda de que se lleva a cabo: «6 ¿No se venden cinco gorriones por dos monedas de cobre? Y sin embargo, ni uno de ellos es olvidado por Dios. 7 Y aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis pues; de más estima sois que muchos pajarillos.» (Lucas: 12, 6-7)

Por lo tanto, si la soberbia humana no desbarata lo dispuesto por Dios, los cuerpos de estos muertos por designio divino, serán puntualmente hallados por las propias almas al sonar las trompetas de la resurrección.

¿Qué pasará, por el contrario, con las almas que no puedan encontrar su cuerpo? Pienso que tendrán que vagar eternamente en las inodoras, incoloras e invisibles esferas de la Nada.

Por eso, y por congruencia con la doctrina que imparte, la admonición del vicario de la divinidad da en el clavo. Y se puede equiparar, en cuanto a comisión de pecado, con disposiciones del Decálogo. ¿No está suficientemente claro que no hay que echar polvos en el pajar?

Actualización del rito del sacramento del matrimonio

 

Llaves San Pedro

Radio Vaticania ha difundido el Breve Papal que L’Obserbatore Ronamo publica en su edición de hoy. En este Breve su Pontificia Santidad, en uso de sus atribuciones divinas y en armonía con el Jubileo de la Misericordia, manda que, en el ritual de la celebración sacramental del matrimonio, se modifique el sintagma «hasta que la muerte nos separe». La palabra ‘muerte’ será substituida por la de ‘vida’, menos tremebunda y, por otra parte, alentadora de un renacer del sagrado amor instituido como enlace evangélico en las Bodas de Caná. En el Breve encomienda a la Sacra Congregación de Vigilancia, Preservación y Adaptación del Canon Ritual y Ornamental, la actualización de los libros litúrgicos, y que, mientras se proceda a efectuar las nuevas ediciones, temporalmente se cubra con ‘típex’ el vocablo ‘muerte’ y se sobrescriba la palabra ‘vida’.

 

En el Breve, el Santísimo Padre manifiesta que, en el Jubileo de la Misericordia, promovido en la religión del amor, no puede separarse de la Iglesia –es un despropósito– a quienes celebran sucesivos actos de unión por amor.

El Breve, informa L’Obserbatore, esta refrendado por el NIHIL OBSTAT del Espíritu Santo y el IMPRIMATUR de Dios Padre.

Un libro conveniente sobre María

Investigación sobre María es un libro importante para formar una idea clara de cómo una chica de dieciséis años que alumbró sin padre conocido devino, sin duda, en la más notable de las madres vírgenes de dioses. Una joven de la que hay poca información, y la que se tiene, proviene de las fuentes llamadas apócrifas en mayor abundancia que de las canónicas –las que son las aceptadas como verdaderas–, sin que unas u otras sean rigurosamente más verídicas.

María
La verdadera historia
de la joven que
se convirtió en mito

«Entre las diferentes figuras celestiales, divinas y semidivinas santificadas por las religiones mundiales María es, sin lugar a dudas, la más compleja, tierna y conmovedora. Una muchacha judía que recibió la visita del ángel, que se comprometió y se casó con un hombre que no era el padre de su hijo, virgen y madre de Dios, símbolo de la gracia y mater dolorosa, que sufre el terrible destino de ver morir a la criatura que ha engendrado, poco citada en los evangelios y poco menos que ausente en los Hechos de los Apóstoles y en la carta de Pablo a los Gálatas, objeto de un culto inigualable, concebida sin pecado original y que ascendió al cielo: comprender a María significa penetrar en el corazón de la fe católica.
»En Investigación sobre María Corrado Augías dialoga con una gran estudioso de música y de las religiones, Marco Vannini, para profundizar en el mito de la Virgen y en su significado histórico, tocando todos los aspectos que sitúan a María en el centro de la experiencia cultural y religiosa de nuestra civilización: las fuentes (de los evangelios canónicos a los apócrifos), las hipótesis sobre si biografía, la relación con las mujeres de Palestina de hace dos mil años, con las demás mujeres de la Biblia y con la mitología de la Gran Madre, el nacimiento de los dogmas y el desarrollo del culto, los milagros y apariciones, la presencia constante de la Virgen en la cultura y el arte. El resultado es un volumen sin precedentes que, en tono narrativo, responde a las preguntas cruciales de los creyentes y de los no creyentes, indaga las bases místicas de nuestra cultura y mentalidad, y compone el relato de una extraordinaria historia humana.»

Pero es que, además, esta virgen gozó de otra concesión divina: la de su inmaculada concepción, que Pio IX elevó a dogma en la bula Ineffabilis Deus, de 8 de diciembre de 1854:
«...Para honra de la Santísima Trinidad, para la alegría de la Iglesia católica, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, con la de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra: Definimos, afirmamos y pronunciamos que la doctrina que sostiene que la Santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original desde el primer instante de su concepción, por singular privilegio y gracia de Dios Omnipotente, en atención a los méritos de Cristo-Jesús, Salvador del género humano, ha sido revelada por Dios y por tanto debe ser firme y constantemente creída por todos los fieles. Por lo cual, si alguno tuviere la temeridad, lo cual Dios no permita, de dudar en su corazón lo que por Nos ha sido definido, sepa y entienda que su propio juicio lo condena, que su fe ha naufragado y que ha caído de la unidad de la Iglesia y que si además osaren manifestar de palabra o por escrito o de otra cualquiera manera externa lo que sintieren en su corazón, por lo mismo quedan sujetos a las penas establecidas por el derecho.»

La fiesta de la Inmaculada fue fiesta de guardar en todos los reinos de su Majestad Católica, es decir, en todo el Imperio español, desde 1644; y se declaró fiesta de guardar en toda la Iglesia desde 1708 por orden del papa Clemente XI.

España celebra a la Inmaculada como patrona y protectora, siendo fiesta de carácter nacional. Durante la celebración de dicha festividad, los sacerdotes españoles tienen el privilegio de vestir casulla azul, otorgado por la Santa Sede en 1864, como agradecimiento a la defensa del dogma de la Inmaculada Concepción que hizo España.

Cristo como Sol
Mosaico del Sol en el Mausoleo M
en la necrópolis bajo la
Basílica de San Pedro (Ciudad del Vaticano).
Algunos interpretan
que representa a Cristo.

Que María fuera concebida sin pecado no ha sido aceptado por algunas sectas o ramas del cristianismo, no obstante, no parece imposible que así sea, encontramos antecedentes siglos antes del nacimiento de María. Hay referencias de que Buda gozó de esta gracia, y Mircea Elíade/Ioan P. Couliano, en Diccionario de las religiones la recogen: «…según las versiones docetas del nacimiento de Buda, su concepción y gestación fueron inmaculadas y el alumbramiento virginal.»

Otros precedentes, si no de concepción inmaculada, sí, por lo menos, de madres vírgenes figuran en las tradiciones religiosas, los que vale la pena considerar:

HORUS (Mitología egipcia). Nació de la virgen Isis-Meri.
MITRA (Mitología persa). Nació de una virgen llamada Madre de Dios.
ATTIS (Mitología romana). Nacido de la virgen Nana y crucificado y resucitado al tercer día.
DIONISIO (Mitología griega). Nacido de una virgen.
KRISHNA (Mitología hindú). Fue hijo de la virgen Devaki.
HERACLES (Mitología griega). Hijo de una virgen.
ZOROASTRO (Mitología persa). Nacido de una virgen.

Además, comúnmente se les asigna a todos el 25 de diciembre como fecha del nacimiento, cuando hasta de Jesús, que es el más reciente, se ignora qué día nació. En el calendario Juliano, el 25 de diciembre era el del solsticio de invierno, día del renacimiento del Sol, un día adecuado para el nacimiento de divinidades.

El toreo tiene origen religioso y el rito sacrificial del toro conforma la eucaristía católica

 De lo que voy a exponer no sabe nada, es de suponer, ningún regidor de los que han declarado la ciudad de Palma antitaurina. A estos, si es que leen, igual que lo hago a quienes puedan tener interés en conocer la importancia del toro en civilizaciones y culturas ancestrales –en la Mallorca talayótica, por ejemplo–, les recomiendo la presentación que María Ángeles Sánchez escribió, titulada Toros de Costitx, como “Pieza del mes”, en el ciclo «Creencias, símbolos y ritos religiosos» del Museo Arqueológico Nacional, digno albergue de las tres cabezas bovinas y otras piezas relacionadas que las acompañan.

Cena pascual
Cena pascual de Giorgio Vasari

La autora, de inicio, describe las cabezas de los toros, cuyos cuernos fueron fundidos aparte y ensartados a resaltes del testuz con pasadores, pasando a explicar el entorno cultural en que fueron realizadas y la proliferación que, en bronce o en barro, de figuras de reducido tamaño, se da en distintos lugares de culto religioso, en la isla de Mallorca.

El culto al toro en el mediterráneo, dice, con su «divinización, simbología y ritos», «sirvió de base para su sacralización», y añade que, como en Anatolia, Mesopotamia, Egipto y el Egeo, desde época muy temprana, este animal quedó ligado a cultos de fertilidad. En Egipto el dios Apis y la diosa Hathor adquirieron forma taurina, y en Mesopotamia fue el dios Marduk el que se identificó con un toro.

«Durante la Edad del Bronce, este culto alcanza su mayor desarrollo, difundiéndose por todo el Mediterráneo; en zonas como el Egeo tuvo un gran arraigo, especialmente en el mundo cretense, donde este animal aparece ligado a cualquier manifestación de la vida minoica. En ella, cobra especial relieve la práctica de juegos taurinos, de significado religioso, en los que jóvenes de ambos sexos, hacían ejercicios acrobáticos sobre un toro, que precedían a su sacrificio, cuya sangre debía fecundar simbólicamente la tierra.»

Los párrafos anteriores entrecomillados son del escrito de María Ángeles Sánchez, de la cual es también el siguiente:

«En los ritos sacros de las culturas Mediterráneas, el sacrificio de un animal como el toro, tuvo un significado religioso muy especial. Implicaba la comunión con la divinidad y el beneficio de sus poderes, ya que una parte de la víctima era quemada en el altar y el resto era comido por los fieles. El ejemplar destinado al sacrificio debía ser joven, de raza pura, y se marcaba con un signo (manos pintadas, rosetas, estrellas, etc.), que le confería un carácter singular. En el mundo griego y romano, se le conducía especialmente adornado ante el altar de sacrificio.»

Cristianismo y Mitraísmo
Sacrificio salvador en en dos ritos, el de Mitra y el de Cristo

¿Qué podemos colegir de estas afirmaciones? Pues que así como hay que admitir que los toros tienen origen religioso, el fundamento de la religión católica tiene origen taurino. Si la humanidad, a través de la historia conocida, uno de cuyos vestigios es la Epopeya de Gilgamesh, ha buscado explicaciones a lo desconocido y ha querido congraciarse con las divinidades, llegando incluso a ofrecerles sacrificios de animales y humanos, la religión mitríaca y la católica son las que coinciden en la celebración de un rito expiatorio con un banquete (ágape, eucaristía, comunión) en el que la divinidad se une a los fieles para proporcionarles la vida eterna. En este sentido lo expresa Alfred Loisy en Los misterios paganos y los misterios cristianos, Barcelona, Paidós, 1990: «…no es excesivamente temerario pensar que el bajo-relieve de Mitra tauróctono presenta el sacrificio del toro como principio de la vida bienaventurada prometida al iniciado, así como de la virtud que hay en el banquete sagrado para la obtención de esa inmortalidad.»

Según María Ángeles Sánchez parte del toro era comido por los fieles. Pudo ser así al principio, pero también hallamos que otros autores hablan de pan y agua, que pasó a ser pan y vino; pudo darse el rito mitríaco adoptara las especies cristianas, aunque se puede pensar que fue al revés. La religión mitríaca, procedente de Siria y Grecia, sin bien fue coetánea del cristianismo durante unos tres siglos, era mucho más antigua. Curiosamente, hay notables y abundantes datos fehacientes, de que el cristianismo y la religión católica se nutrieron de cuanto pudieron servirse de las religiones precedentes. En el caso de Mitra, basta señalar, como muestra, aparte de lo más importante, ya mencionado, el bautismo y el día del Sol como fecha –realmente desconocida– del nacimiento del Cristo llamado Jesús.

En el siglo IV de nuestra Era, en el que los enfrentamientos por la prevalencia religiosa y social de las facciones cristianas que habían surgido, Constantino –adepto al culto de Mitra que se convirtió al cristianismo al fin de su vida– , sumándose al concilio de Nicea (325 e.C.), dio el espaldarazo a los cristianos, que, saliendo de la clandestinidad, pudieron profesar oficialmente su religión y desempeñar cargos públicos, y los adeptos al mitriatismo o se incorporaron al cristianismo o fueron proscritos, como los arrianos y otros grupos. Pero sobre esto no me voy a extender: forma parte de las continuas e infinitas cornadas que los humanos se han dado y nos damos en la historia y hay muchos estudios sobre ello.


Encuentro ‘amistoso’ de toros en el desencajonado

 

Francisco pide perdón por los crímenes del solio pontificio

«El papa Francisco ha pedido "humildemente perdón" no sólo por "las ofensas de la propia Iglesia, sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América", durante su encuentro con los movimientos sociales en Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia.»

 

Islas Chafarinas
Francisco en Río de Janeiro. EFE

Las emotivas y ejemplares manifestaciones de este papa que supera a cuantos, hasta ahora, se han disculpado por las maldades eclesiásticas y religiosas, merecen figurar en letras de oro en un lugar destacado de la crónica de su pontificado. Sin embargo, también podría mencionar el gran bien que la expansión del cristianismo ha reportado a los pueblos indígenas de América. Si no hubiera sido por la gran labor que la cruz y la espada llevaron a cabo para asentar y difundir la fe representada hoy por tan insólito vicario divino y desacreditar a los falsos dioses indígenas, no habría sido posible que ahora, mientras bendice y pastorea la grey católica americana desde su tarima en el carro con transparente cubierta protectora de la lluvia y el granizo, pidiera perdón por masacres llevadas a cabo hace quinientos años, cuando, al fin y al cabo eran normales y bendecidas por mitras y tiaras.

 

«…y hubo otros muchos muertos, porque esta guerra fue cosa de Dios.»

«El Papa Francisco ha asegurado sentirse "pasmado y consternado" por las noticias procedentes de Irak, y ha condenado la violencia "de todo tipo" y la destrucción, "por todas partes, de casas, patrimonios religiosos, históricos y culturales". "Todo esto ofende gravemente a Dios y a la humanidad. No se odia en nombre de Dios. No se hace la guerra en nombre de Dios", ha aseverado.» (ROMA, 10 (EUROPA PRESS)

Las Cruzadas
Gustavo Doré. Grabado de las Cruzadas

El Papa Francisco cuida la imagen de buena persona. Y ello le induce a ser poco riguroso en sus manifestaciones y en no pocas ocasiones da la impresión de estar en las nubes, y de que los cúmulos, los cirros y los estratos lo envuelven en algodón y obnubilan su raciocinio sobre la historia de los pueblos que han hollado y huellan esta esferita que tiene que ser ilocalizable para quienes no vivimos en ella. Porque, de otro modo, no se entiende que pueda “sentirse pasmado y consternado”. ¿No es el devenir de la humanidad un amplio repertorio de todas las formas de agresiones entre grupos (llámense familiares, barrios, cofradías, pueblos o naciones)? Y entre ellas destacan por mérito horrendo propio las llamadas “cruzadas” y las de conversión y exterminación de infieles tan procuradas y bendecidas en nombre de sus Dioses por las religiones monoteístas.

No creo que sea necesario buscar ejemplos nada ejemplares incluso de papas guerreros.

En estos afanes piadosos, dignos herederos de la tradición bíblica, se hallan los llamados judíos; tienen reconocido prestigio las gestas de la cruz y la espada; y subsisten, como inmejorables avasalladores y depredadores los observantes de la Sharia.

Quizá el Papa Francisco conoce de sobra todo lo que he expuesto. Y no quería decir que “No se hace la guerra en nombre de Dios”, sino que no hay que hacerla en nombre de Dios. A pesar de que hasta ahora Dios está y ha he estado desde tiempo inmemorial incitando, cuando no ordenado, la guerra, protegiendo a su bando, otorgándole sus bendiciones y celebrando las victorias.

Sin afán exhaustivo y a vuela pluma, aquí van citas bíblicas:

«Moisés dijo al pueblo: –Escoged hombres de entre vosotros y armadlos para la guerra; atacarán a Madián para ejecutar en ellos la venganza del Señor.» Nm 31,3
«¿Intentó algún dios acudir a sacarse un pueblo de en medio de otro con pruebas, signos y prodigios, en son de guerra, con mano fuerte y brazo extendido, con terribles portentos, como hizo el Señor, vuestro Dios, con vosotros contra los egipcios, ante vuestros ojos?» Dt 4,34
« Luego marchó a la guerra contra los amonitas. El Señor se los entregó.» Jue 11,32
« Se pusieron en camino hacia Betel y consultaron a Dios: –¿Quién de nosotros irá el primero a la guerra contra los benjaminitas? El Señor respondió: –Judá.» Jue 20,18
« Durante todo el reinado de Saúl hubo guerra abierta contra los filisteos. A todo mozo valiente y aguerrido que veía, Saúl lo enrolaba en su ejército.» 1 Sm 14,52
«–Tú sabes que mi padre, David, no pudo construir un templo en honor del Señor, su Dios, debido a las guerras en que se vio envuelto, mientras el Señor iba poniendo a sus enemigos bajo sus pies.» 1 Re 5,17
«…y hubo otros muchos muertos, porque esta guerra fue cosa de Dios. Se establecieron en su territorio hasta el destierro.» 1 Cr 5,22 «Entonces clamaron al Señor, los sacerdotes tocaron las trompetas, la tropa lanzó el grito de guerra y en aquel momento Dios derrotó a Jeroboán y a los israelitas ante Abías y Judá.» 2 Cr 13,15 «Dios lo ayudó en la guerra contra los filisteos, los árabes que habitaban en Gur-Baal y los meunitas.» 2 Cr 26,7 «Pero llegará un tiempo –oráculo del Señor– en que haré resonar en Rabat Amón el alarido de guerra: se convertirá en collado de escombros y sus ciudades serán incendiadas; entonces Israel heredará al heredero –lo dice el Señor–.» Jr 49,2 «Llamad a guerra santa a las naciones, a los reyes medos, con sus gobernadores y alcaldes y toda la tierra de sus dominios.» Jr 51,28 «–¿Quién es ese Rey de la Gloria? –El Señor, héroe valeroso, el Señor, héroe de la guerra.» Sal 24,8

Sean Connery, Karl Marx o Dios

Cuenta LAVANGUARDIA.COM que, según explica el Daily Mail en su edición digital, Jeremy Fletcher, de 56 años, que paseaba a la orilla del mar en el condado británico de Norfolk, tomó una serie de fotografías de un rostro aparecido en el cielo después de una tormenta, que el señor Fletcher, una persona que se declara no religiosa, piensa que puede ser de Sean Connery o Karl Marx. Otros, en cambio, defienden que este rostro es la imagen de Dios. Sea como sea, ambas opiniones hemos de entender que coinciden en una cuestión importante: en el cielo –que, por lo que se ve, existe como tal– las almas invisibles y los espíritus puros tienen rostro. Y si no se trata del cielo sino del infierno, donde parece más lógico que esté Karl Marx, no deja de ser una confirmación religiosa de primer rango. LAVANGUARDIA.COM también dice: «Para Charles Joyce, concejal del condado Norfolk, la imagen es la confirmación a algo que todo el mundo sabe. "Todo el que vive aquí sabe que Norfolk es un poco especial y ahora parece que se ha confirmado desde arriba"». Esto es más que probable: un país cuya máxima autoridad civil y religiosa coincide en la reina, tiene la solidez y la dignidad sobradas para que Dios le tenga una consideración especial, y más en unos momentos cruciales en la que la sedicente iglesia cierta del Dios único y verdadero anda como hetaira por los rastrojos de Babilonia.

La imagen de la fotografía no ofrece duda alguna: tiene que ser la imagen de Dios, aunque sea la del Dios local de Norfolk. Y es, ahora, un auténtico privilegio, porque, según los libros sagrados "nadie ha visto la cara de Dios". E incluso, según los teólogos, no la tiene.

Y atrás puede haber quedado y quizá derogado, lo que sobre ello dicen las escrituras:
«No puedes ver mi rostro; porque nadie puede verme, y vivir.» Éxodo 33,20
«A Dios nadie le vio jamás.» Juan 1,18

¿Este Dios local es el Dios único y verdadero? He ahí un trabajo para los investigadores. ¿Es el Padre del Hijo? ¿Es sólo uno de los dioses de la historia de la humanidad? ¿Es un Dios hasta ahora nunca revelado? ¿Es el Dios Padre que procreó al Hijo con la chica María por la inseminación del Espíritu Santo sin intermediarios o por un acto delegado en el Arcángel Gabriel?

La manifestación de este rostro entre nubes del “cielo” o de “los cielos”, también así llamados en los escritos sacros, llevará a toda la "diosología" de las religiones a tener que someterse una revisión muy importante y trascendental. 

Coda:
Las costumbres y leyes sociales del pueblo hebreo en aquellos tiempos, como aún lo son las de ciertas populosas comunidades extremadamente religiosas, diferían de las actuales. Ahora el embarazar a una menor no está muy bien visto, aunque sea por un pajarito volandero; y puede considerarse abuso de menores y hasta estupro. 

Nota:
¿Que Dios sea un espíritu etéreo y por ello invisible, a pesar de la sapiencia teologal de los doctos eclesiásticos, parece que no es óbice para que tenga rostro. Juan sólo dice que “nadie le vio jamás”; y en el Éxodo se afirma que quien lo vea, morirá. Esto era así, si bien la manifestación del rostro en Norfolk puede reflejar un cambio de las intenciones divinas. O ser el aviso de la venida del Mesías que tanto anuncian los pastores, profetas y embaucadores de las más de once mil religiones que hacen su agosto todo el año.

En los Evangelios Sinópticos no hay lavatorio de pies

…se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó. Luego echa agua en un lebrillo y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla con que estaba ceñido. (Jn. 13, 4-5)

De los cuatro evangelios canónicos, tres, los sinópticos, no mencionan el lavatorio de los pies a los discípulos. ¿Por qué omiten un pasaje en el que Jesús quiere elevar una anécdota a categoría para expresar que el Maestro no es más que el discípulo, ni el siervo que su amo, ni el enviado más que el que le envía?

¿Será que Mateo no lo relata porque no lo cree relevante a pesar de haber tenido que estar presente? Que Marcos y Lucas no lo mencionen, parece lógico, pues ambos, con algunas variantes, siguen el relato de Mateo. Y también es lógico que por su coherencia entre sí, a Mateo, Marcos y Lucas se les considerara veraces y, por lo tanto –entre la setentena de evangelios, cartas y apocalipsis considerados falsos–, junto con los Hechos de los Apóstoles, la ciencia-ficción terrorífica del Apocalipsis de Juan (que aporta un toque de trascendencia inspirada) y el Evangelio a nombre de éste, se aceptara y consolidara el Nuevo Testamento canónico.

He aquí los versículos del capítulo 13 del Evangelio según Juan:

Logopedas con paciente
Lavatorio de los pies. Grafito

«1 Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. 2 Durante la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle, 3 sabiendo que el Padre le había puesto todo en sus manos y que había salido de Dios y a Dios volvía, 4 se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó. 5 Luego echa agua en un lebrillo y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla con que estaba ceñido. 6 Llega a Simón Pedro; éste le dice: «Señor, ¿tú lavarme a mí los pies?» 7 Jesús le respondió: «Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora: lo comprenderás más tarde». 8 Le dice Pedro: «No me lavarás los pies jamás». Jesús le respondió: «Si no te lavo, no tienes parte conmigo». 9 Le dice Simón Pedro: «Señor, no sólo los pies, sino hasta las manos y la cabeza». 10 Jesús le dice: «El que se ha bañado, no necesita lavarse; está del todo limpio. Y vosotros estáis limpios, aunque no todos». 11 Sabía quién le iba a entregar, y por eso dijo: «No estáis limpios todos». 12 Después que les lavó los pies, tomó sus vestidos, volvió a la mesa, y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? 13 Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy. 14 Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. 15 Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros. 16 «En verdad, en verdad os digo: no es más el siervo que su amo, ni el enviado más que el que le envía.»

Los versículos precedentes corresponden a una versión canónica del Evangelio de San Juan; con otras sólo hay diferencias de matiz en la traducción: en esta Jesús se quitó los vestidos y se ciñó la toalla, en otras, se quitó el manto o se sacó el manto.

Hay por otra parte, un evangelio considerado falso, coetáneo del de Juan, que ese sí también explica el lavatorio de pies: es el de Bernabé. ¿Por qué este pasaje figura en Juan y Bernabé? ¿Ambos bebieron de las mismas fuentes? ¿O fue porque los dos, al ser discípulos de Jesús, fueron testigos presenciales de la llamada última cena y, a diferencia de Mateo, estimaron que el hecho merecía reseñarse? En el Evangelio de Bernabé, se lee:

«213.- Habiendo llegado el día para comer el cordero, Nicodemo envío en secreto el cordero al jardín para Jesús y sus discípulos, anunciando todo lo que había sido decretado por Herodes por el gobernador y el sumo sacerdote. Entonces Jesús se alegró en espíritu, diciendo: Bendito sea Tu santo Nombre, oh señor, porque Tú no me has separado del número de tus siervos que han sido perseguidos y matados por el mundo. Te agradezco, mi Dios, porque yo he cumplido Tu obra. Y volviéndose a Judas, le dijo: ¿Amigo mío, por qué te quedas? Mi hora está cerca, así que ve y haz lo que tienes que hacer. Los discípulos pensaron que Dios estaba enviando a Judas a comprar algo para el día de la Pascua; pero Jesús sabía que Judas lo estaba traicionando. »Judas contestó: Señor, permíteme comer, e iré. Comamos, dijo Jesús, porque yo he deseado mucho comer este cordero antes de que yo parta de vosotros. Y habiéndose levantado, él tomó una toalla y se la amarró a la cintura, y habiendo puesto agua en una palangana, él se puso a lavar los pies de sus discípulos.

»Empezando con Judas, Jesús llegó a Pedro: Señor, vas tú a lavar mis pies? Jesús respondió: Lo que yo sé tú no lo sabes, pero lo sabrás después. Pedro contestó: Tú nunca lavarás mis pies. Entonces Jesús se levantó, y dijo: Ni tú vendrás entonces en mi compañía en el Día del Juicio. Pedro contestó: No sólo lava mis pies, Señor, sino mis manos y mi cabeza.

»Cuando los discípulos fueron lavados y se sentaron a la mesa a comer, Jesús dijo: Yo os he lavado, pero no todos estáis limpios; ya que toda el agua del mar no lavará al que no crea en mí. Esto dijo Jesús, ya que él sabía quién lo estaba traicionando. Los discípulos se entristecieron por estas palabras, y Jesús dijo otra vez: En verdad os digo, que uno de vosotros me traicionará, de manera tal que seré vendido como un cordero; pero hay de él, porque él cumplirá todo lo que nuestro padre David dijo de ése, que "caerá en el hoyo el que lo había preparado para otros".

»Entonces los discípulos se miraron unos a otros, diciendo con pena: ¿quién será el traidor? Judas dijo entonces: ¿Seré yo, oh maestro? Jesús contestó: Tú lo has dicho quien será el que me traicionará, pero los once apóstoles no lo oyeron. Cuando el cordero fue comido, el Demonio vino a la espalda de Judas, y él salió de la casa, diciendo Jesús otra vez: Lo que has de hacer, hazlo pronto.»

El Evangelio de Bernabé, –considerado canónico en los primeros siglos del cristianismo y del que dejó constancia, al igual que del de Juan, el obispo Ireneo– escrito por quien parece tener información de primera mano y hasta haber sido testigo de los años públicos de Jesús, coincide en muchos de los pasajes de Juan y también de los sinópticos, pero, además aporta información adicional tan verídica como la de cualquiera de los otros. Incluso podría darse que, a este texto, al haber sido marginado no se le haya prestado atención y no haya sido, como los canónicos, revisado, analizado y perfeccionado en sucesivas traducciones que preservaran su fidelidad, no ya cristiana, sino católica, de mensaje divino y eclesial.

Es evidente que Bernabé da una versión distinta de la canónica en cuanto a la crucifixión de Jesús se refiere, pero es congruente con la existencia terrenal de éste. Es más, la premisa de Pablo de Tarso halla en ello su confirmación: 14 «Y si no resucitó Cristo, vacía es nuestra predicación, vacía también vuestra fe.» (1 Cor. 15, 14)

Según Bernabé, Jesús, ante la inminencia del apresamiento, fue arrebatado por cuatro ángeles que lo sacaron por una ventana y Judas pasó a tener la figura, los gestos y la voz de Jesús, tan es así, que sus discípulos no advirtieron el cambio y hasta María, su madre, sufrió las penalidades de la pasión y crucifixión de Judas creyendo que era Jesús el ajusticiado.

Parece absurdo e inconcebible lo que acabo de describir, pero si leemos con atención todo el Nuevo Testamento, y a esta lectura sumamos todas las creencias admitidas que derivan de otros escritos considerados apócrifos, ninguna objeción seria lo invalida. Y Bernabé no está exento de credibilidad: fue unos de los doce, y acompañó a Pablo a Antioquía, de quien posteriormente se separó por no considerarlo veraz.

Que la figura de Jesús, real o celestial, uno de los cristos que figura en la historia conocida, ha marcado decisivamente una parte de las civilizaciones y culturas de los veinte siglos últimos de la humanidad no presenta ninguna duda. Que su paraninfo de una divinidad mayor y otras menores (¿es un henoteísmo la religión cristiana?) haya ocasionado efectos benévolos y malévolos, amén de expandir las tan deseadas creencias irracionales, es incuestionable. Y la transmisión de leyendas, aparentemente absurdas, pero posiblemente tan difíciles de demostrar como de negar, es un hecho. ¿No es sorprendente la que nos llegó del Japón? En El Heraldo, de Honduras, el 27 de diciembre se publicó:

Tumba de Jesús en Japón
Supuesta tumba de Jesús en Japón


Las dos sepulturas en Japón
(De 1.bp.blogspot.com)

MISTERIO EN JAPÓN. Un fragmento del libro Supernatural and Misterious Japan. Spirits, Hauntings, and Paranormal Phenomena de Catrien Ross, indica que "Dos cruces de madera marcan el lugar. Mirando una a la otra en un monte sombrío al cual se puede llegar gracias a una serie de escalones, mientras cada cruz está rodeada de una cerca blanca. Estas cruces son algo inusual en Japón, una nación Shintoista y Budista donde solo el 1% de su población es cristiana. Pero mas inusual es la historia detrás de estas cruces.

Al pie del pequeño monte hay unos pizarrones con indicaciones en japonés e inglés, explicando que este sitio en una remota villa japonesa es la tumba verdadera de Jesucristo. De acuerdo con la información en japonés, Cristo llegó a Japón a la edad de 21 años a estudiar teología.

Cuando cumplió los 31 años volvió a Judea y trató de predicar el mensaje de Dios, mas la gente, en vez de escucharlo, quiso matarlo. Pero fue el hermano menor de Cristo el que fue crucificado y murió en la cruz en vez de él. Cristo logró escapar y, después de un problemático viaje, regresó a Japón y a esta villa, donde vivió hasta la edad de 106 años. La tumba de Cristo está marcada por la cruz a la derecha, mientras la que está a la izquierda, pertenece a su hermano Iskiri, o más bien, el lugar donde descansan sus orejas, que fue lo único que Cristo trajo consigo.

Estos hechos, menciona el pizarrón, están basados en el testamento de Cristo. De cara a las cruces están las lápidas de los descendientes japoneses de Cristo, los cuales son la familia Sawaguchi, que ha tomado la estrella de David en su escudo familiar".

¿San Valentín o el emparejamiento de los pájaros?

«San Valentín, presbítero, se hallaba en Roma en el reinado del emperador Claudio II, hacia el año del Señor de 270. El universal elevado crédito de su virtud y sabiduría le habían granjeado la veneración, no sólo de los cristianos, sino aún de los mismos gentiles. Mereció el renombre de padre de los pobres por su grande caridad; y su celo por la Religión era tanto más eficaz, cuanto se mostraba más puro y más desinteresado. La humildad, la dulzura, la solidez de su conversación y cierto aire de santidad que se derramaba en todos sus modales, hechizaba a cuantos le trataban: ganaba primero los corazones para sí, y después los ganaba para Jesucristo.»

San

Y a raíz de su fama, el Emperador quiso conocerle, y manifestarle que un hombre a quien tanto estimaba «no podía llevar en paciencia que profesara una religión enemiga de los dioses del imperio, y consiguientemente de los emperadores. » «Valentín que, por su compostura, su grato semblante y por su modestia había cautivado al Emperador, le respondió poco más o menos con estos términos: «Si conocierais, señor, el don de Dios y quién es aquel a quien yo adoro, y a quien sirvo, os tendrías por feliz en reconocer a tan soberano Dueño, y detestando el culto que ciegamente rendís a los demonios, adoraríais como yo al solo Dios verdadero, Criador del cielo, de la tierra y de todo cuanto se contiene en este vasto universo, juntamente con su único Hijo Jesucristo, Redentor de todos los mortales, igual en todo a su Padre. Gran señor, a la benignidad de este único supremo Númen debéis el ser que tenéis, y el imperio que gozáis: el solo os puede hacer feliz a Vos y a todos vuestros vasallos.»

Como se puede pensar, Valentín, estaba imbuido por la persuasión divina, y el Emperador le escuchaba con respeto.

Pero «al oír esto un cierto doctor idólatra, que tenía oficio en palacio, y se hallaba a la sazón en el cuarto del Emperador, le preguntó: “Pues ¿y qué juicio haces de nuestros grandes dioses Júpiter y Mercurio? –El juicio que yo hago, respondió el santo, es el mismo que tú propio debes hacer; quiero decir, que no hubo en el mundo hombres más malvados que esos a quienes vosotros dais el nombre de dioses”». Más dijo todavía Valentín, dio razones de la perversidad de los dioses del imperio, lo que, si bien el Emperador no acogió mal, hubo revuelo y griterío contra Valentín, y por evitar revueltas y males peores, el Prefecto Calcurnio «mandó que le metiesen en la cárcel y encargó al juez Asterio que le hiciese la causa como cristiano, y como uno de los mayores enemigos de los dioses de imperio.» «Asterio, que había sido testigo de la grande impresión que habían hecho en el Emperador las palabras de Valentín, le hizo llevar a su casa y le pidió una prueba de que decía verdad. Si curaba la ceguera innata de su hija, aceptaría al Dios de los Cristianos. «Animado Valentín de una viva fe, hizo traer a la doncella; y haciendo sobre sus ojos la señal de la cruz, dirigió al cielo esta oración fervorosa: “Señor mío Jesuscristo, verdadero Dios y verdadero Hombre, que disteis vista a una ciega desde su nacimiento, y que queréis la salvación de todos los hombres, dignaos oir la oración de este pobre pecador, y de curar a esta pobre doncellita.” A estas palabras recobró su vista la niña. Asterio y su mujer se arrojaron a los pies de Valentín, pidiéndole el Bautismo. Catequízolos el Santo por algunos días, y los bautizó en número de cuarenta y cuatro personas, cuya mayor parte tuvo la dicha de recibir a pocos días después la corona del martirio.»

La fortuna, no obstante, se torció para Valentín, pues temiendo el Emperador una sedición del pueblo por sospecharle cristiano, no se atrevió a impedir que fuera condenado según las leyes, y Valentín, estando en prisión fue apaleado muchas veces y al fin degollado.

Con estos antecedentes parece que San Valentín tendría que ser el patrón de los oftalmólogos o, en todo caso, de los cuchilleros de Albacete. Y si no es así, es porque Valentín, en contra de las leyes, –aunque no consta en la hagiografía publicada en 1853, que tengo a mano, pero sí en otra publicación pía– «según dice una tradición, San Valentín arriesgaba su vida para casar cristianamente a las parejas durante el tiempo de persecución.» Y por eso « tiene la dicha de ser el patrón de los enamorados.»

Cupido
Parmigianino
Cupido preparando el arco

La fiesta de San Valentín fue declarada por primera vez alrededor del año 498 por el papa Gerlasio II. Según la Enciclopedia Católica, el santo cuya festividad cayó en la fecha conocida hoy como Día de San Valentín, fue posiblemente uno de los tres mártires ejecutados en el año 270 dc durante el reinado del Emperador Claudio I.

Tres santos mártires romanos del s. III, de existencia discutida, que vivieron en la antigua Roma. La festividad de san Valentín era celebrada por la Iglesia Católica Romana cada 14 de febrero hasta 1969 en el calendario litúrgico tradicional, cuando fue eliminada esta fecha del calendario postconciliar, y quedó traspasada a la Santa Sociedad del Consumo.

De todas formas, que no se desanimen sus devotos, según he leído recientemente, el sorprendente papa en activo, quiere rescatar a San Valentín del postconciliar desván de santos inventados, dudosos u fantasmales. Seguramente lo hará refundiendo en uno a los tres Valentín que figuran en la leyenda eclesial: a) un médico romano que se hizo sacerdote, decapitado en el 270. b) un obispo al que se levantó una basílica en Terni (que parece ser el mismo mencionado antes como sacerdote). c) Un mártir de la provincia romana.

Sin embargo, poco se sabe sobre las vidas de estos tres hombres, cuyas leyendas fueron probablemente inventadas en la Edad Media.

Según otra leyenda es patrono de los enamorados porque su fiesta coincide con el momento del año en que los pájaros empiezan a emparejarse.

Si fuera cristiano, el patrono de los enamorados podría ser Cupido, muy bien documentado en Grecia y Roma.

San Blas, ¿por qué, patrón de los laringectomizados?

“San Blas, patrón de los laringectomizados”: así figura en el pie de una estampa con su efigie. Supongo que debe de ser la advocación actualizada por algún devoto, pues en el santoral católico –indudable autoridad en tales atribuciones– consta como “patrón de enfermedades de la garganta y laringólogos”.

San

Pero, ¿Quién fue ese Blas –también llamado Blasius– , que tiempos ha fue conocido por su don de curación milagrosa, tanto que, haciendo vida eremítica en una cueva del Monte Argeus, «se le acercaban también animales enfermos para que les curase, pero no le molestaban en su tiempo de oración»?

Se cuenta que cuando, por orden de Agrícola, al haberse negado a apostatar, le llevaban a sufrir tormento, «salvó la vida de un niño que se ahogaba al trabársele en la garganta una espina de pescado. Este es el origen de la costumbre de bendecir las gargantas el día de su fiesta.» «San Blas le colocó sus manos sobre la cabeza al niño y rezó por él.» «Apenas acabó el Santo su oración, cuando el muchacho arrojó la espina, y quedó del todo sano.»

A San Blas, que ya era santo pero que aún no le distinguían con el “San”, «Agrícola le hizo apalear con tanta crueldad y por tan largo tiempo, que no se creyó pudiese sobrevivir a este suplicio; pero presto se conoció por la extraordinaria alegría de su venerable semblante, que alguna fuerza superior y sobrenatural le sostenía. Lleváronle a la cárcel, y en ella obró tantos milagros, que entrando el Gobernador en una especie de furia, mandó le despedazasen las carnes con uñas aceradas, añadiendo heridas a heridas.» Después de otras cuitas que Blas siempre superaba, «avergonzado el Gobernador de verse siempre vencido, mandó que le ahogasen en la misma laguna. […] Armóse el santo Mártir con la señal de la cruz, y comenzó a caminar sobre las aguas sin hundirse. […] oyó san Blas una voz que le convidaba a salir de la laguna para recibir la corona del martirio. Hízolo al instante, y apenas salió a tierra, cuando el Gobernador, centelleando de cólera, le mandó cortar la cabeza el año del Señor de 316.»

Con tan hermoso y edificante testimonio, no dudo de que Blasius atesore méritos más que suficientes para ostentar un patronazgo, pero no entiendo, que, como parecer ser, éste sea el de las enfermedades de la garganta y de los laringólogos por liberar de la espina al niño. Sería más lógico por haber sido degollado. Al fin y al cabo, Blasius era –así se nos dice– filósofo y médico. Y siendo médico, muy bien pudo extraer la espina de la garganta, o coger al niño por los tobillos y alzarlo y hacerle toser, y de esta forma –como se explica en la narración– «el muchacho arrojó la espina».

De todas formas, creo más idóneo para patrón de los laringectomizados a Alejandro Magno. En su curriculum vitae consta que salvó la vida de un soldado practicándole la traqueotomía con la punta de la espada. Lo cual puede que no sea milagroso, pero se le parece mucho, y mejor mérito tiene para la designación que San Blas de Sebaste.

Se me podrá argüir que Alejandro Magno no está en la nómina santoral. De acuerdo. Pero, San Blas, «según el Diccionario de los Santos, las Actas de este mártir carecen de consistencia histórica, pero fueron muy populares a partir del alto medievo, tanto en Oriente como en Occidente, donde llegaron a través de diversas traducciones latinas de un texto griego.»

El Dios Único. ¿De Akhenatón, de Moisés, de Pablo de Tarso... ?

Ofrenda de Akhenatón a Atón
Ofrenda de Akhenatón a Atón

Hasta donde llegan los conocimientos que hoy en día tenemos de culturas y civilizaciones que han poblado la Tierra, no es absurdo pensar que la creencia en (o la invención de) un Dios Único no es obra de Moisés. A Moisés, sí se le atribuye la imposición del monoteísmo a una población nómada que sobre 1.250 años antes de la era actual –según se cuenta en el Éxodo- vivía y recorría, buscando donde asentarse, un entorno asiático del mundo habitado que se conocía por aquellas tierras.

Este Dios Único se manifestó, por primera vez físicamente, a Moisés, llameante en una zarza que ardía sin consumirse. Así está escrito: «Me acercaré a contemplar este espectáculo extraordinario». «Cuando el Señor vio que Moisés se acercaba para mirar, lo llamó desde la zarza: -Moisés, Moisés! El respondió: -Estoy aquí. Dios le dijo:-No te acerques. Quítate las sandalias, porque el lugar que pisas es sagrado. Y añadió: -Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Moisés se tapó la cara porque tenía miedo de mirar a Dios.»

Y Moisés contó a su pueblo -quizás bastaría decir tribu- que el Dios que se llamaba «Yo soy» los mandaba salir de Egipto y que para que no dudaran de su poder hiciera ante los hebreos la magia que le había enseñado: Echar en tierra el bastón, que se convertiría en una serpiente, que lo recogiera por la cola y volvería a ser un bastón; meterse una mano en el pecho y sacarla llena de lepra, blanca con la nieve, que volviera a ponerse la mano en el pecho y la sacaría intacta como antes, y si con esto todavía no le creían, que fuese a buscar agua del Nilo y la esparciese por tierra y se tornaría sangre. También, «Yo soy», anunció que haría prodigios para convencer al faraón para dejarlos partir.

Los efectos mágicos servían para deslumbrar a los hebreos, pero no a los egipcios, que de eso sabían mucho. Cuando Moisés empezó a tratar con el faraón la liberación de los hebreos tuvo que competir con los magos. Pasada esta prueba ya fue «Yo soy» quien tuvo que recurrir a los prodigios, y, según figura en la Biblia, sin ningún miramiento. Y llama un poco la atención que un suceso de cierta importancia como es el éxodo del grupo hebreo, con los dolores de cabeza que dio al faraón y los estragos que hizo en sus territorio y población, no lo mencionen las fuentes egipcias.

Akhenatón y Nefertiti
Akhenatón y Nefertiti
Museo del Louvre

He empezado diciendo que el monoteísmo se atribuye a Moisés. Supongo que por interés de uno de los sistemas religiosos que tienen una notable influencia en una parte, no mayoritaria, de la población terráquea. No obstante, mucho antes que Moisés, la figura de un Dios único, la erigió el faraón Akhenatón. Y la apoyó su principal esposa, Nefertiti. El Dios único era Atón, un dios resplandeciente y cegador. (Se ha dicho que Nefertiti tuvo glaucoma por querer mirarlo a menudo.) Atón, personificado en el Sol, es un dios presente e importante en todas las religiones. ¿El dios Atón, llama incombustible, es el mismo que Moisés no osaba mirar?

De todos modos, el dios de Moisés ha sido más perdurable que el de Akhenatón. Akhenatón fue considerado hereje. Los egipcios no aceptaban un solo dios: querían, como era costumbre inveterada en las religiones mesopotámicas, que los atributos divinos estuvieran repartidos, y volvieron al politeísmo, que, después, en Grecia y en Roma, sería insustituible.

El Dios de Moisés, sí se mantuvo firme. No en vano era suficientemente fuerte y celoso para aniquilar a aquellos que no creían en Él. Moisés y Josué, principalmente, cumplieron fielmente este deseo divino de exterminio.

Con el tiempo, sin embargo, la humanidad no volvería a conformarse con un Dios único. Ya lo pudo constatar el propio Moisés, a quien el monoteísmo acarreó serios disgustos. Más tarde, de acuerdo con la tendencia ancestral, la religión cristiana solventó lo del politeísmo con la difusión de templos y altares a 'dioses' complementarios y asignando devotas advocaciones –igual que habían hecho los sumerios– a una misma divinidad.

Por otra parte, incluso la poesía no muy lejana ha dejado constancia de la divinidad del astro rey.

Reyes que venís por ellas,
no busquéis estrellas ya,
porque donde el sol está
no tienen luz las estrellas.

Reyes que venís de Oriente
al Oriente del sol solo,
que más hermoso que Apolo,
sale del alba excelente.

Mirando sus luces bellas,
no sigáis la vuestra ya,
porque donde el sol está
no tienen luz las estrellas

No busquéis la estrella ahora,
que su luz ha oscurecido
este sol recién nacido
en esta Virgen Aurora.

Son cuatro de las estrofas que escribió Lope de Vega.

Virgen y Luna
Virgen y Luna

Y también, ¿no se ha establecido una relación piadosa, literaria e iconográfica entre la Luna y la Virgen? He aquí una invocación, precisa y adecuada, a la Reina del Cielo: «... más poderosa que todos los monarcas, tienes las riendas de todos los reyes. Antorcha brillante del Cielo y la Tierra, resplandor de todas las comarcas, acepta mi genuflexión, escucha mi ruego, mírame siempre con bondad... ». Esta impetración la encontramos en las oraciones y cánticos de alabanza y celebración sumerios de sólo hace más de cuatro mil años, dedicada a Irnini, «Señora de Señoras, Diosa de Diosas!». ¡De verdad, que no desdice nada en un florilegio mariano!

El Vaticano programa 527 milagros

En los primeros tiempos del cristianismo, más o menos en la época de los Santos Padres y un poco después, los santos eran subidos a los altares por aclamación popular y, si se trataba de cristianos que hubieran muerto de martirio por causa de la fe, la santificación resultaba automática. Su muerte era testimonio bastante de la fe (mártir viene del griego «μάρτυρας», «testigo»). El proceso, si bien ahora requiere una cierta burocracia, es sin embargo más sencillo que un proceso de beatificación por vida virtuosa: no precisa la previa declaración de 'venerable' a propuesta de la Congregación de Ritos ni tiene la exigencia de la realización de un milagro. De todos modos, la Iglesia ahora actúa con más seriedad que tiempo atrás; quizás encontró que la criba de entonces tenía la malla demasiado ancha e, incluso, que había santos que parecían inventados; de ellos sólo se conocía el nombre, las virtudes mágicas que les atribuían, pero poco más: no se sabía ni de dónde eran ni si tenían padre ni madre, ni por dónde habían morado.

El paraíso, G.Doré

Y la Iglesia decidió poner orden y fijar protocolos con unas normas que sólo se puedan ablandar por un motivo justificado y con la aquiescencia jerárquica preceptiva. Respetando, claro, que la muerte cruenta en testimonio de la fe, de por si, es garantía más que sobrada para la beatificación; después de ésta, para alcanzar la canonización sí se requiere un milagro fehacientemente probado.

Ha habido épocas y papas que no han sido propensos a definir santidades. Las proclamaciones han sido mínimas y las que se han producido, con una cierta aceleración de los trámites, se han debido a unas virtudes 'especiales' de los santificables y a la meritoria aportación pecuniaria de los promotores de la sagrada causa.

En el caso de los 527 próximos beatos, ya que el martirio es garantía suficiente, y que se ha sobrepasado el plazo previsto para iniciar el proceso, que, según las reglas, va de cinco años después del martirio hasta los cincuenta años posteriores, se podría haber prescindido de la beatificación y proclamar directamente la canonización. Una flor no hace verano. Y la condescendencia no hubiera ido en detrimento de la rectitud canónica.

Ya sé que la supresión del milagro que cada beatificado debe hacer para acceder a la declaración de santidad privaría de la curación o de la resolución de enfermedades o carencias a los ilusionados receptores del don. Pero, una cosa por la otra, también podría evitar una pesadumbre porque no llegasen a 527 los milagros. Más de un mártir podría no dar la talla o salir estéril.

Juan XXIII, Juan Pablo II y María Goretti.

María Goretti
María Goretti, v m

He leído que en el mes de abril se va a elevar a los altares a Juan XXIII y a Juan Pablo II. Es una decisión oportuna para dar lustre a una institución, la papal, cuyo barco está zozobrando, con un capitán retirado a una cueva, como San Jerónimo, para orar, hacer penitencia y dedicarse al estudio de las letras sacras, y otro capitán al que tanto le da largar la mesana como girar el timón; es decir, un capitán que tanto sirve para un roto como para un descosido.

Martirio de Úrsula y 11 m vírgenes
Martirio de Úrsula y 11 m vírgenes
(detalle) Pedro Pablo Rubens

Para mayor aprovechamiento de los escenarios y festejos que con motivo de la doble canonización se montarán, sugiero que se haga entrega de medallas de San Sebastián al colectivo que se arma unos días de orgullo fantoche, para que lo celebre con recato, en una procesión a doble banda, el suelo alfombrado de pétalos de rosa (como el día del Corpus), y cada uno con el cirio en la mano. Item más, ¿no se podría declarar patrona y protectora de las violentadas por género a Santa María Goretti, la que de haber estado en el candelero de la admiración ha pasado a ser ignorada? Puede que ya haya una patrona, ignoro si lo es Santa Úrsula, pero, aunque así fuera, no sobraría el refuerzo, porque desde que Jardiel Poncela difundió la especie de que no podía haber habido nunca once mil vírgenes, ya que es una cifra notable que no se esfuma en cuatro días y que alguna quedaría, por la insidia de don Enrique, que pudo ser azuzada por otros factores, se ha generalizado el descrédito de la virginidad. Jardiel Poncela argüía que los apóstoles sólo fueron doce y queda clara constancia de ellos. El señor Jardiel o pecó de ligereza o no sabía latín. La inscripción decía “Úrsula y XI m vírgenes” (lo transcribo traducido). O sea, una menos que los apóstoles. La [m] no significaba “mil” sino “mártires”. Además, hay que tener en cuenta que la virginidad es un atributo perecedero, en cambio, la condición apostólica es indeleble.

El Cielo (III), ¿dónde está y quién hay?

Volvemos al Cielo. Quiero decir que yo vuelvo al Cielo; hace tiempo siento el impulso de escribir unas consideraciones que redondeen lo escrito en los dos artículos dedicados al Cielo. Ahora hará siete años -número bíblico- que hice una exégesis casera del limbo, el purgatorio, el infierno y el cielo. Fueron siete artículos -lo he comprobado ahora- también de cifra sagrada. ¿Qué me ha empujado a prescindir del hechizo del número anterior y convertirlo en ocho? Acaso que el 8, y sobre todo si se le tumba, se puede convertir en la banda de Moebius, que, por muchas de vueltas que dé, siempre queda invertida y confusa?

En los siete artículos expuse argumentos, siempre de las escrituras, de la patrística y de la doctrina eclesiástica que tanto servirían para demostrar la cara como la cruz de la moneda; e incluso, si la moneda quedara de canto, éste aún podría aportar alguna señal para una posible interpretación aceptable; más, ya que no hay moneda, no podemos sacar ninguna aclaración de esta martingala. Por tanto, deberé seguir valiéndome de las fuentes reconocidas.

Xilografía de 1863
La resurrección (detalle), 1863, xilografía

Antes de seguir, quisiera rectificar una valoración. En el artículo sobre el limbo expresé que «la humanidad llevaba muchos miles de siglos rodando». Esta afirmación no tiene ni pies ni cabeza en el entorno de las escrituras. Nada de siglos rodando. Como mucho, entre 4.000 y 7.000 años. Este cálculo, reduce notablemente, por la simple razón de las personas que pueden nacer y morir en setenta siglos, el número de almas que estaban en lista de espera.

También quiero puntualizar que, si bien es verdad que los avances de la doctrina eclesiástica niegan el purgatorio y suprimen el fuego del infierno, esto sencillamente puede ser una estrategia para quitar el miedo y hacer atractiva -ahora que tanta falta hace- la predicación promocional. No obstante, no podemos olvidar que la revelación de Dante en la Divina Comedia puede ser tanto o más inspirada que el Apocalipsis y que todos los libros canónicos, y que, además, hay indicios que confirman tanto la ubicación del purgatorio y el infierno como la existencia del fuego. Sin buscar demasiado, encontramos: a) la orden carmelitana -lo escribí en el artículo correspondiente- enseña que aquellos que han sido investidos del escapulario de Nuestra Señora del Carmen y que lo llevan en el momento de morir, como mucho, pasarán seis días en el purgatorio: el primer sábado siguiente a la muerte terrenal serán liberados y transportados al cielo, b) el infierno es claramente mencionado en el Nuevo Testamento; e incluso San Pedro, en la carta segunda, dice : "Dios no perdonó a los ángeles que habían pecado, sino que los hundió en los abismos tenebrosos del infierno". c) También la profesión de fe por excelencia, el Credo, afirma que «descendió a los infiernos»; bien, eso depende: según el Credo Apostólico, sí; en el Credo de Nicea-Constantinopla, que con todo es más explícito, esta frase no está.

Si de estas manifestaciones, destacamos que se habla de bajada, hundimiento en abismos, y que en el interior de la tierra hay fuego, ¿no tenemos motivos suficientes para creer no sólo que el infierno existe sino incluso dónde está situado? ¿Y el purgatorio? Más evidente aún. ¿Nadie ha pensado que la lava de los volcanes no es más que la liberación periódica de las almas que ya han quedado purificadas y se desprenden de todo el calor y la ceniza?

Pero llegamos a la cuestión capital de este artículo. ¿Dónde está y quién hay en el cielo? Todas las referencias lo sitúan yendo hacia arriba desde la tierra. Jacob vio una escalera con una puerta arriba, de la que salían los ángeles que bajaban y subían. Las aclaraciones que da son mínimas: en el Génesis (28,17) se cuenta que Jacob ve la casa de Dios y la puerta del cielo, y nada más. También Jesús ascendió al cielo, a la Virgen la subieron los ángeles y una nube la ocultó, y, mucho tiempo atrás, Elías también se elevó con el carro de fuego. Todas las indicaciones sitúan el cielo divino dentro de la atmósfera, la estratosfera o más lejos. Que no lo podamos divisar es muy normal: ya que sus habitantes son incorpóreos y por tanto ingrávidos e invisibles, ¿no parece lógico que su territorio sea indimensionable y etéreo? Y considerado así, es normal que tampoco podamos concretar su ubicación; sólo tenemos un parámetro, que es alargar un radio de la circunferencia terráquea, pero ¿cuál? ¿a qué altitud y qué latitud? Y entonces todavía quedaría la incógnita de la distancia. Seguimos a oscuras.

Pasamos por tanto, a otro aspecto que creo más importante. ¿Quién permanece en el cielo? Dios, los ángeles y los bienaventurados, estos, incorpóreos, hasta que en el Juicio Final se les dé un cuerpo glorioso; ahora bien, un cuerpo glorioso que prescindirá de toda función fisiológica y, en consecuencia, seguirán siendo inmateriales.

Las escrituras, en este aspecto no son congruentes, incluso son contradictorias. Sólo en el nombre ya hay ambivalencias: firmamento, paraíso, gloria, cielo. En la escena principal de la Pasión, el buen ladrón pide a Jesús que se acuerde de él cuando llegue a su Reino. Y obtiene respuesta: "Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso". (Lc 23,40-43) Pero según la Biblia catalana esto no sería posible, en una de las anotaciones aclara que "el cielo es el lugar de estancia de los ángeles y Dios". Otra afirmación menos estricta dice que "del cielo se puede venir y se puede ir", pero no especifica quién lo ha hecho o lo hace y si es frecuente; ¿son los arcángeles haciendo de recaderos? En el Eclesiástico (44,16) se manifiesta: «Henoc agradó al Señor y fue trasladado al cielo». Y queda escrito en el Apocalipsis (4,1): «después de esto, vi una puerta abierta en el cielo...»

Hasta aquí ¿qué hemos sacado en limpio? Si el cielo no necesita cumplir las tres dimensiones de la materia y está habitado por espíritus, muy bien puede estar fuera de nuestra visión, de la visión y del tacto aunque le tengamos delante. Si fuera así, ¿dónde están Elías, Enoc y la Virgen (esta, asunta en cuerpo y alma según una leyenda elevada a dogma por el impoluto Pío XII)? Ninguno de ellos murió y subieron al cielo con su corporeidad. La cuestión de Jesús es distinta, él existía de toda la eternidad, por lo tanto era un espíritu consustancial al Padre y al Espíritu Santo. ¿En la tierra seguía siendo un espíritu con apariencia humana?

El evangelista Juan afirma rotundamente, (3,13): «Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre, que está en el cielo». Esta aserción podemos entender que confirma la inmaterialidad de Jesús, algo que no han resuelto ni los santos padres, ni el tomismo ni los concilios.

Juan, sin embargo, resuelve una cuestión y complica otras: ¿Dónde están Elias, Enoc y la Virgen? ¿En el ascenso, se liberó su alma de la materia? Al llegar a una determinada zona del espacio los seres humanos se desintegran (todos recordamos el vuelo fatídico de los astronautas) y así, libres del cuerpo, ¿pudieron traspasar el portal del cielo? Una puerta nada fácil de ubicar. Nos han dicho que la han visto, pero no dónde.

 

-----

ARTÍCULOS DE LA SERIE

El limbo y el río Jordán, 12 octubre 2006
2006 El Purgatorio, en rebajas por liquidación total, 14 octubre, 2006
El Infierno (I) no es la caldera de Pedro Botero, 18 octubre, 2006
El Infierno (II), ni Dante ni Catalina ni del Abad, 21 octubre, 2006
El Infierno (III), glosa antes de ir al cielo, 22 octubre, 2006
El Cielo (I), introducción al paraíso, 02 novembre, 2006
El Cielo (II ), la puerta, 08 noviembre, 2006
El Cielo (III), ¿dónde está y quién es?, 1 octubre, 2013

Papa Francisco, ¿fuera, también, la medicina paliativa?

Job en el estercolero
Doré. Job en el esterecolero

El Papa Francisco ha recibido a un grupo de ginecólogos católicos y les ha dado algunas recomendaciones doctrinales sobre el aborto y la eutanasia. El aborto, tal vez lo ha conocido en los círculos eclesiásticos. Sobre la eutanasia no creo que tenga noticias directas, ya que en la historia de la iglesia, en el entorno papal, más bien se ha practicado el asesinato.

Me da un poco de repeluzno, sin embargo, eso de ginecólogos católicos: ¿no sería mejor decir católicos ginecólogos?

El Papa también podría recibir, si le pidiera la audiencia, a un grupo de pedicuros católicos. ¿Los recibiría como pedicuros o como católicos? Bueno, siempre contaría con el recurso de hablarles de la grandeza apostólica del lavatorio de pies.

Hay, por otro lado, unos profesionales con los que no sé cómo se las arreglaría. ¿Qué les podría decir? Me estoy refiriendo a los oncólogos. ¿Les exhortaría a que a los enfermos de cáncer clarísimamente terminales no se les dé medicina paliativa y les sigan aplicando hasta el último momento la agresividad ya inútil de la quimioterapia o cirugía experimental? Pienso que tendría que rechazar los opiáceos y la morfina. No es lógico, que al menos los enfermos católicos –y por ventura también a los no creyentes, que podrían tener un momento de iluminación y abrazar la fe– les privara del beneficio de la aceptación y ofrecimiento del dolor y sufrimiento para redimir sus pecados y pasar el excedente a otras almas necesitadas.

Las florecillas del buen papa Juan y el jardín del papa Francisco

Las florecillas

En el año 1964, aniversario de la muerte de Juan XXIII, se publicó, con anécdotas, frases y pensamientos suyos, el libro de Henry Fesquet Les fioretti du bon pape Jean, editado en España por Editorial Estela. Al paso que vamos, del papa Francisco, se podrá publicar un jardín.

A los obispos ya les ha requerido a la moderación y a la austeridad: aparte de otras ostentaciones, le habrá llamado la atención que todos vistieran ternos iguales recién estrenados con capas pluviales bien cortadas y mitras relucientes.

Dejando de lado la ornamentación, el atrezo y los vistosos decorados con amplio despliegue de pantallas para que llegara a todos su omnipresencia, me llaman la atención otros aspectos más trascendentales en la manifestación de la doctrina católica.

Se muestra benevolente con quienes profesan otras creencias y les sugiere que atiendan su recomendación de incorporarse al buen camino; es, sin embargo, contundente con los predicadores evangélicos (También fue una preocupación de Pablo de Tarso) que extravían a los creyentes; ellos tienen que cesar en su error y sus seguidores replantearse su actitud.

Ternos nuevos iguales

Ha sorprendido, y contentado a muchos, y ha sido muy aireada, una de sus sentencias: «"si una persona es gay, busca al Señor y tiene buena voluntad ¿quién soy yo para juzgarla?». Pues sí, será así, pero ha dicho más, y el Vaticano (EFE, 30/7/2013)lo señala: «Sin embargo, el Papa Bergoglio con la frase que siguió a la anterior: "el Catecismo de la Iglesia Católica explica y dice que no se debe marginar a esas personas y que deben ser integradas en la sociedad", mostró que no hay nada nuevo en sus palabras, salvo tal vez la forma y el tono, sencillo, llano, de decir lo mismo.
»El catecismo dice en el apartado 2357 que un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas y que "esta inclinación, objetivamente desordenada, constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba".
"Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición", señala el Catecismo.»El papa Bergoglio siguió esa línea a la hora de expresarse sobre los gays y no manifestó ningún comentario que fuese contrario o supusiese un cambio radical a lo que dice el Catecismo.»

Es decir, que la doctrina cristiana, surgida de Pablo de Tarso, sigue “firmiter in re, suaviter in modo”. ¡Ángela María!

El judío converso, con la habitual propia terquedad de los conversos, predicaba:

«Primera carta a los Corintios
Cap 6
(9) ¿No sabéis acaso que los injustos no heredarán el Reino de Dios? ¡No os engañéis! Ni los impuros, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, (10) ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los ultrajadores, ni los rapaces heredarán el Reino de Dios.
(11) Y tales fuisteis algunos de vosotros. Pero habéis sido lavados, habéis sido santificados, habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios.»
«Primera carta a Timoteo
Cap 1
(8) Sí, ya sabemos que la Ley es buena, con tal que se la tome como ley, (9) teniendo bien presente que la ley no ha sido instituida para el justo, sino para los prevaricadores y rebeldes, para los impíos y pecadores, para los irreligiosos y profanadores, para los parricidas y matricidas, para los asesinos, (10) adúlteros, homosexuales, traficantes de seres humanos, mentirosos, perjuros y para todo lo que se opone a la sana doctrina, (11) según el Evangelio de la gloria de Dios bienaventurado, que se me ha confiado.»

El cardenal Bergoglio, en julio de 2010, acomodaba a nuestros días la doctrina paulina condenando el matrimonio gay: «No seamos ingenuos: no se trata de una simple lucha política; es la pretensión destructiva al plan de Dios», dijo el cardenal Jorge Bergoglio, en una carta privada dirigida a las Carmelitas. «No se trata de un mero proyecto legislativo (éste es sólo el instrumento)», continuó el Cardenal, «sino de una "movida" del padre de la mentira que pretende confundir y engañar a los hijos de Dios». El texto alienta a las religiosas a rezar para evitar que se apruebe el matrimonio homosexual: «Clamen al Señor para que envíe su Espíritu a los Senadores», dice, y agrega: «Que no lo hagan movidos por el error o por situaciones de coyuntura sino según lo que la ley natural y la ley de Dios les señala». El texto fue escrito por Bergoglio para las Carmelitas, pero se filtró a la prensa, según confirmaron a TN.com.ar desde el Arzobispado de la ciudad de Buenos Aires.»

Otra flor del Jardín de Francisco es el papel de la las mujeres en la Iglesia. El Papa ha manifestado que a las mujeres hemos de reconocerles los mismos derechos que a los hombres, que tienen que ser algo más que monaguillo o presidente de Cáritas (en realidad ya son más, cuidan, hasta donde alcanzan, de la limpieza y el decoro del altar y de las macetas y el ornato floral). «Su papel no es sólo la maternidad, ser madre de familia. Es más fuerte, es el icono de la Virgen, la que ayuda a crecer a la Iglesia», dijo Francisco. La Virgen María -subrayó- «era más importante que los obispos y curas». El Papa intenta explicar que las mujeres, como la Virgen, están por encima de los obispos y que no necesitan estar ordenadas sacerdotes; abogó por un mayor papel para ellas en la Iglesia, pero rechazó que puedan acceder al sacerdocio al señalar que sobre ese tema «la Iglesia ha hablado y ha dicho no».

Me pregunto: ¿constará en los anales vaticanos alguna mala experiencia de la actuación de las diaconisas que hubo en los inicios del cristianismo? Aunque fuera así, es imposible que supere el mal rastro que los hombres han dejado en toda la escala clerical, incluso entre los que han llevado la triple corona de la tiara.

El papa Francisco sonríe en Brasil

No tengo el don de la profecía y mi bola de cristal, de vidrio soplado, no creo que sirva para la adivinación. En el mes de marzo pasado, al calzarse el nuevo Papa los cómodos por ahormados zapatos viejos, expuse llanamente un pronóstico que brotaba espontáneo del diagnóstico de la situación del vaticanismo y del currículo del mitrado. Escribí: “El catolicismo necesita promoción, lo que ahora se llama marketing”. Y añadí, después de no considerar parajes propicios para el programa expansivo a Europa, África, Japón, China, la India ni América del Norte: “Queda Centroamérica y Sudamérica. Tierras de gran población, con un gran sentimiento ‘religioso’ cuya superstición sólo necesita ser encauzada. La marca católica bien gestionada y contando con un emblema de primer orden elevado a categoría mundial tiene el campo trillado para una buena cosecha”.

bola de cristal

No es de extrañar que con tan evidente diagnóstico, el país elegido haya sido Brasil, con Río de Janeiro, que cuenta con la segunda basílica mayor del mundo, como epicentro. Para el evento el papa Francisco ha escogido el marco de la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud, enlazando con Pablo de Tarso, fundador del Cristianismo, con cuya doctrina sintoniza, para realizar el viaje apostólico de difusión y expansión del Evangelio.

El papa sonriente ha bajado del avión con buen pie, calzado con unos zapatos negros similares, aunque más pulcros, a los que lucía en las fotografías de la elección; se ha mostrado llano, próximo y afable; le hemos visto circular en un automóvil ostensiblemente pequeño; se desplaza en un nuevo todoterreno blanco –sustituto de la bombonera blindada– que lleva una arboladura que soporta un parabrisas de cristal especial que se curva y alarga hasta cubrir el techo; y para posibles emergencias, cuenta con otro vehículo igual de color verde.

Las gentes se agolpan junto a él, que camina, tiende las manos, abrazan, besa. Los jóvenes brincan de entusiasmo, se transmutan, lloran, gritan, ríen; unos han acudido desde países próximos o lejanos en místico peregrinaje aéreo; todos vibran ante la presencia magnética y las palabras de su divo rodeado de corifeos en el magno escenario. Disfrutan de un momento especial y se extasían como ante el Elvis Presley de turno.

Consagración
Ojos entornados, mirada especulativa: ¿La sombra de una duda?

Que «Jesús se una a tantos jóvenes que perdieron la confianza en las instituciones políticas, por su egoísmo y corrupción, o a quienes perdieron la fe en la Iglesia y hasta en Dios, por la incoherencia de cristianos y ministros del Evangelio», proclama el Papa. Pablo, en sus cartas y viajes, también reprendía a los a los adeptos y sacerdotes que daban mal ejemplo en sus comunidades, desacreditan la fe y ahuyentaban a los creyentes. Y como el de Tarso, advierte y previene contra los falsos predicadores “evangélicos”.

El papa Francisco, consciente de su misión promotora de la fe cristiana, no es restrictivo en el alcance de su magisterio, y su visión amplia se extiende del integrismo paulino (ambos coinciden, entre otros aspectos, en la apreciación de la homosexualidad) a la teología de la liberación e incluso hace un guiño incitante a los “indignados”; esto puede resultar desconcertante para algunos, pero responde a su actitud coherente de integración en una fe verdadera común.

El amplio programa de sus días de estancia, se ha preparado con meticulosidad, y pienso, que como Pablo de Tarso cuando iba o enviaba a algún apóstol u obispo, habrá tenido que dar las indicaciones precisas para que no faltara la aportación pecuniaria de la comunidad visitada, y que, de producirse remanente, se destine a otras comunidades necesitadas. Esta circunstancia me ha venido a la cabeza ahora, pues, cuando se anunció del proyecto del viaje, de los sesenta millones de euros presupuestados quedaban por cubrir unos treinta y cuatro.

Las actividades papales, puede decirse que han seguido una agenda apretada. Reuniones, visitas, ágapes, misas, oficios, homilías. Entre los actos anecdóticos y significativos, a vuela pluma, recuerdo la bendición de las banderas olímpicas de 2016 en el Palacio de la Ciudad de Río de Janeiro; la veneración de la imagen de Nuestra Señora de la Concepción de Aparecida, cuyo patrocinio ha extendido a los países de América Latina; la Confesión de algunos jóvenes de varios países de la XXVIII JMJ en el Parco de la Quinta da Boa Vista, Río de Janeiro (a mi modo de ver, simulacro innecesario ya que había dispuesto otorgar indulgencia plenaria a los asistentes); visitó una de las comunidades más pobres del Brasil, la favela Varginha, que, como es costumbre con ocasión de la visita de algún dignatario, debió de ser objeto de una limpieza y aseo tanto material como humano, e invocó un mensaje de esperanza e hizo un llamado a trabajar por un mundo más justo y solidario; y ya de cara al fin del viaje, hoy, último día, celebrará una multitudinaria misa en Guaratiba, a 80 km de Río de Janeiro, a la que está prevista la asistencia de la presidente argentina Cristina Kirchner y otros indignos altos dignatarios.

Concluirá el viaje y el papa sonriente subirá la escalerilla del avión en el que regresará a Roma.

 

Desde Juan XXIII, no habíamos visto sonreír a un papa. Juan XXIII tenía un gesto bondadoso que quizá por esto resultaba naturalmente sonriente. Parecía un alma bendita que creía en lo que hacía y que a punto estuvo de dar un vuelco eclesial de incalculables consecuencias. A Pablo VI, la herencia de Juan XXIII, le cortó toda posibilidad de sonrisa. Juan Pablo I, nunca sabremos si murió por una embolia clerical, o si se quiso evitar que siguiera las pasos de Juan XIII. Juan Pablo II no tenía la musculatura facial propicia a la sonrisa, y Benedicto XXVI, procedente del legado de la Inquisición ¿cómo va sonreír?

Los papas anteriores a los ahora mencionados, no sé cómo iban de sonrisas. Quizá fueron conscientes de que su dignidad requería seriedad. De estos sólo conocí a Pio XII, y ¡qué apostura! Lo recuerdo claramente como urna de santidad viva; vera efigie del pontífice del nazionalcatolicismo que culminó una época.

El papa Francisco, lo habitual es que sonría –salvo momentos de lógico gesto serio–; es el papa sonriente –ya le llaman así–; pero qué distinto sonreír del del papa bueno –que así le llamaban–. La sonrisa del papa actual puede ser innata, sin embargo, para mí, tiene el sello de haber sido aprendida o mejorada en una escuela de relaciones públicas.

Corrupción: el Papa y San Pedro, de acuerdo


Alegoría del Papa liberando al Espíritu Santo

El Papa activo, con sus hechos y dichos, debe de poner la piel de gallina al Papa pasivo. No sé por cuánto tiempo, porque al Papa retirado poco le puede faltar para tener un infarto o el Papa activo puede sufrir un acortamiento biográfico imprevisto. Por otra parte, Deo volente, así como cierto día se cumplió el derribo profetizado del Templo de Salomón, el Papa Francisco puede ser la mano divina para el cumplimiento de la tercera profecía de Fátima: el hundimiento de la estructura eclesial vaticana.

Ahora, por ejemplo, aunque yo piense que se ha liando un poco, porque creo que el pecado es corrupción y la corrupción, un conjunto de pecados, es muy posible que el Papa tenga toda la razón al decir que el pecado es perdonable pero que la corrupción es imperdonable.

Basta que leamos unos versículos de los Hechos de los Apóstoles:

También un hombre llamado Ananías, junto con Safira, su mujer, vendió una propiedad. Después, de acuerdo con ella, se reservó una parte del dinero, y depositó el resto a los pies de los apóstoles. Pedro le dijo: –Ananías, ¿por qué has dejado que Satanás invadiera tu corazón? Reservándote una parte del dinero del terreno, has mentido al Espíritu Santo. Cuando aún era tuyo, eras libre de quedártelo, y, cuando lo has vendido, podías disponer como quisieras del dinero. ¿Por qué has maquinado algo así? No has mentido a los hombres, sino a Dios.
Luego que Ananías oyó estas palabras, cayó al suelo y expiró. Un gran temor se apoderó de todos los que lo oyeron contar. Los jóvenes amortajaron el cuerpo y lo llevaron para enterrarlo.
Al cabo de unas tres horas llegó su mujer, sin saber nada de lo que había pasado. Pedro le preguntó: -Dime, ¿es verdad que vendisteis el campo por tal precio? Ella respondió: -Sí, por tal precio. Pedro le dijo: -¿Cómo es que os habéis puesto de acuerdo para poner a prueba al Espíritu del Señor? Mira, los que vienen de enterrar a tu marido ya están a la puerta y te llevarán también a ti.
Al instante, la mujer cayó a los pies de Pedro y expiró. (Ac 5,1-10)

Como se puede ver, contra la corrupción, ni Pedro ni mucho menos el Espíritu Santo no tenían ninguna contemplación. Si se participaba en la comunidad de los discípulos, debía ser con todas las consecuencias. De otro modo: condena fulminante.

La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma, y ninguno de ellos consideraba como propios los bienes que poseía, sino que todo estaba al servicio de todos.(Ac 4,32) Nadie de entre ellos no vivía en la indigencia, porque todos los que poseían tierras o casas, las vendían, llevaban el producto de la venta, y lo ponían a los pies de los apóstoles. Después era distribuido según las necesidades de cada uno. (Ac 4,34-35)

La Creación careció de un exorcista

El mejor escribano echa un borrón. ¿Pasó algo así en el Génesis? Es de suponer que sí. Por lo menos eso se puede pensar de la narración de la creación del mundo que un buen día Moisés fijo en escritura. No insinúo que el borrón fuera de Moisés –si bien éste, como escribano primerizo, pudo cometer varios–, porque en este caso no se trata de un lapsus calami, sino de un borrón debido al narrador, y no por un lapsus linguae o un lapsus memoriae al dictar lo que había que escribir; se debió a un lapsus acti: si en el acto creador se había omitido una particularidad, de ninguna manera podía figurar en los versículos descriptivos de la Creación.

Curación de un mudo poseso
Jesús cura un a mudo poseso por el demonio. G. Doré

Público.es, 30/5/2013. El canal TV2000 de los obispos italianos asegura que el papa Francisco ha realizado una plegaria de liberación del demonio en un niño enfermo que asistió el domingo a la misa de Pentecostés en la plaza de san Pedro del Vaticano.
El hecho, aseguraron varios expertos consultados por el programa Vade Retro del canal de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI), que lo desvela en su página web, se produjo al final de la misa de Pentecostés, cuando el papa Bergoglio se acercó a saludar a un grupo de enfermos. El papa, sonriendo, se acercó a un muchacho y el sacerdote que le acompañaba se lo presentó, mientras le decía algunas palabras, que no se logran escuchar en el vídeo emitido por la TV de los obispos.
Vade Retro explicó que la cara del papa cambió de manera imprevista. Francisco se mostró "pensativo y concentrado, a la vez que extendió las manos sobre la cabeza del joven, rezando intensamente". En las imágenes se ve al niño, aunque con el rostro oscurecido por TV2000, como abre la boca, mientras el papa sigue rezando con las manos apoyadas en su frente. "Los exorcistas que han visto las imágenes no tienen dudas: se ha tratado de une plegaria de liberación del demonio o de un exorcismo", precisó TV2000”.

Sin embargo, «"El santo padre no ha realizado algún exorcismo, sino que, como hace frecuentemente con las personas enfermas y que sufren, rezó por una persona que sufre que le había sido presentada", afirmó el portavoz vaticano, Federico Lombardi, en un escueto comunicado», rectificando que «Este lunes, el canal de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI) aseguró que el papa Bergoglio realizó el domingo 18 "una plegaria de liberación del demonio o un auténtico exorcismo" en un niño enfermo que asistió a la misa de Pentecostés en la plaza de san Pedro del Vaticano.»

Sea o no cierto, ello en nada desmerece la imagen jesuítica atípica, con fuerte toque asisiano, que nos transmite –antes, en y después de ser elevado al solio pontificio– en actos y manifestaciones de variada índole para atraer a la grey mientras desconcierta –y remueve– a los jerarcas vaticanos, a la par que no se revela como experto teólogo.

«El Arzobispo de Buenos Aires y Primado de Argentina, Cardenal Jorge Mario Bergoglio, advirtió que, de aprobarse, el proyecto de ley para permitir "el matrimonio" entre personas del mismo sexo "puede herir gravemente a la familia". (BUENOS AIRES, 07 Jul. 10 / 09:46 pm (ACI))».

«”Los ateos son buenos si hacen el bien”, dice el Papa Francisco 22 de mayo de 2013. (Reuters, actualizado: 22-05-2013)».

«"Detrás de toda esta esclavitud, hay mafias... No pueden hacer esto, ellos no pueden hacer a nuestros hermanos esclavos, debemos orar al Señor para que estos mafiosos se conviertan a Dios", dijo el Papa. (The Christian Post > Iglesia y Ministerio|Mon, May. 27)»

Rouco Varela

El exorcismo, por otra parte, es de necesaria actualidad según el Cardenal Arzobispo de Madrid. Después de muchos años de desuso de esta piadosa práctica liberadora, han vuelto y se están incrementando en Madrid –y hay que deducir que en toda España– los casos de presencia y posesión diabólica. Se estima que la demanda de liberaciones diabólicas aumenta en las 69 diócesis españolas, y de ellas sólo unas 20 cuentan con exorcista oficial.

El exorcismo es una oración oficial de la Iglesia en la que se invoca a Jesús mediante y se dirige imperativamente al diablo 'para que deje de atormentar o de poseer a una persona' u objeto. El exorcismo solemne, llamado gran exorcismo, puede ser efectuado solamente por un presbítero autorizado por el obispo.

Se da por cierto que Rouco Varela ha sacado una primera hornada de ocho exorcistas, que han tenido que estudiar a marchas forzadas el Ritual renovado de Exorcismos, que, aprobado por Juan Pablo II en 1998, para adaptarlo al Concilio Vaticano II y a los avances en medicina mental, sustituyó el anterior que databa de 1614.

Llegados aquí podemos preguntarnos quiénes tienen que ser liberados del espíritu o espíritus malignos. Según el 'Rituale Romanum' del exorcismo, los signos que identifican a una persona que puede estar poseída por Satanás son “hablar idiomas desconocidos, expresar cosas lejanas u ocultas, mostrar una fuerza física que no se corresponde con la realidad de la edad o del estado de salud, así como mostrar una vehemente aversión hacia Dios, la Virgen, los Santos, la Cruz y las imágenes sagradas”. Aunque “estos signos pueden ser sólo un indicio y no significa necesariamente que provengan del diablo”; por ello se recomienda que los candidatos a ser exorcizados, antes sean examinados por un psiquiatra y, sólo si este no puede aportar la sanación, sean derivados al sacerdote.

Rouco Varela

Bien se dice que estos signos no provienen necesariamente del diablo; en medicina se conoce algo de esto. Pero, dejémoslo así. Y no voy a entrar ahora tampoco en buscar distinciones entre esoterismo y catolicismo.

Por otra parte, también tenemos explicaciones caseras: ¿no decimos que una persona lleva el diablo en el cuerpo? Mi bisabuela –una de mis bisabuelas; la que conocí– era dominadora, intolerante, malpensada, maliciosa, egoísta; tenía unos arranques que sólo parecían posibles si la reconcomían mil demonios; y, sin embargo, era una piadosa y santa mujer que, en el canterano de su alcoba, tenía a punto la mortaja y el crucifijo de marfil en cruz de ébano festoneada de plata y con un óvalo acristalado con una astilla del lignum crucis. Cómo me la recuerdan algunas fotografías del cardenal-arzobispo bendecidor de exorcistas: la faz de ambos, trazada por el mismo patrón.

Sobre la posesión demoniaca, uno de los pasajes en que Jesús se enfrentó a los demonios, se narra en los tres Evangelios sinópticos (Mt 8,28-34; Mc 5, 1-19; Lc 8,27-39); Mateo dice que los endemoniados que acometieron a Jesús eran dos, mientras que Marcos y Lucas se refieren a uno y lo describen más enfurecido, y estos dos últimos dan más detalles en el pasaje, sobre todo Marcos, del que lo tomo:

Y llegaron al otro lado del mar, a la región de los gerasenos.
Apenas saltó de la barca, vino a su encuentro, de entre los sepulcros, un hombre con espíritu inmundo que moraba en los sepulcros y a quien nadie podía ya tenerle atado ni siquiera con cadenas, pues muchas veces le habían atado con grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie podía dominarle. Y siempre, noche y día, andaba entre los sepulcros y por los montes, dando gritos e hiriéndose con piedras.
Al ver de lejos a Jesús, corrió y se postró ante él y gritó con gran voz: «¿Qué tengo yo contigo, Jesús, Hijo de Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes». Es que él le había dicho: «Espíritu inmundo, sal de este hombre». Y le preguntó: «¿Cuál es tu nombre?» Le contesta: «Mi nombre es Legión, porque somos muchos». Y le suplicaba con insistencia que no los echara fuera de la región.
Había allí una gran piara de puercos que pacían al pie del monte; y le suplicaron: «Envíanos a los puercos para que entremos en ellos». Y se lo permitió. Entonces los espíritus inmundos salieron y entraron en los puercos, y la piara –unos 2.000– se arrojó al mar de lo alto del precipicio y se fueron ahogando en el mar.
Los porqueros huyeron y lo contaron por la ciudad y por las aldeas; y salió la gente a ver qué era lo que había ocurrido. Llegan donde Jesús y ven al endemoniado, al que había tenido la Legión, sentado, vestido y en su sano juicio, y se llenaron de temor. Los que lo habían visto les contaron lo ocurrido al endemoniado y lo de los puercos. Entonces comenzaron a rogarle que se alejara de su término.
Y al subir a la barca, el que había estado endemoniado le pedía estar con él. Pero no se lo concedió, sino que le dijo: «Vete a tu casa, donde los tuyos, y cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo y que ha tenido compasión de ti». El se fue y empezó a proclamar por la Decápolis todo lo que Jesús había hecho con él, y todos quedaban maravillados.
Jesús pasó de nuevo en la barca a la otra orilla y se aglomeró junto a él mucha gente; él estaba a la orilla del mar. (Mc 5, 1-19)

Aparte de que un evangelista se refiere a dos endemoniados y los otros, a uno, y de que Marcos precisa que los puercos eran 2.000, me llama la atención que los pobres cerdos tuvieran que pagar los platos rotos. Ya sé que para los judíos el cerdo era un animal inmundo, pero que Jesús se cebara en los cochinos, los ahogara en el Tiberíades y, a continuación, volviera a zarpar en su barca teniendo que retirar, él y sus apóstoles, con los remos, los animales muertos…

Al hilo de la proliferación de demonios y de la urgencia en proveer a las diócesis de exorcistas –pienso que entre los presbíteros habrá por lo menos 666 entre los que escoger los apropiados para cubrir la demanda–, se me ocurre que la historia de la humanidad habría sido distinta si Yahvé hubiera contado con un exorcista que librara a la serpiente de la posesión por Luzbel. Aunque, ¿dónde podía haber un exorcista si –como sagazmente precisó Mingote– la humanidad al principio eran dos: Adán y Eva, y ambos –añado yo– tenían definida su función en la escena de la higuera que se narra en el Génesis?

 
Powered by Life Type - Design by BalearWeb - Accessible and Valid XHTML 1.0 Strict and CSS