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"Crónica de los avatares de mis cánceres y sus secuelas" (de laringe, de piel, de pulmón) y otros asuntos, y traducción de artículos de "Anotacions més o manco impertinents".

Categoría: General

Nuestra Señora

Leo en la prensa que Nuestra Señora Doña María Antonia Munar no quiere que un tal Miquel Ramón Picó, por el mero hecho de haber aprobado unas oposiciones para acceder a la Jefatura del Servicio de Fiscalización del Área de Economía y Hacienda el 2 de julio de 2001, tenga en sus manos el control de las cuentas del Consell. Un señor, además, que es técnico superior en Gestión de Recursos Humanos; licenciado en Derecho; técnico especialista en Derecho Administrativo y Derecho Civil; y también profesor de la UNED. Un señor que, además, ha recurrido por la vía contencioso-administrativa, y la jueza ha sentenciado a su favor para que ocupe el puesto que le pertenece, en lugar de la funcionaria que Nuestra Señora, según su leal saber y entender y su buen criterio –es de suponer- nombró, después de aprobada la oposición por el pretendiente, para la función en litigio.

Leído lo cual, me planteo:

-¿Es lógico que todavía existan puestos ocupados por derecho de oposición, y ajustados a Ley, que puedan coartar o entorpecer las decisiones políticas, ni tan siquiera de quienes detentan el poder?

-¿Por qué un señor pretende acceder a un puesto por el mero hecho de cumplir unos requisitos legales y haber ganado una oposición?

-¿Por qué, para mayor incordio, se convocan oposiciones?

-¿No es suficiente que el control de las cuentas de Nuestra Señora sea refrendado por una persona de su confianza?

Si la misma Nuestra Señora está ocupando su puesto por puro chalaneo político, ¿vamos a meternos en asuntos menores?

Ya es hora de que nos demos cuenta o entendamos que eso del Estado de Derecho no quiere decir nada, nada por lo menos que se asemeje a lo que parece decir; y que unas simples normas basadas en el tal llamado Estado de Derecho, por mucho que lo digan los jueces, no tienen porqué entorpecer el hacer y decisiones de los políticos, y mucho menos los de Nuestra Señora.

Internet, pero menos

Que Internet es un medio muy útil y ha significado y está aún significando un cambio o, si se quiere, un avance muy importante en las comunicaciones mundiales es evidente.

Que apenas escrito un mensaje y enviado, puede estar a disposición del destinatario, si bien es real, para mucha gente es increíble.

Que se puedan mandar imágenes, textos, y cualquier tipo de información, incluso compleja, en más o menos tiempo, dependiendo de la capacidad del ordenador y de la clase de línea que se usen, nadie lo hubiera imaginado hace unos lustros.

Que desde un ordenador se pueda trabajar en otro, no importa la distancia a que se encuentre, es otra de las grandes posibilidades de Internet.

Y que en Internet existen unos cúmulos de información y datos relativamente accesibles con facilidad, es algo que nos deja admirados.

Pero Internet, donde se puede encontrar información sobre cualquier asunto en cantidad mucho mayor que la que podamos ojear, puede resultar una maraña indescifrable.

Como simple ejemplo he indicado en uno de los buscadores que encontrara sitios o páginas en los que figurara alguna de las dos siguientes palabras: “miro” y “llull”. En 22 segundos me ha indicado que había encontrado 3.150.000 referencias, dejando a mi disposición unas listas para poder ir viéndolas una a una. ¿Sirve para mucho esta información inalcanzable?

Después he restringido la búsqueda a sitios en la que aparecieran simultáneamente las dos palabras: “miro” y “llull”. El resultado ha sido de 10.700 referencias. Para acotar más la búsqueda he indicado que sólo quería el conjunto, o frase, “miro llull”. En este caso me ha dado 62 referencias, todas relacionadas conmigo. También he efectuado una búsqueda de “mirollull” y me ha devuelto 24 referencias, igualmente relacionadas conmigo.

Con esto se ve la capacidad de encontrar información en Internet, pero también la dificultad e inutilidad, por exhaustiva, que puede presentar su uso.

Y ello me lleva a plantear qué se pretende con la campaña “Todos en Internet” que ha promovido el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio, que ahora se está desarrollando en Baleares con aulas fijas y móviles, con 25 ordenadores cada una, y con una sesión gratuita de aproximación al uso y manejo de Internet de unos 45 minutos por persona.

Sólo le veo un interés, inducir a la compra de ordenadores y sobre todo al uso y pago de líneas de acceso a Internet. Puede que sea un apoyo ministerial a las empresas de telecomunicaciones, para animarlas en sus inversiones.

Porque Internet puede ser, y es, una adicción más de la sociedad de consumo. Y una forma más de entretener y mantener la “ineducación” que promueve la LOE (que yo llamé LOI en otro artículo).

En mi opinión, el mayor número de usuarios de Internet, o Red, en el sentido que propone la campaña “Todos en Internet”, es gente que pierde el tiempo en páginas inútiles, cuando no algo peor que inútiles.

El papado en el buen “Camino”

Muchos de nosotros fuimos creciendo con la imagen mayestática de un papa elevado varios pies por sobre la tierra de los humanos. En sus apariciones en la ventana del Vaticano, los videntes quedaban anonadados y profundamente edificados.

El papado de Pío XII duró unos diecinueve años y en ellos tuvo que usar todas sus dotes políticas y diplomáticas, que no eran pocas ni posiblemente remiradas, para navegar por un mundo proceloso. Como príncipe de la Iglesia y como jefe del Vaticano mantuvo el timón de su poder espiritual y material dentro de los estrictos cauces tradicionales en un aura de hombre excepcional.

En 1959, por uno de esos extraños e inconcebibles acontecimientos, le sucedió en el solio pontificio Juan XXIII, un hombre que parecía no importarle mucho ni la tiara ni el báculo. ¿Cómo pudo, la curia romana, cometer el desliz de escogerle? ¿Se pensó que, por su avanzada edad, sería un inocuo papa de transición? Pero, así, sin darse cuenta escogieron a un hombre de Dios, si es que así se puede llamar a un hombre bueno, que por lo visto aún existe alguno, aunque difícil de encontrar en las altas jerarquías eclesiales.

Lo cierto es que en cuatro años, Juan XXIII estuvo a punto de poner patas arriba todo el andamiaje eclesial. Nada menos que se le ocurrió proclamar el Concilio Vaticano II, y de no haber sido porque debió de contar con oportunas ayudas para no avanzar como él pretendía, y también gracias a la providencial brevedad de su papado, hubiera podido organizar un verdadero cisco.

Su sucesor, Pablo VI, tuvo que apañárselas para no decir que no pero tampoco sí. El prestigio y la estima de Juan XXIII no permitían un desmontaje frontal de sus propuestas de renovación. Pero los siete años de Pablo VI, recondujeron las posibilidades de recuperación, y hasta, a su muerte, introdujeron un intermedio, 33 días de papado de Juan Pablo I, cuya anómala e imprevista muerte, que yo sepa, ni Camilieri con su sagaz Montalbano ha intentado desvelar.

Mientras tanto, todo había quedado dispuesto para el papa que llegó de la persecución. Desde su elección ya hubo voces que alertaron del cambio de rumbo eclesial que se iba a producir. La apertura del Vaticano II , sin estridencias pero con mano dura, tenía que cerrarse; dejar que en lo folclórico el pueblo se creyera liberado, pero volver a la solidez doctrinal y, sin concesiones, que devolviera a la Iglesia sus signos distintivos: catolicidad, apostolicidad y romanidad.

Había que tender la mano a las otras confesiones para propiciar la unidad y su acercamiento al signo verdadero de la fe, que el mismo tiempo había que propagar con las mejores armas del apostolado y auténtico espíritu misionero; defendiendo, a la par, con el empecinamiento de un Pablo de Tarso, los auténticos valores tradicionales tan bien difundidos por el Opus Dei, obra de la cual no sé si Juan Pablo II era un ferviente postulador o, por el contrario, una cautivo de su ingente expansión.

Si no, ¿a qué vino el trueque de santificar -por vía rápida y sin las exigencias precisas en los requisitos- a monseñor Escrivá a cambio, por parte del Opus Dei, de la resolución de los serios problemas financieros y sociales del Banco Ambrosiano?

Juan Pablo II, desde su lógica, ha devuelto la sensatez a una iglesia que se estaba, y se está, contaminando de los valores faltos de moral y de fe de una sociedad ajena a los auténticos valores religiosos, pero que está echándose en brazos de chamanes, magos, echadores de cartas, astrólogos, etc.

Juan Pablo II ha marcado el camino claramente y, en su labor, no en vano ha regido la Iglesia hasta su fin e incluso a nombrado obispos y arzobispos no “in artículo mortis” sino “in transito mortis”. Y su obra seguirá incólume, pues ahí está la Obra para asegurarlo, que a la preservación de los valores más prístinos del catolicismo, apostólico y romano, unirá la eficaz gestión –en eso la Obra tiene especialistas- de una auténtica multinacional.

Se cuenta que Juan XXIII, cercana ya la hora de su muerte, se lamentaba de no haber comprendido tres misterios: el de la virginidad de María, el de la Santísima Trinidad y el de qué cosa era eso del Opus Dei.

Juan Pablo II, razonablemente, no habrá tenido estas tres dudas, pero con toda seguridad ninguna sobre el Opus Dei.

La Real, un poco más

Fabián, tampoco tú te privas de nada. Tu manera de decirlo es bien directa: “No defienden La Real, sino que atacan a quienes gobiernan”.

A mí me han llamado inconsciente y desinformado, pero a ti ¿qué te van a llamar? Bueno, a ti y a mí, porque yo aún atizaré el fuego.

Porque también me han dicho: “Estar detrás del “Salvem La Real” es lo más digno que podemos hacer ahora mismo los mallorquines para recuperar la dignidad”. (Idò! como diría un “angelot” de Pla.)

Bien, dejo mi comentario para después; ahora, empero, quisiera saber cuantos de los fervorosos defensores de La Real sabe realmente qué es y si han pisado su suelo para algo más que llevar o ir detrás de unas telas pintadas.

¿Saben que se trata de un monasterio que, fundado en una época muy remota, de cuya construcción primitiva no son muchas las piedras que le quedan; y que fue famoso por los estudios promovidos por Ramon Llull, pero que la biblioteca, por otro lado muy acogedora y bella y bien dotada de libros y grabados antiguos, no es la primitiva sino una edificación más próxima a nuestros días y su fondo recopilado no hace mucho más de un siglo?

¿Saben que tiene un claustro amplio, agradable y pacífico; que por sus ventanas, cuando es su tiempo, se ven los almendros en flor, y que tiene unos terrenos propios que rodean las edificaciones?

¿Y que es un lugar querido por los mallorquines, especialmente tal vez por los ciudadanos que hace ya más de cincuenta años, por San Bernardo, íbamos a por albahaca y para comprar siurells?

Todo esto, que yo sepa, nadie lo ha atacado; ni sé que hayan querido expropiarse ni terrenos ni edificaciones del monasterio; ni que se haya pretendido expulsar a los “coritos”.

¿Qué es pues lo que, con tanta algarabía, un grupo de gente (gente que dice que está muy bien informada), necesita salvar?

Yo, hasta el momento, el pegote mayor que he visto ante La Real, es una pretenciosa instalación de venta de plantas de “segunda mano”, eso que, creo, llaman un vivero, que pone una nota bastante chapucera en el paisaje.

Y ahora vuelvo al principio, a que lo más digno que podemos hacer ahora mismo los mallorquines es estar tras el “Salvem La Real”. A mí, qué queréis que os diga, me suena a frase ampulosa y hueca, de esas que quieren parecer importantes y que no dicen nada. Y en cuanto a lo de “recuperar la dignidad” no me queda sino preguntar ¿qué dignidad? Si la dignidad de los mallorquines depende de este sarao, aviados andamos: ¡pobre y esmirriada dignidad!

Hab. 626 – Murillo

Las obras sobre pintura, salvo ediciones especiales, y éstas aún con reservas, poco sirven para hacerse una idea del valor pictórico de una obra. Es más, por lo general la pintura de calidad, reproducida, suele parecer peor y la pintura mala –aunque hay casos en que ni así- suele aparentar una mayor categoría. Sin embargo, los libros en que hay reproducciones, suelen ser útiles para dar una idea de la iconografía que desarrolló el pintor y de la estructura compositiva de la obra.

Pero el más sencillo indicador de la calidad pictórica no se suele poder apreciar en las reproducciones. Este indicador, es el que podemos llamar la “escritura” del pintor; y se revela en su pincelada, de la cual sale el entramado matérico y colorístico que constituye el cuadro.

Salvo en la reproducción de detalles a tamaño real, o casi, y aún con las limitaciones de no alcanzar la justeza del color ni la calidad táctil de la realización, no se pueden atisbar las sutiles características que elevan la pintura a obra de arte, algo bastante por encima de la simple obra de oficio o artesanía.

La colección que está editando EL MUNDO con el patrocinio del BBVA, por su cuidada edición y por los detalles ampliados que ofrece de cada pintor, sí sirve para hacerse una idea bastante válida de los pintores que reúne. Sus ampliaciones de fragmentos de las obras permiten apreciar eso que he llamado la “escritura” del pintor y además permiten establecer comparaciones, muy reveladoras, entre los distintos modos tanto de planteamiento como realización del tema que nos presenta.

Asunto aparte es encuadrar a cada artista en su época. Pero, sí, queda patente como un mismo asunto obtiene una resolución y una categoría muy distinta entre unos y otros. Sugiero a quienes van siguiendo la colección que comparen las imágenes de unos y otros pintores y especialmente los detalles ampliados de cada uno.

No dudo que podrán constatar, con las variaciones intrínsecas de cada uno, la maestría de cada uno de los once primeros artistas de la colección. Y espero, que, en comparación con ellos, descubrirán la enorme distancia a que se encuentra Murillo.

¿Puede, Murillo, equipararse a cualquiera de los otros? Desde mi punto de vista, no. Murillo tenía oficio de pintor, pero tanto en su “escritura” como en sus asuntos, no pasa de ser un pintor relamido, sentimentaloide y de poco fuste. Durante muchos años ha sido muy reproducido en estampas de primera comunión -no sé si eso está todavía de moda- y sus cuadros de niños comiendo o bebiendo son realmente empalagosos. Puede que alguien no piense como yo, pero por poco que revise la colección de la que hablo, incluso de los títulos que todavía están por aparecer, no creo que tarde en darme la razón.

Hab. 626 – Díptico

Eso será la ESO

Un titular de prensa en primera página:

“Un estudiante podrá llegar al último curso de la ESO con doce materias suspendidas”

Supongo que quienes consigan este brillante expediente, sin necesidad de “estudiar” más, tendrán acceso directo y automático a un puesto político o, como mínimo, a una comisión de expertos.

Yo, incluso, propondría que excepcionalmente se pudiera llegar a trece materias suspendidas, y a quien fuera capaz de tal proeza sin el menor atisbo supersticioso, se le propiciara, previo compromiso a ignorar totalmente otra materia, que sería la número catorce, a obtener el título de “Ignorante Laureado por la LOI” (Ley Orgánica de Ineducación), que quedaría más pertinente que la LOE.

La Real como pendón

Es curioso, mi artículo que más comentarios ha obtenido es “El show de La Real”; La Real. Ca 1965, esbós de mlltampoco es que sean muchos, pero 5 son más que 0. En uno se me tilda de inconsciente; en otro se me dice que inconsciente, no; pero sí desinformado. De todos modos, deduzco que, sí, se manifiestan y hay motivos de desacuerdo sobre los terrenos circundantes de La Real, y que una parte importante del problema está en si Son Dureta o si Son Espases (en el fondo, cuestiones de intereses especulativos y de a río revuelto, ganancia de pescadores) y contubernios o enfrentamientos político-especuladores.

De refilón también se mencionan las urbanizaciones cercanas a La Real, y se dice que éstas no constituyen ningún problema (claro, el problema es para la zona de chalés, que verá alterada su tranquilidad vial y ambiental).

La Real, que poco les importa a todos por cuanto pueda significar (lo que muchos ignoran), sí, en cambio, como excusa y en defensa de los intereses de unos y otros, la están utilizando como banderín de enganche y pendón de primera línea.

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Il·lustración: Miró Llull. >La Real. ca 1965. Esbós al oli d/cartó.

Hab. 626 – El divino patético

Las opiniones son encontradas. Para unos, la imagen del papa deshaciéndose en añicos es degradante y de mal efecto. Incluso son muchos quienes piensan que no tiene la presencia requerida para ostentar el papado; que es una mala representación de la Iglesia y que debiera dejar en manos sucesorias sus funciones.

Hay argumentos suficientes en pro y en contra. Los míos, creo que acordes con la enseñanza eclesiástica, tal vez un tanto radicales.

¿Puede su santidad, un hombre que desde hace años no es sólo hombre, sino el designado por la divinidad para ejercer y organizar sus designios “urbi el orbe”, desmoronarse por unos achaques corporales y enfrentarse con el “non serviam” a quien le ha le ha hecho su vicario en la tierra.

Podrá pensarse que su decisión de empecinarse en seguir en el ejercicio de su puesto es una manifestación orgullosa de creerse imprescindible, pero no es más que la consecuencia de servir a quien le ha elevado a tan alta e ineludible responsabilidad, hasta el final de sus fuerzas, y, en eso sí, con el orgullo de la máxima entrega.

Pero tampoco debemos olvidar que si su misión es la de pilotar la nave de la Iglesia, su mano, a su vez, es el instrumento movido por designios superiores y supremos. Y en él actúa el “espíritu que sopla donde quiere”. ¿No es lógico que mantenga el timón sabiendo que su mano, hasta el último momento, será sustentada por la mano divina?

Estos son los razonamientos que cualquier católico debe hacerse. ¿No es ésta la enseñanza de la propia Iglesia? Si no lo aceptamos así, ¿qué tenemos que pensar?

¿O es que la razón está de parte de quienes ya están maniobrando indigna y aviesamente para sucederle en su altísimo solio, y así, cargando con la responsabilidad del poder eclesiástico, detentar el inmenso y abrumador peso de la tiara?

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Una nota sobre la nave

En tiempos del Vaticano II (que sí existió alguna vez), en una tertulia en la que, entre otros estaban mis amigos Pep Estelrich y Fernando Mir (por aquellos días Don Pep y Don Fernando), hablábamos de la necesaria renovación de la Iglesia. Yo les propuse que la Iglesia era una nave que a través de los siglos llevaba tal lastre de adherencias, que precisaba una buena limpieza de fondos, un severo rascado de cuánto se le había ido pegando. El símil, a los tertulianos, les pareció bueno y aceptable. Pero faltaba una consideración final: había que asumir un riesgo que, si se quería mantener la nave, posiblemente era excesivo correr.

Cabría que todas las adherencias que veíamos fueran realmente el barco. Y que, rascando, rascando, al final de la limpieza, debajo, donde debía estar, no encontráramos ningún casco; en definitiva, que no existiera nave alguna; en todo caso sólo algunos viejos y difíciles de descifrar manuscritos arameos o griegos, no muy coherentes con toda una parafernalia de morados, blancos y oros.

Hab. 626 – El culo del caballo

He visto una foto en un periódico y me ha recordado la carga y descarga, por medio de bragas, de mulas y caballos en el puerto de Palma, debajo de La Riba, cuando todavía el transporte marítimo era en veleros motorizados a vapor. Aquellas operaciones se hacían, naturalmente, a plena luz. En la de la foto de ahora, se veía nocturnidad y se presumía la alevosía. ¡Qué sarampión, madre, se están contagiando con eso de los símbolos muchos politiquillos, poco más que imberbes, y a todas luces carentes de cualquier indicio de nuestra historia.

¿A qué viene tal afán de ocultar o tergiversar bastantes de las últimas décadas que hemos vivido? En Mallorca, estoy seguro, el ojo vigilante de Sa Faixina, mira estupefacto lo que está sucediendo con toda su capacidad de sorna. Y al mirarse también a sí mismo desde lo alto de una torre del más puro estilo fascista, contempla a sus pies los cambios bobalicones a que el mismo ha sido sometido. Porque si fueron héroes los del crucero “Baleares”, lo fueron y punto, sin que haya que atender a banderías.

Puestos a derribos vergonzosos, para que nos sirva de ejemplo ¿por qué no rendimos homenaje a la demolición de las Murallas, cuya piqueta para que el alcalde quitara la primera piedra, es hoy objeto honorífico de museo?

Espero que al salir e la 626, todavía podré reencontrarme con los dos romanos, representantes de unos de los pueblos invasores de las islas, que, años ha, sin cambiar de sitio, alternativamente unas veces han estado en la vía Roma y otras en La Rambla.

Como también espero que no se haya quitado la placa de uno de los próceres romanos que mereció, en su casa, el título de Balearicus por el asedio y sometimiento de los isleños a los intereses de Roma: Quinto Cecilio Metelo. Porque, en el plan en que estamos ¿pertenece la historia de Mallorca o a la de Roma?

Si seguimos con esa clase de criterios, la limpieza de signos o símbolos históricos puede ser importante. Posiblemente, por ejemplo Palma, es una ciudad con bastantes calles dedicadas a invasores, con mejores o peores maneras políticas.

¿A que tanta fobia a signos y recuerdos de una época, no precisamente ejemplar, pero de la que, de una u otra forma, somos herederos y de la que bastantes, o muchos, viven de sus rentas? ¿Es la pretensión de librarse de una mala consciencia? ¿O son ganas de distraer de hechos y acontecimientos bastante recientes? ¿Y posiblemente, por su aparente cobertura democrática, mucho más reprobables? Hechos que, en cierto grado y manera, todavía podemos enmendar, para dejar a nuestros nietos una España que pueda ostentar algo de dignidad.

Dejémonos de pantomimas de poner caballos con el culo al aire. Con que no deformáramos los capítulos de la época González, sir ir más lejos, y lográramos que sus desafueros y sus –me atrevo a decir- obscenidades no siguieran contaminando el presente y se quedaran en un nefando y mal recuerdo para el futuro, a nuestros hijos y nietos les aportaríamos suficiente beneficio.

De lo contrario, el mejor regalo o herencia que podremos dejarles, será un billete de ida para cualquier otro lugar cuya democracia sea, hasta donde pueda, más verdadera que la que se vende en nuestras plazas.

Hab. 626 – El euro, para España

¿Quién se quedará con el euro? Por lógica, el territorio que quede con la denominación Reino de España. Y por seguir la tradición y por ser la comunidad autónoma más cosmopolita, quiero decir, menos pueblerinamente nacionalista, salvo que a última hora le salga algún pretendiente para unirse, que no asociarse libremente, a la nueva España, ésta tendrá que seguir en la Comunidad Europea, al menos si la Comunidad Europea no replantea su pertenencia, y trampeárselas como pueda, con el euro.

El resto de autonomías ya pueden ir buscándose la vida de su independencia, que, por el momento, ni en la Comunidad Europea les van a dar un hueco si no es en la ventanilla de presentación de solicitudes de integración. Porque primero tendrán que presentar el papeleo, si es que les interesa, algo que está por ver para las comunidades históricas y con más prosapia, que, para ellas, eso del círculo de estrellitas puede que les quede pequeño.

Con todo, lo del euro, no va a ir con ninguno de los nuevos países independientes, que en eso devendrán, normalmente, dieciséis de las comunidades autónomas. Y buscarle o aplicarle una nueva denominación a su moneda –lo de la paridad ya será más complicado- he ahí un serio tema a plantear y tal vez con más urgencia de la que podamos imaginar.

Para mí hay casos claros de denominación, tan claros que se impondrán por circunstancias propias de la nueva nación. No dudo, por ejemplo que Cataluña tiene una clara opción que casi es imposición ineludible: si “la pela és la pela”, la “pela” tendrá que ser. Porque no creo que prefieran decidirse, tomando la ambigüedad de un cuadro de Miró de los años veinte, por el “sard”, que tanto puede referirse a la sardana como a la sardina.

Extremadura tampoco tiene duda; el “bellotari” sólo tiene que escoger entre el “belloto” o alguna de sus variantes: “bellotón” o “bellotín”, como mejor le guste o le suene.

Galicia tampoco tiene alternativa: por toda una historia entroncada con los tiempos de “la calle es mía” y por su perdurable relicario, tiene que ser el “fraguín”.

El “harria” o el “chapelo”, cualquiera de los dos podría valer para Euskadi; para Andalucía, el “giraldo”; para Valencia, el “miquelet”; y así, etc. etc.

Y para nosotros, quiero decir las Baleares, o lo que sea, no voy a proponer la cursilada del “talayot”, que, además parecería moneda de coleccionismo más que de intercambio. Tal vez, si no fuera porque no acaba de funcionar a pesar de ser el mejor “lototrot” del mundo, hubiera valido algo así como el “trotín”, pero, para mayor alcurnia y durabilidad no estaría nada mal que adoptáramos el “mamó”. Podría beneficiarse del prestigio derivado del honor merecidísimo del aniversario y de los certeros negocios de la muy honorable MAM.

NOTA:

Harria = piedra

Harrijasotzaile = levantador de piedras

Hab. 626 – El show de La Real

¿Alguien sabe qué se quiere decir con eso de “Salvem La Real”? ¿Qué es La Real que necesita salvar? ¿Y de qué o de quién hay que salvarla? Vuelven a estar a punto de pasar por la acequia tropas invasoras herederas de las desembarcadas en Santa Ponsa y Sa Porrassa camino de la Puerta de Santa Margarita para pasar a sangre y fuego a los incordiantes amurallados?

Quisiera saber quién y qué cuento de la buena pipa les han contado a Luís Llach –con quien hablé en Madrid en la presentación de la película de José Luis Sampedro sobre los maderereros- y a mi admirada amiga Maria del Mar Bonet, para que se presten a defender un no sé que confuso intríngulis de diversos intereses y negocios.

Me diréis que Son Espases es un juego de arribistas, especuladores y de especialistas en sacar de terrenos agrícolas las plantas que, a corto plazo, mayor cosecha de euros –blancos y negros- son capaces de producir. Y entonces pregunto, ¿qué tiene que ver esto con La Real? ¿Su cercanía? Si queremos expandir la ciudad y dotarla de servicios –especuladores incluidos y favorecidos- por algún lado habrá que tirar. Tal vez lo que habría que proclamar es “Evitemos Son Espases”, con o sin razón.

¿Que lo que se quiere salvar es la tranquilidad de las barriadas de adosados que se han construido, y que pueden seguir construyéndose, junto a La Real, y evitar que ese pequeño paraíso sea engullido, o por lo menos incordiado, por el progreso del que todos queremos beneficiarnos, mientras esté a unas yardas de nuestra comodidad?

Con lo escrito hasta aquí, todavía no he demostrado enterarme de qué significa “Salvem La Real”.

Y todavía me queda otra pregunta, Toni Vallespir; sé que sabes en qué andaduras me hallo, y desde hace tiempo, en estos momentos. Como sabes, puedo pensar y escribir. Para luego, hay algunas cosas que me gustaría hablar contigo. ¿Qué salvación necesita La Real? Tenerla como en tiempos de Ramon Llull es ya un imposible y una entelequia. Para mantener el recuerdo y aportación lulianos y adaptarlos a nuestros días en sus actividades y actuaciones ¿necesita la parafernalia que se ha organizado?

Espero que cuando nos veamos, me aclares quien os ha metido en todo este berenjenal y si hay una razón convincente para todo este jolgorio.

Hab. 626 – El invento del euro

¿Qué es el euro? De tan evidente, la pregunta parece una perogrullada. El euro es una moneda de intercambió que posiblemente no tiene cobertura suficiente.

Antiguamente se decía que, por ejemplo, la peseta, era un trozo de papel o círculo de metal que representaba una parte alícuota de las reservas de oro que atesoraba el Banco de España. La cobertura en oro de la peseta ya se fue devaluando con el gran descubrimiento del sistema económico: la inflación. La inflación no es ni más ni menos que un acuerdo para que cada día tengan que pagarse más unidades monetarias por algo que intrínsicamente no aumenta ni en calidad ni en valor. Es un mecanismo, por el cual, sin mejorar el rendimiento de las explotaciones primarias e introduciendo en el mercado muchos cachivaches inútiles, se consigue movilizar cifras monetarias ingentes que no responden a un proceso productivo lógico.

Y el euro, en eso de aumentar los precios de las cosas sin ningún aumento de su valor ha sido “el truco del almendruco”. Ya casi se ha conseguido que mentalmente equiparemos 1 euro a 1 peseta, y encima, por la menor cantidad de guarismos, tengamos la sensación de que los precios han bajado. ¿No es mucho más barato ahora un libro por 15 euros que antes por 2 500 pesetas?

Para colmo, el Euro es una moneda que aun teniendo el mismo valor facial en toda una comunidad de naciones no proporciona a igual cantidad de euros la misma equivalencia en productos o servicios en todas ellas . Y, para colmo, prácticamente carece de responsable emisor. Una siglas, al parecer en diferentes idiomas, con un burujo debajo, parecen toda su garantía.

La peseta, por lo menos, llevaba unas firmas, con indicación del correspondiente cargo, entre ellas la del Director del Banco de España, que le daban una supuesta solvencia.

Y ahora se me ocurre una duda, ¿qué ha pasado y para qué sirven las reservas en oro del Banco de España? ¿Continúan en sótanos protegidos? ¿O, tomando como precedente la operación de traslado efectuada por los “rojos” y llamada el “oro de Moscú”, los socialistas actuales –los “rojos” de siempre con una adicción a los lingotes, demostrada, superior a la de los “blancos”-, para lo que sirven ocultos en mazmorras estos trocitos de metal ¿les habrán liberado de su condición de inerte y ominosa esclavitud, para convertirlos, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Merced y de Nuestro Señor de los bonsáis, en alivio y redención de agravios, injusticias, penas y penados?

Hab. 626 – Dioses a medida

Hoy quizá no este demás escribir una reflexión religiosa (y advierto que me tomo el concepto “religión” con pinzas). ¿Alguien sabe de verdad qué es una religión? En el sentido etimológico viene del verbo “religare” –si el verbo es latino, algún origen más antiguo tiene que tener, pero ahora no puedo remontarme tanto porque no tengo documentación suficiente a mano; ni, por otra parte, no tengo ganas de buscar por Internet, que ya es una gran enciclopedia de la verdad y la mentira. Por tanto, quedémonos en “re-ligare”: ligar algo con algo, o ligar las persona con una creencias. Lo que sí es cierto –y esto tiene gran importancia en el devenir y conformación de las diferentes sociedades (o tribus) que han formado y forman la humanidad, es que sobre el miedo ancestral a lo desconocido se han organizado conjuntos de creencias en seres superiores o inferiores –ultraterrenos- unos benéficos y maléficos otros.

Y tan equivocados están quienes pretenden que la religión o la historia de las religiones, no figuren en la enseñanza oficial, como quienes quieren que “su” religión, mejor dicho, su particular manual –judíos, mahometanos, católicos, ortodoxos, testigos, mormones, etc. etc.- de normas de comportamiento, de realización de ritos, de definición de virtudes y pecados, figure como asignatura reconocida. Conviene –y hasta es imprescindible- que sepamos qué han sido y son y cómo han actuado y actúan las sociedades para organizar su “re-ligación” con lo desconocido y temido. Y cómo se han instituido unas castas mágicas o sacerdotales, que –ejerciendo gran poder e incluso formando parte de la de la estructura civil de los pueblos, se han organizado administrativa, económica e institucionalmente.

¿No es revelador que en pleno siglo XX pueda montarse un tinglado como el del Palmar? ¿O es que la humanidad sólo progresa técnica y científicamente? El del Palmar es la demostración más burda de a donde se puede llegar con “inventos” así; pero se encuentra muy próximo de otros, si se quiere más “finos” y “elegantes”, como el Opus Dei, los Legionarios de Cristo, y otros que seguramente andan por ahí, algunos en pareja como antes los carabineros.

Es evidente que hay una parte de “re-ligación” del hombre –de la persona- con el resto de la creación, de cuyo todo forma parte.

Pero de ahí a decir que “Dios nos creó a su imagen y semejanza” es extender una nebulosa para que no nos enteremos, si es que podemos, de quiénes somos y por qué estamos aquí: una esferita minúscula en una infinitud de constelaciones de cada día por más investigadas, con más incógnitas.

Propongo, y no soy yo sólo quien lo dice, que nos planteemos y reflexionemos si no somos nosotros quienes hemos creado a Dios a nuestra imagen y semejanza. Si no es así, ¿cómo explicar tan diversas religiones y tantos dioses?

Sé que, para muchos, mi reflexión será impertinente, insolente e irreverente , y más en el día del Jueves Santo. Ya lo dije en otro momento: “tanta sinceridad... cuánta impudicia.”

Cierro esta reflexión con una proposición de mi amigo Joan Oliver “Maneu”. Ampliando y contestando una expresión mía, me ha escrito:

“Mals llamps els sords i muts d’esperit, perquè d’ells serà el regne de la ignorància.”

Más o menos traducido, dice: “Malaventurados los sordos y mudos de espíritu, porque de ellos será el reino de la ignorancia”.

Hab. 626 – Dioses a medida

Hoy quizá no este demás escribir una reflexión religiosa (y advierto que me tomo el concepto “religión” con pinzas). ¿Alguien sabe de verdad qué es una religión? En el sentido etimológico viene del verbo “religare” –si el verbo es latino, algún origen más antiguo tiene que tener, pero ahora no puedo remontarme tanto porque no tengo documentación suficiente a mano; ni, por otra parte, no tengo ganas de buscar por Internet, que ya es una gran enciclopedia de la verdad y la mentira. Por tanto, quedémonos en “re-ligare”: ligar algo con algo, o ligar las persona con una creencias. Lo que sí es cierto –y esto tiene gran importancia en el devenir y conformación de las diferentes sociedades (o tribus) que han formado y forman la humanidad, es que sobre el miedo ancestral a lo desconocido se han organizado conjuntos de creencias en seres superiores o inferiores –ultraterrenos- unos benéficos y maléficos otros.

Y tan equivocados están quienes pretenden que la religión o la historia de las religiones, no figuren en la enseñanza oficial, como quienes quieren que “su” religión, mejor dicho, su particular manual –judíos, mahometanos, católicos, ortodoxos, testigos, mormones, etc. etc.- de normas de comportamiento, de realización de ritos, de definición de virtudes y pecados, figure como asignatura reconocida. Conviene –y hasta es imprescindible- que sepamos qué han sido y son y cómo han actuado y actúan las sociedades para organizar su “re-ligación” con lo desconocido y temido. Y cómo se han instituido unas castas mágicas o sacerdotales, que –ejerciendo gran poder e incluso formando parte de la de la estructura civil de los pueblos, se han organizado administrativa, económica e institucionalmente.

¿No es revelador que en pleno siglo XX pueda montarse un tinglado como el del Palmar? ¿O es que la humanidad sólo progresa técnica y científicamente? El del Palmar es la demostración más burda de a donde se puede llegar con “inventos” así; pero se encuentra muy próximo de otros, si se quiere más “finos” y “elegantes”, como el Opus Dei, los Legionarios de Cristo, y otros que seguramente andan por ahí, algunos en pareja como antes los carabineros.

Es evidente que hay una parte de “re-ligación” del hombre –de la persona- con el resto de la creación, de cuyo todo forma parte.

Pero de ahí a decir que “Dios nos creó a su imagen y semejanza” es extender una nebulosa para que no nos enteremos, si es que podemos, de quiénes somos y por qué estamos aquí: una esferita minúscula en una infinitud de constelaciones de cada día por más investigadas, con más incógnitas.

Propongo, y no soy yo sólo quien lo dice, que nos planteemos y reflexionemos si no somos nosotros quienes hemos creado a Dios a nuestra imagen y semejanza. Si no es así, ¿cómo explicar tan diversas religiones y tantos dioses?

Sé que, para muchos, mi reflexión será impertinente, insolente e irreverente , y más en el día del Jueves Santo. Ya lo dije en otro momento: “tanta sinceridad... cuánta impudicia.”

Cierro esta reflexión con una proposición de mi amigo Joan Oliver “Maneu”. Ampliando y contestando una expresión mía, me ha escrito:

“Mals llamps els sords i muts d’esperit, perquè d’ells serà el regne de la ignorància.”

Más o menos traducido, dice: “Malaventurados los sordos y mudos de espíritu, porque de ellos será el reino de la ignorancia”.

Hab. 626 – IB3 me preocupa

¿Debe preocuparme la existencia de IB3? Como ciudadano, sí; y hasta si queréis, un poco más que cualquier otra emisora local o canal. Porque si va a ser el organismo de propaganda y de formación del espíritu autonómico, hay mucho riesgo de que nos intente promocionar de la mano del partido gobernante, la unidad pueblerina asociada a Cataluña de destino en lo universal. Y también, porque véala o no, tendré que leer en los periódicos cómo se va enjuagando el déficit que desde “s’entreforc” y pasando por “sa fosca” bajará caudaloso por el Torrent de Pareis.

Por otra parte, esto de la IB3 debe ser en mi una fijación, que me hace dudar de mi pretendida y no deteriorada claridad mental.

Este asunto –después de años ha de no andar por estos berenjenales- me ha recordado la existencia de unas técnicas y métodos de dirección, gestión y control empresariales –y hasta he sentido un instintivo y fugaz ramalazo de interés por poder aplicarlos, aunque sé que es imposible en esto de IB3.

No se trata de que IB3 –per se, una entidad no lucrativa- tenga que alcanzar beneficios. Sólo seria preciso establecer unos objetivos razonables y correctos de sus horas de emisión; y en función de éstas mantener unos medios técnicos adecuados, unas plantillas eficientes y ajustadas, un control de recursos de explotación, unos aprovisionamientos concordantes con la producción, y, para no extendernos más, establecer un sistema de control presupuestario –presupuesto previo y seguimiento de su cumplimiento o incumplimiento-. El seguimiento suele llamarse análisis de desviaciones, y se efectúa a medida que se realizan las acciones a controlar, nunca a año pasado.

Después de leer hasta aquí, ¿alguien puede extrañarse de que, como he indicado antes, pueda poner en duda mi lucidez actual?

Lo que he expuesto, pienso, con la mayor benevolencia sólo se puede tildar de utopía. Sin tanta generosidad, se queda en algo de Goya: “Los sueños de la razón producen monstruos”.

Hab. 626 – San Nicolás se desmoronó

Nos llegan noticias de allende los mares que bañan la costa barcelonina, de que, por las aclaraciones y por las actuaciones que pretenden llevarse a cabo, las obras efectuadas en la ciudad condal más allá del ensanche, han sido y son hechas en el más puro estilo postfranquista; o, lo que puede ser lo mismo, en la más cuidada ingeniería pujolista, que ha sido asumida por sus continuadores en el manejo, al modo del Gran Capitán, de las cuentas de “palas, picos y azadones”.

Aquí, no sé si por cumplir con su papel de opositor desde su posicioncita en el corral político o si porque realmente cuenta con indicios e informaciones apropiadas, el señor Grosske dice que lo del aparcamiento Antonio Maura puede resultar algo así como los de los “Carmelos” barceloneses.

¿Lo dice sólo por cumplir con el recitado que le ha tocado en el reparto? ¿O es que sabe, acaso, que por los alrededores de la plaza de Quadrado hubo sus corrimientos de tierras, grietas y descenso de suelos, con sus respectivos medios a hundimientos, al hacerse las excavaciones para instalar el sistema neumático de basuras? ¿Sabe, el señor Grosske, si se controla el funcionamiento correcto de la instalación, o, si en el momento menos pensado, una acumulación de metano, con su estallido, puede dar un buen susto a los vecinos?

Pero, es que hay más, señor Grosske. La propia Iglesia de San Nicolás, la que existe hoy en día, no es más que en parte la elevada en su día. Por lo menos son dos los desmoronamientos que sufrió. Uno más grave que el otro. Y no por lluvia o rayo. Fueron por su asentamiento en tierras ligeras y con filtraciones. Casi a su vera, y hasta el Teatro Principal llegaba el entrante marítimo desde S’Hort del Rei, que, a su vez, recibía las aguas de la rambla.

¡Cuánto más hurguemos y removamos los basamentos de esas zonas, más sorpresas podremos llevarnos! ¡Y no precisamente divertidas!

Hab. 626 – La casita museo

Hab. 626 – La casita museo

¿Es una epidemia? Ahora, cualquier institución, entidad autobenéfica, ciudad, pueblo o villorrio pretende tener un museo o casita similar. En otros tiempos se montaban capillas y ermitas, sin ostentación y sin fotos para salir en primera plana. A lo más, el pregonero voceaba el acontecimiento.

Cuando llegué a Madrid ya había museos, claro, igual que en Palma cuando me fui, pero no, ni aquí ni allá, había “museitis”. Algunos incluso estaban cerrados, otros tenían algo de polvo y horario restringido, pero no tenían tantas ínfulas, eran lugares de silencio, contemplación y reflexión. No eran casas de presunción (como el Lázaro Galdiano, recoleto y discreto pese a sus buenos fondos). Y se mantenían cómo podían, discretamente, sin gran preocupación por los tacos en entradas.

¡Cuánto cambio! ¿Era mejor aquello? Algo sí había que era excelente en museos, fundaciones, etc,: exposiciones temporales. Cambió totalmente y se amplió mi capacidad de ver y entender el arte, y aprendí a saber qué era pintura, y escultura. La reproducción de un Goya no da idea de la esencia pictórica y trascendente de un Goya, ni la de un Renoir, ni la de un Cezanne, ni la de un Klee, un Kokoschka, un Gris, un Kandinsky, un Mondrian... y paso por alto, por innecesario, a Miró, a Sunyer, a Manolo y al impresionante Gargallo. Cuánto por encima estaba todo aquello de lo que solía verse en las salas de Palma; sólo excepcionalmente se veían ramalazos. Y Apeles de Atalis, con sus juicios clarividentes, todavía escandalizaba y removía la beatitud reinante.

Ahora, repito, aquí y allí, quieren su museíto. (Y no como el de Arte Abstracto Español de Cuenca: aportación espléndida de obra recopilada y espacio impulsado por Fernando Zóbel, excelente inicio de amistad que murió a los ocho meses de conocernos en una exposición suya en Sevilla.

¿A qué viene todo esto? Sencillamente a que hablo de gentes que han sabido o saben lo que tienen entre manos.

No como aquí, en donde sin saber por qué –algún motivo descabellado o interesado habrá- se va a montar un nuevo museo en Valldemossa, lugar va a ostentar el mayor número de museos por m2, posiblemente, del mundo. ¿No le basta lo que, en diferentes facetas, ya tiene?

¿O es que en Valldemossa se pretende enseñar a ver pintura mostrando lo que no es pintura? Después de la exposición ¿antológica? de Sant Antoniet, muy ligera y débil artísticamente, qué se puede esperar de lo que el Ayuntament, con el apoyo crematístico del Govern (supongo que vía Estarás), y la inquebrantable adhesión del Consell, serán capaces de montar.

Por muy buena persona, por entrañable y simpático que sea, no merece el, entre otras cosas, pintor Coll Bardolet, que se le ponga un piso a pintura.

Y si creéis que exagero, hago una propuesta que sirva para confirmar mi exabrupto: Montad, el Govern, el Ajuntament o el Consell, una exposición en que puedan contemplarse obras de Coll Bardolet al mismo tiempo que pinturas de A. Gelabert. Si no se entiende lo evidente, que en Gelabert todo es pintura y, en Coll Bardolet, por lo general, cuadros alegres, luminosos, ligeros y repetitivos, no podré pensar otra cosa sino que todavía falta aprender a distinguir entre la diferencia entre la reproducción más o menos atinada de lo que puede verse por una ventana y la belleza misma y auténtica de lo que muestra la ventana.

Y, aún, una última propuesta: si alguien duda de mis asertos, y quiere arriesgarse a ver pintura, que acuda a la exposición actual de “La Caixa” en la plaza Weyler.

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No es lo mismo pintar un cuadro, que pintar objetos y cosas –si se quiere con buena mano- en el recuadro de una tela.

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Nota: Supongo, amigo Josep Coll Bardolet, que no os gustará mi especie de diatriba. ¡Paciencia! No soy Agamenón; tal vez podría ser su porquero.

Hab. 626 – Aclaración ineludible

Tal vez hay hechos o instituciones que hacen menos daño del que podrían, porque mucha gente o no sabe de qué van o ni siquiera conocen su existencia. De todos modos, puesto que me piden que aclare a qué o quiénes me refiero con todo esto del IB3, su dispensador de títulos de hidalguía y sus adláteres chupópteros, ahí va lo que he sacado en claro.

En Palma, después de unos dimes y diretes con Barcelona por la politización de la lengua y del desacuerdo con el Institut Ramon Llull, los expertos isleños catalanizados reconforma el Institut d’estudis baleàrics, dependiente del Govern Balear para simular una institución propia independiente para promoción de los valores autóctonos. Su Presidente es el profesor y escritor Gabriel Janer Manila; su segundo, para la promoción, propaganda y formación del espíritu nacional, un tal Alzamora, y les acompañan algunos perejiles para cualquier salsa. El señor Alzamora ha hecho varias gloriosas y lúcidas manifestaciones que algunos periódicos han aireado sin límite ni comedimiento. Entre sus escritos y habladurías, los ha habido incluso contra el President del Govern, quien ha tenido la delicadeza de, como suele decirse, envainársela. Entre otras sutilidades literarias y estéticas, el señor Alzamora dijo, en tono festivo y en una reunión distendida, que quienes no reconocemos la unidad absoluta del mallorquín y el catalán, somos unos “hijos de puta”. Su presidente, Janer Manila, supongo que le da palmaditas en la espalda para que no se desmorone ante las críticas e improperios recibidos. En otro artículo me referí a la connivencia que puede que haya entre los dos. No sería de extrañar; de otro modo, cómo siguen juntos en el chiringuito.

La pena es que el IEB no servirá para nada; nada bueno, quiero decir. Sino para crear problemas, vender hielo en el polo, traducir algún escritor al pernambuqués, montar estands, -y no digo traducir el Quijote, que ya lo está- y para ir y venir, y poco mas; o, peor, aún para demasiado. Eso sí, su dedicación será convenientemente retribuida.

Un mecánico que de Palma a Sóller tuvo que desplazarse para reparar un refrigerador, al llegar se encontró que no había tal avería, todo se reducía a conectar un enchufe. No cobró por el trabajo, pero extendió la correspondiente factura por no sé cuántas pesetas de aquel tiempo, y el detalle del concepto fue: “Por ir y venir”.

¡Pues eso! Cobrarán y gastarán por ir y venir y para hacer el paripé.

¿Podrá, algún día, descubrirse que un escritor o un artista no tiene porqué ser un buen gestor, ni siquiera un gestor?

Hab. 626 – Yo, hijo de puta

Antes de iniciar esta navegación de anclaje fijo, ya había empezado, todavía en fase primaria, una especie de investigación de mis ancestros. Nací, evidentemente, en Mallorca, con genealogía en Petra, Palma, Llucmajor, Ses Salines, Sóller... y no tengo ninguna evidencia ni atisbo de que mi madre fuera una hetaira.

Por tanto, había que remontarse más. Pero, ninguno de los senderos abiertos, aunque no exhaustamente por ahora, y aunque sí suficientemente aclaratorios, no revelan antecedente de este tenor. En mi línea ascendente no aparece ninguna ramera ni evangélica ni anterior ni posterior.

Habrá que indagar si no es, mi caso, solamente cuestión genética; si el ADN tiene todavía ondulaciones ocultas. Porque lo que sí es cierto, es que soy un auténtico ejemplar de “hijo de puta”. Por lo menos, de acuerdo con la alta ciencia explicada y demostrada por el especialista en lenguas –perdón ¿en lengua?; no parece que haya estudiado más que una, y aún esta, por más especializarse, en una facultad restringida, restrictiva y acotada en una zona filológica poco aireada.

Ahora me doy cuenta de que he escrito especialista en lenguas, y he intentado reducirlo, luego, a una. Puede que no estuviera equivocado y no deba ser restrictivo, sino amplio de miras. La lengua no es un concepto único: es un aparato fisiológico y es un sistema de expresión (y por tanto de posible comunicación) ; por tanto, en esta disquisición, mantengo lo de dos lenguas, que, para este caso, tanto sirve una como otra. Si con una puede escribir sus excelentes libros (no lo digo yo, que no los he leído y cuya opinión, por lo demás, carecería de importancia); con esta, la de escribir, y además con la otra ha demostrado que ha podido conseguir su continuada incardinación en las instituciones que pretenden, y lo consiguen a veces, montar el numerito para que unos cunatos vivan como “canónigos” ebúrneos del, sea cual sea, poder vigente.

Me parece recordar que fue una Evamarilen, por una de mis “Anotacions més o manco impertinents”, la titulada “Un il·luminat poeta a l’IEB”, que se molestó porque yo le tildaba de iluminado, lo que ella, si acaso, tomaba por elogio y lo asimilaba a Ramón Llull. Hay para decirle: ¡Uro, Evamarilen! En cuanto a que lo avalan muchos premios, cosa que tambíen decía la interlocutora, ¿quiere esto decir algo? Yo también tengo algunos premios y no pasa nada. Los tengo de poesía, cuento, acuarela; un pequeño ensayo mío sobre Larra fue seleccionado y publicado en un número extraordinario dedicado al “pobrecito hablador” por la Revista de Occidente (sí, la que fundó Ortega y Gasset), y hasta –una revelación para muchos- un cuento mío llegó al grupo del que tenía que salir el ganador en un concurso de “Play Boy”.

Lo de los premios, Evamarilen, no es más que una satisfacción vanidosa, aceptable y agradable, claro, pero la proliferación crea la sospecha de la duda –hay precentes- y en bastantes casos, muchas veces previstos o preimaginados, huelen a nepotismo.

Antes de seguir quiero referirme a otro asunto del que muy poco me he enterado en mi ir y venir de quirófanos, urgencias, ucis, radiografías, cambio de sondas y el disfrute, con sus entretenimientos, de la habitación 626. Viene a ser como lo de “Que descansada vida la del que huye del mundanal ruido, y sigue la escondida senda por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido”. Bien, pues desde esta mi descansada vida, quiero manifestar mi total repulsa e indignación, porque según me han dicho, Alzamora ha recibido amenazas de muerte. Si es verdad, sea cual sea el motivo, es algo totalmente intolerable, y, aunque sólo pueda ser una bravata, una acción reprobable de miserables y estultos miserables.

Aunque suscite una reflexión: los fanatismos, cualesquiera: nazis, moros, antijudíos y judíos, católicos, nacionalistas, lingüísticos, etc. etc. siempre acaban mal y a veces peor.

Para terminar, deduzco que está confirmado que “Soy un hijo de puta” de acuerdo con el baremo admitido por el IBE, expresado por su difusor, y que apoya su sanedrín y bendice su Presidente.

Mi perfil es absolutamente diáfano y sin tacha. Allá por los años 50-60, felizmente reinante Franco, ya era de los que sentían la lengua, me refiero a la que refleja y a su vez conforma el pensamiento y por tanto la personalidad de cada uno como algo indisoluble del propio ser. Y doy una pista más: me opuse a que “Lluc”, que en aquellos momentos cambiaba y pretendía emular a “Serra D’Or” dentro de lo posible, publicara unos artículos míos escritos en forma “salada” si se les cambiaba el artículo a la forma “lalada”. Justificaban la necesidad por su difusión (nada numerosa) en Cataluña. Si en Cataluña llegan a gente culta no tiene que haber ningún problema, y si lo hay será porque el conocimiento que tengan de Mallorca tienen que mejorarlo, esto puede ayudar, les dije. Los artículos se publicaron.

Mi titularidad de “hijo de puta”, presenta todavía otra característica indudable. Ya en tiempos del “elegido” expresé con frecuencia mi convicción de que temía más una pretendida colonización barcelonina de nuestra tierra que una dependencia de Madrid. Después, lo he mantenido y lo sigo afirmando.

Con todo mi historial, sin embargo, he tenido y sigo teniendo muy buenos amigos en Cataluña y, concretamente en Barcelona. Será porque en mí ven un “hijo de puta” sin doblez ni envidias ni malas intenciones, nada pedigüeño y sin complejo de inferioridad alguno.

¿Me queda una duda? ¿Hemos de decir IEB o IEBB? Al salir de la clínica intentaré saberlo, y tal vez ya estará claro: Institut d’Estudis Baleàrics Barcelonins (y posiblemente como los del norte en otro asunto: adheridos al Cervantes).

Hab. 626 – Unicarretera

He recibido una propuesta, distinta de la mía, que puede ser muy interesante.

Por su novedad y por su originalidad, la expongo tal como la he recibido.

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Miro Llull

Puedo presentarme al concurso?

Si puedo, te propongo esto;

Mallorca ensaimada

Así habria ensaimada para todos, además, para ir de Costitx a Valldemossa vería todo el paisaje mallorquín.

No importa si hay que atravesar alguna zona de agua, para esto están los ingenieros, recordemos el Golden Gate sin olvidar que Golden significa dorado.

Joan Oliver “Maneu”.

Añado, Joan, que puede ser un medio muy visible para que cualquier piloto identifique la isla y acierte en su aterrizaje, por muchas obstrucciones y marcas desorientadoras que ponga el gañán con ínfulas mefistofélicas. (Supongo que queda claro a quien llamo gañán; pero por si por acaso alguna persona poco enterada lee esto y no lo sabe, se lo digo: un tal Alomar.

Hoy os hago una confesión. Veo que en cualquier momento puede empezar a amanecer en el panorama político español. Estos días he visto que los parvularios no tienen demasiada gente. Por tanto no van a darnos cantera para muchos años. Y se acabará el P(arvulario) P, el P(arvulario) SOE, P(arvulario) SM, y otras unidades para aprender a hacer palotes. (Especialmente teniendo en cuenta que los que lucen el babi con sus insignias son ya muy garrudos.

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Nota:

Continúo ahorrado energías. Ahora no busco ninguna “Flor Natural”. Simplemente pretendo que mi comunicación, si es posible, la lean 200 personas (y no 20) , incluidas una japonesa, y mallorquines y catalanes cultos.

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Hab. 626 – Es Baluard

Engañar a un ministro no creo que sea difícil; a una ministra, algo más difícil, que por ser mujer es más perspicaz. Pero también posible. Si ha dicho, de motu propio “las instituciones han pagado Es Baluard y deben gestionarlo”, no está bien informada. Si se lo han hecho decir, tendrá que revisar de quién puede fiarse.

El que las instituciones hayan pagado, está por ver: el dinero no lo han aportado las instituciones; en todo caso es parte del erario público que dilapidan, malversan y se reparten, o usan para comprar adhesiones (A conejo muerto, subvención al canto. “Magia Borrás”) Y, en este caso, para más INRI, han endeudado parte de los impuestos que hemos de pagar los ciudadanos durante varios años con la Caja que es de donde canta que es Serrat.

Que las instituciones deban gestionar Es Baluard, ni de broma, por lo menos en cama redonda, que ya sabemos de qué son capaces. ¿Os imagináis a la Princesa, que por sus propias palabras no sabe lo que es un museo y tampoco el mundo, metida en esto?

Yo, en casa tengo algunas pinturas y dibujos (de Anckermann, Aleix Llull, J. Terruella, Brunet, J, Fuster, Julio Quesada, Alfredo Piquer, Felipe Criado...), esculturas, grabados (de estos, de Miró unos y otros de Zóbel, José Guerrero, Ràfols Casamada, Rueda, Marta Montcada... y Miró Llull), algunas herramientas antiguas, unos fósiles, unos carricoches y cañones de hojalata del ejército (tanto me da que se interprete de hojalata el ejército como los carricoches) y seguramente algunas cosas más, que se las puedo enseñar a la Presidenta para que compruebe que con esto no tengo un museo, en todo caso una colección simpática y atractiva de ir por casa, en la que no faltan un montón de siurells.

Y la de Serra, --que ya me gustaría tenerla-- , la señora Munar, o no la ha visto, o no ha visto otro museo en su vida que el que pudiera haber en su colegio; o es una paleta en arte. Lo que acabo de escribir no puede achacarse a interpretación mía; es simple constatación deducida de sus palabras.

Y hablemos ahora de Es Baluard, que sólo he visto ligeramente por el exterior. Creo tener una buena idea de lo que hay en su interior (entre lo de Serra y lo de otra procedencia.) Y he de reconocer que no he ido a verlo por lo mismo que, en mis años de residencia en Madrid, no visité el del fabricante de ascensores: por sus descarados chanchullos políticos.

También, ahora me apetece decir que ninguna pleitesía me induce a referirme como a “Don Pedro” al hablar de Pere Serra; la deferencia y la cortesía, no obliga a una cursilada reverencial. Aunque Pere Serra, en varias ocasiones ha abierto sus páginas a mis escritos (uno de ellos era el relato de, en un viaje de trabajo, en el cual un chofer de la empresa, después de recogerme en el Prat me llevaría a la fábrica de Alcanar, pasando primero por la Fundación Miró. Pedí al chofer que entrara conmigo a la fundación y alegó que él no entendía de aquello. No tuve dificultad alguna para convencerle. Resultó una experiencia muy gratificante, que incluso, al recogerme al día siguiente en el hotel, me agradeció.

Al regresar a Mallorca, Pere, ante mi deseo de volver a publicar me abrió otra vez la puerta y puso mi disponibilidad en manos de su hijo Miguel. Se publicaron, uno tras otro varios artículos; pero de buenas a primeras se iniciaron los retrasos y hasta omisiones en la publicación de los artículos. Tanto Miguel Serra como Pere Fullana, no me dieron razón por la no publicación, y me insistieron en que escribiera. Pero ¿se perdían? A Miguel le dije que si no les interesaban, me lo dijera claramente. Que aunque yo me considerara un articulista admisible (en otros sitios, Madrid incluido, me habían publicado) ellos podían tener otra opinión, o que mi temática y mi estilo no fueran lo deseado por su periódico. La respuesta fue que les siguiera llevando escritos. El resultado: que no publicaron. La consecuencia: que no les llevé ninguno más. Y así quedó: no hubo más publicación. Ni siquiera hable con Pere Serra, ya que él lo había dejado en manos de Miguel. De toda manera, me parece una historia curiosa.

Pero, volvamos a la ministra. ¿Sabe esta señora si los acuerdos, convenios o contratos aceptados y firmados, y seguramente protocolizados, tienen algún valor? ¿Sabe que existe uno, creo que inicialmente previsto por unos 30 años y finalmente firmado por unos 90 años, que establece cómo se llevará el museo, quien o que comisión y con que calidad de votos llevará adelante su gestión? ¿Sabe la señora ministra que los convenios sueles ser de obligado cumplimiento si se desarrollan según lo estipulado?

¡Qué ingenuas me parecen las manifestaciones de la ministra.

Y a ti, Pere, ¿qué quieres que te diga?; nos reiremos un poco. Cuando mi cuerpo, después de este trote, esté en condiciones, un día iré a pasear por fuera y por dentro de Es Baluard. Y hasta puede que intente pintar alguna acuarela en sus exteriores. Y en su momento, cuando ya estemos en el tiempo después del tiempo, Pere, nos divertiremos recordando la baja catadura general de nuestros políticos y de cómo son capaces de ir de Herodes a Pilatos, cambiar de chaqueta, y meter el cerebro en formol para intentar salvaguardarlo en todas sus posibles capacidades.

 
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