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"Crónica de los avatares de mis cánceres y sus secuelas" (de laringe, de piel, de pulmón) y otros asuntos, y traducción de artículos de "Anotacions més o manco impertinents".

Categoría: Retazos

III · Suerte desgraciada de los de Montcada

REENCUENTRO SEGUNDO
y suerte desgraciada de los de Moncada

Heroico juramento de los conquistadores de Mallorca=
Heroico juramento de los conquistadores de Mallorca
1840. F. Muntaner. Litografía
Historia General del Reino de Mallorca

"Habian desembarcado en la Porrássa trescientos de á caballo que venían, en las naos que postreramente habian surgido. Descubrieron desde allí al rey de Mallorca, y su gente que tenia asentados sus reales en Portopí. Dió á la media noche aviso de ello al Rey un caballero principal aragones llamado D. Ladron, y habiéndolo comunicado con D. Guillen de Moncada y D. Nuño y otros barones que se hallaban en la tienda real, les pareció que debian descansar hasta la mañana. Al reir del alba oyeron todos misa en la tienda del Rey, con muy particular devocion. Levantóse entonces D. Berenguer de Palou escelente prelado, y comenzó á exhortar y animar á todos aquellos barones y á la demas gente con estas palabras:

"No permite, ó barones, vuestro valor ni lo ocasion presente entreteneros con razonamientos ó figuras retóricas. ¿Qué prestan las palabras, donde sobra el esfuerzo? Y cuando este falta, siempre son en vano. Asentad solo en vuestro entendimiento que el negocio que ahora tenemos entre las manos es del Señor, y no nuestro. Emprended pues varonilmente la causa comun, de la cual ha de redundar gloria á Dios, á nuestro Rey honra, y fama perenne á todos. Y cuando otra cosa suceda , tened por cierto que todos aquellos que en esta guerra quedarán muertos á manos de estos infieles, derramando su sangre por la causa de Cristo, y dando generosamente sus vidas, serán verdaderos mártires, y como tales celebrados y honrados en el cielo y en la tierra con estrenada honra y veneracion. Nosotros somos los que confesamos á Cristo, nosotros traemos á Cristo, nosotros pretendemos introducir á Cristo en este reino, finalmente nosotros somos los que padecemos por Jesucristo. Pues ¿qué importa que el soldado de Cristo pierda su vida, ó por el fuego, ó por el agua, ó por los azotes, ó por la espada? ¿Qué importa que sufra diversos tormentos en larga distancia de tiempo, ó que en un breve punto padezca tanto que venga á morir? Verdaderamente no tenemos que temer: porque si morimos, seremos trasladados al reino de los cielos, y si quedamos con vida, ganarnos con Dios grandes alcances de gloriosos merecimientos, y con los hombres fama y renombre sempiterno. Y así nadie dé muestras de cobardía, nadie titubee; sea uno el corazon de todos, y una la fe firme en Cristo. No es creible que el Rey y la Reina de los cielos, cuyas armas y blason traemos, de cuya familia somos, debajo de cuyos estandartes estamos alistados y militamos, nos desamparen en esta ocasion; antes bien peleando, nos acudirán con su favor, y muriendo, nos saldrán al encuentro para coronarnos eternamente. Alentaos pues, y mostraos valerosos; porque con el favor de Cristo vencedor, quedareis vencedores; y bajo de la proteccion de la Vírgen su Madre, saldreis libres de todo peligro. Tened en vuestros corazones un amargo dolor y vivo pesar de vuestros pecados, en vuestros labios una verdadera confesion, en las obras, ó por lo ménos en el firme propósito y deseo, una cumplida satisfaccion: finalmente procurad armar vuestras almas con el sacratísimo cuerpo y sangre de nuestro Señor Jesucristo.

"Hicieron todos una confesion general; y el religiosasmo obispo, levantando las manos y los ojos al cielo, les franqueó los tesoros espirituales de la iglesia, concediéndoles indulgencia plenaria en virtud de Cristo crucificado, echándoles una larga bendicion. El Rey y los demás nobles y caballeros se postraron por tierra, derramaron lágrimas, echaron fervorosos suspiros y ardientes sollozos, y sacudido de sí todo temor; se encendieron todos en un ardentísimo deseo de la victoria, sin hacer caso de los peligros y trabajos que se les podian ofrecer. Finalmente por la última bendicion les advirtió el mismo celosísimo prelado:

"0 nobles varones, hoy, hoy será la batalla : comenzaos á alegrar con la esperanza de la victoria que el cielo os está prometiendo. Tomad, tomad esfuerzo, y venced y rendid á estos enemigos nuestros con la presencia y amparo de este ilustrísimo Rey y Señor nuestro natural

"Acabado el razonamiento, llegóse al altar D. Guillen de Moncada, y puesto de rodillas y bañando su rostro con lágrimas que sus ojos tiernamente vertian , recibió devotísimamente el verdadero cuerpo de Jesucristo, y se encomendó á él con muy grande afecto. Habia el Rey ántes de partir del puerto de Salou con la mayor parte del ejército comulgado, segun desuso dejamos referido; mas D. Guillermo lo habia dilatado hasta ahora, por ventura pronosticando el feliz suceso, y creyendo que habia de ser coronado del martirio. Movióse luego una generosa contienda entre D. Nuño y D. Guillermo por quie aquel día llevaría la retaguardia, por pensar que hasta el siguiente no se daría la batalla, queriendo cada cual ser el primero en la refriega. Entretanto se desmandaron hasta cinco mil peones de los nuestros, y sin orden ni caudillo se metieron la tierra adentro. El Rey viendo aquel desórden, con solo un caballero que se decía RocaFort, se apresuró á detenerlos. Don Ramon de Moncada y el conde de Ampúrias con otros de su linage, sin aguardar á D. Nuño que llevaba la retaguardia, pasaron adelante, hasta topar con los enemigos. Trabóse una muy sangrienta batalla, alternando la victoria las suertes. Oyó el Rey el ruido de las arenas, y sospechando lo que en efecto pasaba, envió luego un mensajero á D. Nuño avisándole que viniese al momento, porque entendían que los de la vanguardia habían cerrado con el enemigo: viendo que D. Nudo no venia, dijo á Roca-Fort que fuese con la misma embajada. Replicó este caballero, representándole que no convenía dejar su real persona á solas en tan evidente peligro. Entretanto era el cuidado y la congoja del Rey increíble; y así le oían que decía hablando consigo: Mucho tarda D. Nuño. A fe que hace mal. ¡Santa María, ayuda d los nuestros! Prosiguiéndose la batalla, como la muchedumbre de los moros fuese infinita y los nuestros muy pocos, fueron muertos peleando valentísimamente el vizconde y D. Ramon de Montada, Hugo de Mataplana, Hugo Desfar y otros ocho caballeros, segun dice Zurita (a), ó segun Desclot, fueron todos catorce de la nobilísima familia de los Montadas."

II · Héroes en la eternidad


Historia General
del Reino de Mallorca. 1840

Habiendo mandado el Rey dar fin al llanto, marchó con su gente hacia la sierra de Portopí, de donde reconociendo la ciudad de Mallorca, el mismo refiere que le pareció: la mas bella y hermosa de cuantas jamas habia visto. Lo mismo juzgaron todos aquellos grandes y barones que iban en su compañía. Y de allí, porque tenia necesidad de tomar algun refresco, por no haber comido en todo aquel dia, le acompañó D. Nuño á la tienda de Oliver de Térmens, y comió en ella con gran gusto; y por eso se llama hasta hoy aquel lugar Bendinàt. Siendo mas tarde, partió con los ricos hombres á ver los cuerpos de aquellos nobles caballeros. Renovose otra vez el llanto y recrudeció el dolor, de suerte que fue necesario que el Rey los consolase con palabras muy graves, representándoles que aquella muerte en hecho de verdad no lo era, sinó principio de una vida inmortal, y haber consagrado sus nombres á la eternidad: y que se animasen con tan ilustre ejemplo á proseguir la empresa, sin reparar en peligros, ofreciéndoles de su parte la debida remuneracion. Al fin, por amonestacion de D. Berenguer de Palou enterraron los cuerpos de aquellos ilustres caballeros con la pompa posible, poniendo paños y lienzos entre los reales y la ciudad, para que los moros no echasen de ver lo que los nuestros hacian. Vense hoy dia las memorias de estas sepulturas hacia el cabo de la Porrássa. Hay aquí tambien otro lugar, que llaman la Piedra-Sagrada, donde es tradicion que fueron enterrados los otros muertos, y que se ofreció allí el sacrosanto sacrificio de la misa, como vemos que en este tiempo se celebra algunas veces. Los cuerpos de los ricos hombres de Moncada, ganada la ciudad, es opinion de algunos que fueron depositados en una iglesia, que ántes habia sido mezquita, y se llama el Sepulcro, como lo muestran las señales de unos lucillos antiguos. Despues, refiere Beuter (a), que fueron trasladados al monasterio de santas Cruces en Cataluña, donde yacen. Vivirá la memoria de tan claros héroes en la eternidad.”

I · Muerte del moro Infantilla

“Entre tanto que los nuestros tenian apretados á los de la ciudad, un moro principal de la montaña, llamado Infantilla ó Fatilla, determinó quitar el agua al ejército de los cristianos. Hay distante de la ciudad, segun arriba se dijo, casi una legua, una fuente principal, cuyos manantiales son tan continuos y caudalosos, que bastan para el sustento de una tan gran poblacion como es esta, sin el ordinario riego de los campos y huertos circunvecinos.


Historia General
del Reino de Mallorca. 1840

Habíanse alojado los cristianos junto á la acequia de esta fuente, por su comodidad y regalo. Juzgando este moro que causaria un daño irreparable á todo el ejército de los nuestros, si les quitaba el agua, saliendo secretamente de la ciudad juntó hasta quinientos montañeses de á pie con otros ciento de á caballo, (Desclot no pone mas de quinientos) y se apoderó del cerro donde sale esta fuente, que hoy se dice de Canet, y divirtió el agua por otro arroyo. Viendo el Rey el peligro evidente que por la falta del agua podia redundar á todo el ejército, mandó á D. Nuño que con trescientos caballeros, entre los cuales fueron Guillen de Cervellon y Francisco de San-Martin, con otros de á pié, moviese hácia el cerro de Canet. Aquí se trabó una sangrienta refriega, en que murieron de los enemigos mas de quinientos con su caudillo. Desclot escribe que no escapó ninguno de los moros, y quedó la fuente por los nuestros. Fué esto con tanta diligencia, que el mismo dia que se habia perdido, se cobró. Vueltos los cristianos al campo con tan insigne victoria, mandó el Rey á los moros de paz, que le trujesen todas las cabezas de los muertos y despeñados; y así le presentaron cuatrocientas y doce, todas las cuales por orden del Rey se echaron con los trabucos en la ciudad. Atemorizó este espectáculo á los enemigos, los cuales no creyendo que entre ellos estuviese la del príncipe Fatilla, para certificarse mejor, enviaron un capitan con cuarenta moros. Estos subiendo á la sierra, tuvieron aviso de la muerte de Fatilla y de los suyos: mas queriendo volverse con aquella tan triste nueva, dieron en el escuadron de los nuestros, los cuales pasaron á cuchillo á treinta y siete de ellos, y cautivaron á los demas. Desclot cuenta este suceso algo diferentemente: á mí me ha parecido seguir la Historia real y á otros autores que ponen esta refriega, segun aquí se ha referido.”

Sus morenos ojos se quedaron repentinamente serios

Sus morenos ojos se quedaron repentinamente serios, un poco duros cuando miró a su hermano mayor.

--Tu padre murió haciendo lo que pudo.

Las gruesas cejas de Prisco se fruncieron. Masticó la manzana distraído. Luego dijo:

--Sí, y como tú has dicho, murió. ¿De qué sirvieron sus consejos y su muerte? ¿Acaso movió a alguien? ¿Hizo que algún senador fuese menos corrompido? ¿Inspiró a un Cicerón o a un Cincinato? ¿Hizo a César menos de lo que es? Recuerdo que tu me dijiste que César no se apoderaba del poder; lo pone en sus manos un pueblo degenerado que ha perdido sus virtudes y su fortaleza y que prefiere la seguridad a la hombría, la facilidad al trabajo, los circos al deber. ¿Levantó la conciencia de un solo hombre lo que mi padre dijo el día que murió? ¿Fue siquiera escrito para las edades venideras? No. Él no podía, ni siquiera habiendo gastado toda su vida, hacer nada para detener el curso de la historia.

--Me comprendes mal, Prisco. Sé que era inevitable que Roma llegase a lo que es. Las repúblicas decaen y se transforman en democracias, y las democracias degeneran en dictaduras. El hecho es inmutable. Cuando hay igualdad, y las democracias siempre traen igualdad, el pueblo se sabe anónimo, pierde el poder, la iniciativa, el orgullo y la independencia. Pierde su esplendor. Las repúblicas son masculinas y, por lo tanto, producen ciencia y arte; son orgullosas, heroicas y viriles. Reverencias a Dios y le glorifican. Pero Roma ha caído hasta llegar a una confusa democracia y ha adquirido rasgos femeninos, tales con el materialismo, la avaricia, el deseo de poder, la conveniencia. La masculinidad, en las naciones, de demuestra por la ley, el idealismo, la justicia, la poesía. La feminidad, por el materialismo, la dependencia respecto a otros, el tosco emocionalismo, la ausencia de genios. La masculinidad busca lo que es justo; la feminidad, lo que satisface de forma inmediata. La masculinidad es visión; la feminidad la ridiculiza.

Una nación masculina produce filósofos y siente respeto por el individuo. Una nación femenina siente un insensato deseo de controlar y dominar. La masculinidad es aristocrática; la feminidad no tiene aristocracia, y es feliz sólo cuando encuentra multitudes de rostros que se parecen unos a otros exactamente y que se hacen eco de sus propios sentimientos, miedos, deseos y tonterías. Roma se ha hecho femenina, Prisco, y las naciones femeninas, como los hombres afeminados, inevitablemente mueren o son destruidas por pueblos masculinos.

Caldwell, Taylor. Médico de cuerpos y almas.
Ediciones Martínez Roca, 2007, Madrid

Escuela de Proyectistas políticos

«En la escuela de Proyectistas políticos pasé un mal rato. Los profesores parecían, a mi juicio, por completo fuera de sus cabales, lo que es un espectáculo que nunca deja de deprimirme. Aquella infeliz gente andaba presentando planes para persuadir a los Monarcas de que escogieran a sus validos en razón de su sabiduría, capacidad y virtud; de en enseñar a los ministros a considerar el bien común; de recompensar el mérito, las grandes aptitudes y los servicios eminentes; de instruir a los Príncipes a que conozcan que su verdadero interés se asienta sobre los mismos cimientos que el de su pueblo; de seleccionar para los empleos públicos a las personas capacitadas para desempeñarlos; con otras muchas insensatas o imposibles quimeras que nunca hasta entonces habían sido concebidas por cabeza humana y que me confirmaron la vieja observación de que no hay nada tan extravagante e irracional que no lo hayan sostenido como verdad algunos filósofos.»

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Jonathan Swift. Los viajes de Gulliver (Balnibarbi)

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