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"Crónica de los avatares de mis cánceres y sus secuelas" (de laringe, de piel, de pulmón) y otros asuntos, y traducción de artículos de "Anotacions més o manco impertinents".

La dignidad homosexual y el orgullo ese

mirollull2 | 28 Junio, 2015 19:58

¿Qué relación tiene la dignidad humana de los homosexuales con el orgullo gay ?

Parece lógico pensar que la homosexualidad es una diversificación genética de los dos sexos primarios destinados a la reproducción de la vida orgánica. Dos sexos que, al parecer, son el desdoblamiento de una unidad orgánica inicial, producto de la síntesis de masa y energía, evolucionada y desarrollada en millones de años.

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Capelo cardenalicio

Para entenderlo no es necesario acudir, por ejemplo, a La evolución de las especies, de Darwin, ni a Platón, que en El Banquete, expone que el hombre fue andrógino y que Zeus decidió de uno hacer dos con características diferentes. En el Génesis, libro primero de la Biblia, siguiendo el acervo de tradiciones y leyendas Mesopotámicas, se describe simbólicamente la formación del mundo, y se especifica la creación del hombre como un ser hermafrodita, configurado de barro (masa) y alentado por el soplo de Yahveh (energía). Esta explicación sencilla y esquemática, es comprensible, y los conocimientos que han llegado a nuestros días la  confirman. Así tuvo que ser, pero la leyenda bíblica, para explicar también de una forma asequible lo que había necesitado millones de años para producirse: el desdobamiento sexual, dice que puesto que Adán llevaba tiempo solo, el Señor decidió darle una compañera, que, precisamente, formó del cuerpo de Adán; dice que el Señor infundió un profundo sueño a Adán y le extrajo una costilla con la que formó a Eva. A partir de entonces, ya fueron Adán y su compañera los encargados del “creced y multiplicaos”: la descendencia procedió de la unión de los dos sexos. Un hecho con el que Yahveh, impremeditada o conscientemente, creó el ‘pecado original’ y le llevó a montar el intríngulis de la ‘acción redentora’. En el largo proceso de la evolución de los seres vivos –unos días bíblicos que según el calendario terrestre representan miles de millones de años–, los seres orgánicos, unos han conservado la androginia y el hermafroditismo y otros han ampliado la diversidad.

En una corta narración, lo he resumido:

EL GÉNERO
En un principio el hombre era un bit —o "sí" o "no"—; más tarde, un byte , —"hombre" o "mujer"—; y, con el paso del tiempo, se fue complicando.
Diario de las señoritas y otros escritos . Amazon-Kindle.

Vuelvo a la pregunta con que empezaba este escrito, y añado: El orgullo gay no tiene nada que ver con mi exposición, puesto que no defiende la igualdad de trato y derechos, así como el buen comportamiento entre si de todas las personas, independientemente de su condición sexual.

Si el colgar trapos con los colores de la luz difractada en edificios públicos ya es una banalidad, ¿qué decir de las manifestaciones del orgullo gay ? En nada apoyan la dignidad de las personas con independencia de que su vida personal la lleven de acuerdo con una de las variantes sexuales a que dan lugar los cromosomas. Los espectáculos callejeros con que dicen celebran lo que llaman orgullo y que transmiten con delectación los medios televisivos son insolentes exhibiciones de travestismo y mariconería, degradantes y bochornosas. Que grupos y facciones políticas les apoyen pone de manifiesto la bajeza moral y la débil capacidad de juicio que ostentan para ejercer la gestión social y política.

¿Qué pensaríamos si en un desfile de carnaval apareciera una carroza que portara una troupe de cardenales bailando el can-can con sus hábitos purpúreos y guirnaldas de flores en el capelo? Por de pronto, risible y absurdo; en segunda instancia, indecoroso y ofensivo. Quizá sólo nos parecería aceptable si se diera en una sarcástica secuencia de una película de Fellini.

Momento brillante y de porvenir seguro

mirollull2 | 22 Junio, 2015 19:33


La entrega de las llaves de Granada al revés

España está viviendo un momento excepcional y de porvenir seguro; y puede situarse en primera fila de Europa. Una Europa decadente que se desmorona día a día, no sé si con prisa, aunque seguro que sin pausa. Y de ello, el principal motivo es su degradación moral, si por moral entendemos el sedimento cultural y ético que rige el comportamiento individual y la organización social.
No hay que remontarse mucho en la historia para sólo en el entorno de Europa y Asia Menor hallar muestras evidentes de organizaciones humanas que se han hundido –dejando algunos posos válidos– arrastrando consigo los dioses que han creado y los altares que les han erigido.

Se pregona que la corrupción ha sido el revulsivo que ha llevado a cambiar las plantillas de los ayuntamientos y de los diecisiete reinos de taifas (entre los que hay dos sedicentes naciones); pero las manifestaciones y alardes de renovación y saneamiento –se presumía y se está confirmando– son soflamas ( DRAE, acepción 3. f. Expresión artificiosa con que alguien intenta engañar o embaucar ) para acceder a las cuadras, establos y pocilgas del poder, que serán ampliados –en contra de lo anunciado– para aposentar el incremento de la población bípeda que está surgiendo del afán de contubernios nada democráticos.

Por ahora, sin embargo, el éxito de estas trapacerías producirá dos efectos beneficiosos: a) la reducción del paro (los salientes serán reacomodados y no quedarán sin silla y de los entrantes muchos rebajarán su tasa); b) otro efecto favorable será el incremento de ingresos que obtendrán los nuevos próceres públicos que en el ámbito laboral no tendrían mayor consideración que la de ganapanes.

Por otra parte, una prueba inequívoca del halagüeño momento actual la ostenta el sector de la banca, que da síntomas de haber superado un casual y aciago trago: publica que sus beneficios aumentan. Una vez que han conseguido, incluso con el apoyo del Estado, que el dinero pase por sus manos, amplían, ‘a su buen saber y entender’ los servicios sujetos a comisiones y el precio de éstas lo fijan y multiplican a su placer; también aparecen nuevas marcas bancarias en Internet o en calles y plazas, surgidas como hongos, que habrá que ver si son venenosas. ¿Puede hacer pensar, lo expuesto, que, ante cualquier eventualidad de descalabro económico ya hay suficientes precedentes para que los bancos –no los clientes y usuarios– contarán con la aportación del dinero público?

¿Exagero? Creo que no. Basta ver la confusión, los chalaneos, los “donde dije digo digo Diego”, la mezquindad y el desdoro que muestran los indecorosos y palurdos, de cualquier rebaño, padres de la patria.

Si miramos a nuestro alrededor, la en otro tiempo excelsa Grecia, hoy decrépita, lleva un rumbo que puede ser el que nos espera.

Se podrá objetar que España tiene el puntal de unos monarcas que recientemente han fascinado a los franceses y que en España, en su primer año, gozan de admiración y aprecio. Mi duda es: ¿por cuánto tiempo? No olvidemos que el rey alto de perfil bajo (rey por discriminación del sexo femenino en el orden de sucesión), adosado a una periodista por casamiento llamada reina, en un alarde de opaca transparencia, ha querido ser él quien vetara el uso del título de Duquesa a su hermana –no que ella renunciara– para evitar que el cetro rodara hacia el abismo. A otros familiares les está manteniendo en un discreto ostracismo, dorado en el caso de su padre, Juan Carlos I, con amplios y remozados despacho y aposentos, con sus adecuados servicios y oficinas, en el Palacio Real, para que pueda jugar al tute o a las siete y media, o a lo que le guste, siempre que no incordie, algo que, cuando regrese de su periplo mundial, no es muy seguro que deje de hacer. Un rey que no ha sido muy ejemplar –hasta su hijo lo ha manifestado– y que pasará a la historia con más pena que gloria, con la notoriedad de haber salido por la puerta de atrás, quizá por la gatera, si bien, seguramente no será tan mal considera como Fernando VII.

Para que perdure la monarquía, con todo, que la nueva pareja real venga a ser los “nuevos reyes católicos” no me parece suficiente. La unión de la política y la religión, sin duda, es un buen vínculo para la estabilidad del poder. Y la catolicidad de los jóvenes monarcas es evidente: antes del enlace eclesiástico de la periodista divorciada con el príncipe católico de la dinastía franco-borbónica instituida por el Caudillo imbuido de la gracia de Dios, y de la discreta primera comunión filial, la pretendiente a la corona manifestó que había reencontrado el catolicismo en la religiosa esencia del príncipe. Una catolicidad reciente, en un país que ha ido alternando ir delante de los curas con cirios encendidos o ir detrás corriéndolos a palos, no puede tener la misma solidez de la británica que une las jefaturas política y religiosa en la misma corona o la islámica cuya vida y desenvolvimiento se rigen por el Corán y la bendición de Alá.

¿Se puede efectuar un pronóstico del futuro de España?

Si aceptamos como diagnóstico lo expuesto, no hay que buscar en Nostradamus ni en los libros de los Profetas, ni mayores ni menores. El porvenir es previsible. Las elecciones generales consolidarán el embrollo, será difícil o imposible proporcionar sillas a las demandantes posaderas, los amancebamientos políticos no aguantaran, ni de lejos, los cuatro años previstos, y los monarcas tendrán que acudir a la Gran-Caixa para que les proporcione ocupación o estancia en un lugar tranquilo. Mientras tanto la banca española tendrá que aliarse con los de cada día más dueños del mercado: los chinos; y ambos tendrán que acomodarse a la restauración de Al-Ándalus, que hace un año los moros anunciaron efectuar dentro del plazo de cinco años, y ya ha pasado uno y su asentamiento va progresando.

 
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