Administrar

"Crónica de los avatares de mis cánceres y sus secuelas" (de laringe, de piel, de pulmón) y otros asuntos, y traducción de artículos de "Anotacions més o manco impertinents".

El Vaticano programa 527 milagros

mirollull2 | 19 Octubre, 2013 23:16

En los primeros tiempos del cristianismo, más o menos en la época de los Santos Padres y un poco después, los santos eran subidos a los altares por aclamación popular y, si se trataba de cristianos que hubieran muerto de martirio por causa de la fe, la santificación resultaba automática. Su muerte era testimonio bastante de la fe (mártir viene del griego «μάρτυρας», «testigo»). El proceso, si bien ahora requiere una cierta burocracia, es sin embargo más sencillo que un proceso de beatificación por vida virtuosa: no precisa la previa declaración de 'venerable' a propuesta de la Congregación de Ritos ni tiene la exigencia de la realización de un milagro. De todos modos, la Iglesia ahora actúa con más seriedad que tiempo atrás; quizás encontró que la criba de entonces tenía la malla demasiado ancha e, incluso, que había santos que parecían inventados; de ellos sólo se conocía el nombre, las virtudes mágicas que les atribuían, pero poco más: no se sabía ni de dónde eran ni si tenían padre ni madre, ni por dónde habían morado.

El paraíso, G.Doré

Y la Iglesia decidió poner orden y fijar protocolos con unas normas que sólo se puedan ablandar por un motivo justificado y con la aquiescencia jerárquica preceptiva. Respetando, claro, que la muerte cruenta en testimonio de la fe, de por si, es garantía más que sobrada para la beatificación; después de ésta, para alcanzar la canonización sí se requiere un milagro fehacientemente probado.

Ha habido épocas y papas que no han sido propensos a definir santidades. Las proclamaciones han sido mínimas y las que se han producido, con una cierta aceleración de los trámites, se han debido a unas virtudes 'especiales' de los santificables y a la meritoria aportación pecuniaria de los promotores de la sagrada causa.

En el caso de los 527 próximos beatos, ya que el martirio es garantía suficiente, y que se ha sobrepasado el plazo previsto para iniciar el proceso, que, según las reglas, va de cinco años después del martirio hasta los cincuenta años posteriores, se podría haber prescindido de la beatificación y proclamar directamente la canonización. Una flor no hace verano. Y la condescendencia no hubiera ido en detrimento de la rectitud canónica.

Ya sé que la supresión del milagro que cada beatificado debe hacer para acceder a la declaración de santidad privaría de la curación o de la resolución de enfermedades o carencias a los ilusionados receptores del don. Pero, una cosa por la otra, también podría evitar una pesadumbre porque no llegasen a 527 los milagros. Más de un mártir podría no dar la talla o salir estéril.

Juan XXIII, Juan Pablo II y María Goretti.

mirollull2 | 02 Octubre, 2013 12:35

María Goretti
María Goretti, v m

He leído que en el mes de abril se va a elevar a los altares a Juan XXIII y a Juan Pablo II. Es una decisión oportuna para dar lustre a una institución, la papal, cuyo barco está zozobrando, con un capitán retirado a una cueva, como San Jerónimo, para orar, hacer penitencia y dedicarse al estudio de las letras sacras, y otro capitán al que tanto le da largar la mesana como girar el timón; es decir, un capitán que tanto sirve para un roto como para un descosido.

Martirio de Úrsula y 11 m vírgenes
Martirio de Úrsula y 11 m vírgenes
(detalle) Pedro Pablo Rubens

Para mayor aprovechamiento de los escenarios y festejos que con motivo de la doble canonización se montarán, sugiero que se haga entrega de medallas de San Sebastián al colectivo que se arma unos días de orgullo fantoche, para que lo celebre con recato, en una procesión a doble banda, el suelo alfombrado de pétalos de rosa (como el día del Corpus), y cada uno con el cirio en la mano. Item más, ¿no se podría declarar patrona y protectora de las violentadas por género a Santa María Goretti, la que de haber estado en el candelero de la admiración ha pasado a ser ignorada? Puede que ya haya una patrona, ignoro si lo es Santa Úrsula, pero, aunque así fuera, no sobraría el refuerzo, porque desde que Jardiel Poncela difundió la especie de que no podía haber habido nunca once mil vírgenes, ya que es una cifra notable que no se esfuma en cuatro días y que alguna quedaría, por la insidia de don Enrique, que pudo ser azuzada por otros factores, se ha generalizado el descrédito de la virginidad. Jardiel Poncela argüía que los apóstoles sólo fueron doce y queda clara constancia de ellos. El señor Jardiel o pecó de ligereza o no sabía latín. La inscripción decía “Úrsula y XI m vírgenes” (lo transcribo traducido). O sea, una menos que los apóstoles. La [m] no significaba “mil” sino “mártires”. Además, hay que tener en cuenta que la virginidad es un atributo perecedero, en cambio, la condición apostólica es indeleble.

El Cielo (III), ¿dónde está y quién hay?

mirollull2 | 01 Octubre, 2013 13:31

Volvemos al Cielo. Quiero decir que yo vuelvo al Cielo; hace tiempo siento el impulso de escribir unas consideraciones que redondeen lo escrito en los dos artículos dedicados al Cielo. Ahora hará siete años -número bíblico- que hice una exégesis casera del limbo, el purgatorio, el infierno y el cielo. Fueron siete artículos -lo he comprobado ahora- también de cifra sagrada. ¿Qué me ha empujado a prescindir del hechizo del número anterior y convertirlo en ocho? Acaso que el 8, y sobre todo si se le tumba, se puede convertir en la banda de Moebius, que, por muchas de vueltas que dé, siempre queda invertida y confusa?

En los siete artículos expuse argumentos, siempre de las escrituras, de la patrística y de la doctrina eclesiástica que tanto servirían para demostrar la cara como la cruz de la moneda; e incluso, si la moneda quedara de canto, éste aún podría aportar alguna señal para una posible interpretación aceptable; más, ya que no hay moneda, no podemos sacar ninguna aclaración de esta martingala. Por tanto, deberé seguir valiéndome de las fuentes reconocidas.

Xilografía de 1863
La resurrección (detalle), 1863, xilografía

Antes de seguir, quisiera rectificar una valoración. En el artículo sobre el limbo expresé que «la humanidad llevaba muchos miles de siglos rodando». Esta afirmación no tiene ni pies ni cabeza en el entorno de las escrituras. Nada de siglos rodando. Como mucho, entre 4.000 y 7.000 años. Este cálculo, reduce notablemente, por la simple razón de las personas que pueden nacer y morir en setenta siglos, el número de almas que estaban en lista de espera.

También quiero puntualizar que, si bien es verdad que los avances de la doctrina eclesiástica niegan el purgatorio y suprimen el fuego del infierno, esto sencillamente puede ser una estrategia para quitar el miedo y hacer atractiva -ahora que tanta falta hace- la predicación promocional. No obstante, no podemos olvidar que la revelación de Dante en la Divina Comedia puede ser tanto o más inspirada que el Apocalipsis y que todos los libros canónicos, y que, además, hay indicios que confirman tanto la ubicación del purgatorio y el infierno como la existencia del fuego. Sin buscar demasiado, encontramos: a) la orden carmelitana -lo escribí en el artículo correspondiente- enseña que aquellos que han sido investidos del escapulario de Nuestra Señora del Carmen y que lo llevan en el momento de morir, como mucho, pasarán seis días en el purgatorio: el primer sábado siguiente a la muerte terrenal serán liberados y transportados al cielo, b) el infierno es claramente mencionado en el Nuevo Testamento; e incluso San Pedro, en la carta segunda, dice : "Dios no perdonó a los ángeles que habían pecado, sino que los hundió en los abismos tenebrosos del infierno". c) También la profesión de fe por excelencia, el Credo, afirma que «descendió a los infiernos»; bien, eso depende: según el Credo Apostólico, sí; en el Credo de Nicea-Constantinopla, que con todo es más explícito, esta frase no está.

Si de estas manifestaciones, destacamos que se habla de bajada, hundimiento en abismos, y que en el interior de la tierra hay fuego, ¿no tenemos motivos suficientes para creer no sólo que el infierno existe sino incluso dónde está situado? ¿Y el purgatorio? Más evidente aún. ¿Nadie ha pensado que la lava de los volcanes no es más que la liberación periódica de las almas que ya han quedado purificadas y se desprenden de todo el calor y la ceniza?

Pero llegamos a la cuestión capital de este artículo. ¿Dónde está y quién hay en el cielo? Todas las referencias lo sitúan yendo hacia arriba desde la tierra. Jacob vio una escalera con una puerta arriba, de la que salían los ángeles que bajaban y subían. Las aclaraciones que da son mínimas: en el Génesis (28,17) se cuenta que Jacob ve la casa de Dios y la puerta del cielo, y nada más. También Jesús ascendió al cielo, a la Virgen la subieron los ángeles y una nube la ocultó, y, mucho tiempo atrás, Elías también se elevó con el carro de fuego. Todas las indicaciones sitúan el cielo divino dentro de la atmósfera, la estratosfera o más lejos. Que no lo podamos divisar es muy normal: ya que sus habitantes son incorpóreos y por tanto ingrávidos e invisibles, ¿no parece lógico que su territorio sea indimensionable y etéreo? Y considerado así, es normal que tampoco podamos concretar su ubicación; sólo tenemos un parámetro, que es alargar un radio de la circunferencia terráquea, pero ¿cuál? ¿a qué altitud y qué latitud? Y entonces todavía quedaría la incógnita de la distancia. Seguimos a oscuras.

Pasamos por tanto, a otro aspecto que creo más importante. ¿Quién permanece en el cielo? Dios, los ángeles y los bienaventurados, estos, incorpóreos, hasta que en el Juicio Final se les dé un cuerpo glorioso; ahora bien, un cuerpo glorioso que prescindirá de toda función fisiológica y, en consecuencia, seguirán siendo inmateriales.

Las escrituras, en este aspecto no son congruentes, incluso son contradictorias. Sólo en el nombre ya hay ambivalencias: firmamento, paraíso, gloria, cielo. En la escena principal de la Pasión, el buen ladrón pide a Jesús que se acuerde de él cuando llegue a su Reino. Y obtiene respuesta: "Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso". (Lc 23,40-43) Pero según la Biblia catalana esto no sería posible, en una de las anotaciones aclara que "el cielo es el lugar de estancia de los ángeles y Dios". Otra afirmación menos estricta dice que "del cielo se puede venir y se puede ir", pero no especifica quién lo ha hecho o lo hace y si es frecuente; ¿son los arcángeles haciendo de recaderos? En el Eclesiástico (44,16) se manifiesta: «Henoc agradó al Señor y fue trasladado al cielo». Y queda escrito en el Apocalipsis (4,1): «después de esto, vi una puerta abierta en el cielo...»

Hasta aquí ¿qué hemos sacado en limpio? Si el cielo no necesita cumplir las tres dimensiones de la materia y está habitado por espíritus, muy bien puede estar fuera de nuestra visión, de la visión y del tacto aunque le tengamos delante. Si fuera así, ¿dónde están Elías, Enoc y la Virgen (esta, asunta en cuerpo y alma según una leyenda elevada a dogma por el impoluto Pío XII)? Ninguno de ellos murió y subieron al cielo con su corporeidad. La cuestión de Jesús es distinta, él existía de toda la eternidad, por lo tanto era un espíritu consustancial al Padre y al Espíritu Santo. ¿En la tierra seguía siendo un espíritu con apariencia humana?

El evangelista Juan afirma rotundamente, (3,13): «Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre, que está en el cielo». Esta aserción podemos entender que confirma la inmaterialidad de Jesús, algo que no han resuelto ni los santos padres, ni el tomismo ni los concilios.

Juan, sin embargo, resuelve una cuestión y complica otras: ¿Dónde están Elias, Enoc y la Virgen? ¿En el ascenso, se liberó su alma de la materia? Al llegar a una determinada zona del espacio los seres humanos se desintegran (todos recordamos el vuelo fatídico de los astronautas) y así, libres del cuerpo, ¿pudieron traspasar el portal del cielo? Una puerta nada fácil de ubicar. Nos han dicho que la han visto, pero no dónde.

 

-----

ARTÍCULOS DE LA SERIE

El limbo y el río Jordán, 12 octubre 2006
2006 El Purgatorio, en rebajas por liquidación total, 14 octubre, 2006
El Infierno (I) no es la caldera de Pedro Botero, 18 octubre, 2006
El Infierno (II), ni Dante ni Catalina ni del Abad, 21 octubre, 2006
El Infierno (III), glosa antes de ir al cielo, 22 octubre, 2006
El Cielo (I), introducción al paraíso, 02 novembre, 2006
El Cielo (II ), la puerta, 08 noviembre, 2006
El Cielo (III), ¿dónde está y quién es?, 1 octubre, 2013
 
Powered by Life Type - Design by BalearWeb - Accessible and Valid XHTML 1.0 Strict and CSS