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"Crónica de los avatares de mis cánceres y sus secuelas" (de laringe, de piel, de pulmón) y otros asuntos, y traducción de artículos de "Anotacions més o manco impertinents".

Año VIII - Alimentación por sonda: sus variantes

mirollull2 | 28 Febrero, 2012 02:09

¿Comporta algún riesgo la alimentación por sonda abdominal? Sí, igual que los tiene la sonda nasogástrica. Pero la nutrición enteral por sonda es la manera habitual de nutrir a un paciente que no pueda tragar. Y entre estos están quienes han sido sometidos a alguna de determinadas modalidades de laringectomía, que no pueden efectuar la deglución, ni siquiera de líquidos, hasta que las suturas estén consolidadas.

Sonda nasogástrica

La práctica corriente es que a los laringectomizados se les ponga una sonda nasogástrica (SNG) en el quirófano mismo. Es una sonda sencilla y fácil de colocar y, en general, es mínimamente molesta, salvo si se sale y hay que recolocarla. Para que no se escurra se la sujeta en la nariz enlazándola con esparadrapo. Realizar una marca de bolígrafo o de rotulador justo en el punto que asoma de la narina sirve para controlar que no se desplaza.

Algunos cirujanos, si estiman que la intervención y la encarnadura ofrece una pronta cicatrización, prescinden del uso de la sonda y al paciente, por unos días, se le da alimentación por vía intravenosa (parenteral). Así se evita el roce de la sonda en las suturas de la faringe y en el esófago, con lo que se reduce la posibilidad de aparición de una fístula o de retraso de su cierre si otro motivo la causa. De todas formas, si se opta por la sonda nasogástica, conviene que se lleve el menos tiempo posible; en el caso de que se prevea que la alimentación asistida tenga que prolongarse por más de quince o veinte días, es aconsejable sustituirla por la sonda gástrica abdominal.

Sonda abdominal

La sonda por conducto abdominal es algo más laboriosa de colocar y requiere una ligera intervención, no obstante, para el paciente es mucho más cómoda y no hay apremio en quitarla. Incluso puede seguir puesta mientras se pasa a la alimentación normal por si fuera necesario tener que volver a recurrir a ella. Yo, dado que la llevaba, salí de la clínica con ella puesta porque, si la radioterapia que iban a aplicarme me dificultara o impidiera la deglución por irritación o inflamación de la faringe y el esófago, se pudiera volver a la nutrición por sonda. El único cuidado que había que dedicar a la sonda era mantenerla limpia quitándole el tapón e inyectándole un vaso de agua con una jeringa; en el caso de que se obstruyera, tenía que limpiarla usando, en vez de agua, un líquido corrosivo: coca-cola. (Esta bebida es útil para quitar el óxido a los hierros y limpiar sus manchas de las baldosas, por ejemplo; para el organismo humano se discute sobre sus contraindicaciones y su poder de adicción.)

Un peligro de la sonda abdominal, poco probable, es que se salga del estómago y el compuesto alimenticio se derrame en la cavidad peritoneal y ocasione una peritonitis; este riesgo, insólito, también se da con la sonda nasogástrica, no porque se salga sino porque perfore el estómago, el duodeno o el yeyuno. Otras complicaciones menores pueden ser: dolor abdominal, hemorragia parietal, desplazamiento del tubo, pérdida alrededor del mismo e infecciones parietales.

He mencionado que la colocación de la sonda abdominal (gastrostomía) es más compleja. También requiere medios específicos y, según el tipo, anestesia parcial o total, y determinadas precauciones y condiciones en el paciente.

Así como en la nutrición parenteral y en la enteral por sonda nasogástrica la alimentación es continua, en los sistemas por sonda abdominal, puede ser continua sin interrupción, continua por períodos de 8 ó 10 horas diarias (por la noche) y alterna, por jeringa; las veces que se precise.

Existen varios métodos de gastrostomía: la quirúrgica, la endoscópica percutánea y la radioscópica, con algunas variantes en cada grupo y también en su ubicación: estómago, duodeno o yeyuno.

Sondas para nutrición

La gastrostomía quirúrgica (GQ), que es la más invasiva, ya que se accede al estómago, para fijarle la sonda, por incisiones de bisturí, está en desuso.

La gastrostomía endoscópica percutánea (PEG o GEP), con varias técnicas basadas en el mismo principio, es la más aplicada en la actualidad. Normalmente se practica con anestesia general. Se efectúa introduciendo un flexolaringoscopio por la boca hasta el estómago para iluminar y poder ver su interior e, igualmente una guía para introducir la sonda, que será cogida por otra guía lazo metida a través de una punción en el abdomen y tirará del extremo de la sonda hacia el exterior. El extremo interior se asegurará en el estómago por medio de un botón platina o de un baloncito hinchable y el extremo exterior se fijara en el abdomen por un dispositivo específico y distinto según el modelo de sonda escogido, y a este dispositivo se aplica una prolongación con la boquilla a la que conectar el tubo del envase de nutriente o de la jeringa, si es el caso.

La gastrostomía radioscópica percutánea (GRP), por lo menos, la técnica que yo conozco, considero que es la más fácil de implantar y el método menos agresivo: no precisa la introducción por la boca y esófago de flexoendoscopio ni guía ni el propio catéter con el dispositivo de retención en el estómago (por lo cual no produce ningún roce ni lesión en la zona suturada de la laringectomía); tampoco, anestesia; y son suficientes un radiólogo y un ayudante. Eso sí, la clínica u hospital tiene que contar la instalación radiológica adecuada.

 

Sujección de las sondas

Mi experiencia es la siguiente: llevaba unos catorce días de postoperatorio de la laringectomía y el doctor me comentó que ya habíamos superado la posible aparición de la fístula, pero al día siguiente dijo que tenía que haberse callado, pues ya se había presentado. Por esta causa, decidió substituir la sonda nasogástrica por la sonda abdominal. El proceso para implantarla fue sencillo y breve. Me llevaron a la sala de radiología, me tumbé en la mesa de tratamiento, me colocaron cuatro lienzos verdes que dejaban un cuadrado abierto en el abdomen. Poco después sentí un ligero pinchazo (posiblemente el inyector aportaba anestesia local) y en el monitor que tenía algo elevado a mi izquierda vi una línea que avanzaba y penetraba en la silueta de un estómago. Poco más pude ver. Un extremo de la sonda había quedado dentro del estómago y el otro salía del abdomen por un orificio que se cerraba a su alrededor y se prolongaba unos veinte centímetros y acababa en una embocadura con tapón. Como he indicado, salí de la clínica con la sonda puesta. Desde que me la pusieron hasta que me la quitaron transcurrió algo más de tres meses. La extracción de la sonda fue muy sencilla. Una vez tendido y preparado con el cuadrado abierto entre telas verdes, al llegar el médico, éste comentó, como dato a favor, que la sujeción interna era por espiral. Noté que manipulaba y posiblemente cortaba algo, y me dispuse a sentir algún tirón o roce, y acto seguido el enfermero retiró las telas protectoras que me había puesto al prepararme, mientras el radiólogo me decía que ya podía incorporarme. Al día siguiente me quité la gasa y el esparadrapo; el orificio del estómago se cerró automáticamente y el externo no debió de tardar casi nada; ahora es sólo una pequeña hendidura.

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1837 - Egeberg: Idea la gastrostomía
1879 - Verneuil: Gastrostomía Quirúrgica
1980 - Ponsky: Gastrostomía Endoscópica
1981 - Preshaw: Gastrostomía Radiológica

Año VII - Obstrucciones respiratorias en los laringectomizados

mirollull2 | 17 Febrero, 2012 13:05

Después de una laringectomía total, las vías respiratorias altas quedan inactivas e incompletas, ya que el tracto, (la laringe), que las conecta con la tráquea se ha extirpado, y la respiración pasa a efectuarse solamente por el estoma.

Dejando aparte el no poder hablar, la notable hinchazón de la cara y cuello y el dolor que da en los hombros hacer un esfuerzo acodándose en los brazos, la consecuencia más molesta que se experimenta es la reincidente desazón para respirar. Las secreciones mucosas de las vías respiratorias bajas se incrementan, se mezclan con sangre, tienden a espesarse, obstruyen la cánula y se expulsan con accesos de tos punzantes. Y no es improbable que la mucosidad sanguinolenta salga despedida a varios metros de distancia o que produzca tapones que merman o impiden la respiración.

Recientemente varios laringectomizados han pasado a planta después de la cirugía y me han preguntado, ellos o sus familiares, si esto sucede normalmente y que remedios existen. El hijo de uno de estos ha expuesto: «No quiero dejar de contarte el mal trago que pasamos ayer. Después de cuatro días en UCI le subieron a planta; la verdad que mi padre andaba molesto. Decidimos quedarnos mi madre y yo; y durante toda la noche le estuvimos reincorporando para que expulsara flemas; a las seis de la mañana se reincorpora y se siente ahogar, mi madre desesperada pidiendo auxilio y yo corriendo hacia las enfermeras y auxiliares. Acudió una médica e intentaron aspirar, pero algo había que lo impedía; llamaron al médico de la UCI. Mi padre seguía inconsciente. Al final el médico de la UCi y ante el panorama decidió bajarle. Nosotros esperamos noticias; parece ser que la cánula estaba obstruida. Una noche muy dura y con mucha tensión. Te escribo con esperanza porque hemos ido a UCI, y era otra imagen, sereno, alegre, cariñoso y físicamente parece ser que bien.
La duda que me cabe es saber cómo poder evitar estos malos tragos, ¿no sería conveniente que le limpien la cánula y se la repongan por otra a diario?; ¿esto se lo deben hacer las enfermeras?, porque ante tal situación se lo podíamos sustituir los familiares, ¿es viable o hay que saber alguna cosa en especial? Ya me contaréis. La verdad que ayer fue una de las noches más duras de mi vida.»

Suero fisiológico

Pues, sí, es normal. Por la traqueostomía, las vías respiratorias bajas (tráquea, bronquios y pulmones), sufren la agresión del aire que entra sin filtrar ni calentar ni humedecer, lo que, antes de la operación, efectuaban las vías respiratorias altas (senos y fosas nasales y laringe), y, además, temporalmente se segrega una cantidad de mucosidad mayor de la normal. La mucosidad se genera como autodefensa por la entrada de aire en condiciones inadecuadas y, en esta situación, en contacto directo con el exterior, tiende a espesarse y resecarse, con lo que la expectoración es más difícil y hasta puede formar los conocidos “tapones”. La desazón y la angustia por la sensación (o algo más que sensación) de asfixia preocupa y asusta, lógicamente, al propio paciente y a los familiares que le asisten.

Existe la aparente solución inmediata de utilizar un aparato aspirador; digo aparente, porque, si bien es cierto que la aspiración puede “desatascar” la tráquea y los bronquios, es un sistema agresivo que hay que usar con precaución y limitadamente.

La manera de mantener la mucosidad fluida es recurrir a la humificación del aire que respire el laringectomizado. Para ello existen aparatos clínicos que dirigen vapor de agua o de suero fisiológico hacia el traqueostoma del paciente y otros, suero fisiológico nebulizado. Las aplicaciones se pueden efectuar varias veces al día durante el tiempo necesario.

En caso de no contar con el aparato específico se recurre a echar, con cierta frecuencia y especialmente cuando se nota acumulación de mucosidad, varias gotas de suero fisiológico en la cánula con un cuentagotas, con una jeringuilla (sin aguja) o con una ampolla. Esta acción diluye la mucosidad y produce un acceso de tos que la expulsa.

Y una forma muy sencilla y nada molesta para quitar la mucosidad retenida en la cánula interior es sacar el tubo interior, limpiarlo y volverlo a colocar.

Cánula de balón

Estos remedios los conoce el cirujano ORL, pero no siempre otro médico y el personal de enfermería.

El exceso de mucosidad y la necesidad de su expulsión persistirán al salir de la clínica durante cierto tiempo. Por ello hay que limpiar la cánula interior las veces que sea preciso y ésta y la exterior una vez al día. Además, principalmente en regiones de baja humedad ambiental, habrá que valerse de los medios disponibles para aumentarla, sobre todo en la habitación durante la noche. Puede hacerse con cazos con agua hirviente, recipientes encima o al lado de radiadores de calor o con humidificadores.

Y también habrá que servirse de las instilaciones de suero fisiológico tanto como sea preciso. Puesto que el suero fisiológico sólo es utilizable unos siete días después de abrir el recipiente, no merece la pena comprarlo en frasco, ya que hay que desperdiciar casi todo su contenido.

Una buena práctica, para quienes puedan hacerlo, es pasear al borde del mar y respirar el aire salino. (El suero fisiológico es una solución de sal y agua purificada.)

Humidificadores y nebulizadores

Disponer de humificador y nebulizador en casa es una opción recomendable. Existen humidificadores sencillos para la mesilla de noche que emiten un chorro vapor próximo a la respiración. Lo mejor, sin embargo, es efectuar la inhalación de vapor nebulizado.

Uso del nebulizador

Para la nebulización por el estoma se puede recurrir al centro de salud de la S.S. donde le indicarán la forma de poder efectuarla. Otra opción, muy cómoda, es disponer de un nebulizador propio, que se podrá aplicar dos o tres veces al día en las primeras semanas, con menos frecuencia posteriormente y esporádicamente más adelante. El inhalador-nebulizador emite una pulverización finísima del suero fisiológico que llega hasta los alveolos de los pulmones y, en caso de prescripción facultativa, de medicación.

También existen aspiradores caseros, los cuales, aparte de que no los considero recomendables, son innecesarios si se usa un nebulizador.

Estos aparatos, de los que existen varias marcas y modelos –en nebulizadores los hay de mesa y portátiles–, se pueden encontrar en ortopedias, comercios de material clínico y en algunas farmacias; y en Internet con los siguientes selectores: humidificador, vaporizador, aerosol, nebulizador.

Y ahora, para terminar, una observación para aportar tranquilidad ante un posible incidente. En el testimonio aportado más arriba, el hijo del paciente indica que su padre estaba inconsciente y esto se debe a que la asfixia reduce o para la aportación de oxígeno al cerebro. Pero también pueden darse desvanecimientos puntuales y breves, que si son así, pienso que no son para preocupar. Yo los tuve estando en la clínica y se me repitieron en casa. En la clínica incluso fueron objeto de atención del neurólogo, que no encontró que revelaran ninguna anomalía. Los desmayos ocurrían por un acceso de tos brusco y violento. Después de todo lo que he ido sabiendo por comentarios y lecturas, deduzco, puesto que todavía algún acceso de tos me produce un amago de pérdida de conciencia, que la causa es la obstrucción de las venas que riegan el cerebro y le interrumpen fugazmente el aporte de oxígeno.

Nebulizadores y humidificador

Los nebulizadores has sido diseñados para adaptarse a la nariz o a la boca. Los laringectomizados pueden usarlo aplicando al estoma la mascarilla infantil de nariz.

Año VII - Andrés Cañas y el cáncer de laringe

mirollull2 | 01 Febrero, 2012 11:36

Estoy en el año séptimo, llegando al octavo, de la laringectomía total. También hay quien está en el trigésimo cuarto, pues fue intervenido en el año 1979. Es Andrés Cañas Hernández, un pionero en quitar hierro a la palabra cáncer y en dedicar la experiencia de su rehabilitación a la recuperación de otros laringectomizados en el Servicio de O.R.L. del Hospital de la Santa Creu i de Sant Pau.

La otra voz width=

Conocí a Andrés Cañas por medio de Elisabet Gimeno, que me envió su libro Mi otra voz, publicado en 1991 en Barcelona. Fue uno de los primeros libros que leí sobre una mutilación de un órgano vital cuya función puede ser ejercida por otro. El libro además, ya exponía materiales y dispositivos que posteriormente han ampliado y desarrollado su utilidad y disponibilidad.

Andrés Cañas ha escrito y me ha enviado una reflexión que, por la claridad y síntesis con que está expuesta, pienso que es provechoso compartirla y, por ello, la reproduzco seguidamente.

SOBRE EL CÁNCER DE LARINGE
Andrés Cañas Hernández

La preocupación del enfermo de cáncer de laringe, desde el instante en que conoce el diagnóstico, se fundamenta en el desasosiego, incluso en la confusión. Y es que, además del impactante nombre de la enfermedad, salvo los “milagrosos” efectos de la quimioterapia moderna en casos donde se detecta precozmente, las posibilidades de curación se basan en la intervención quirúrgica (laringectomía) sin que pueda evitarse la pérdida de la voz por la mutilación de la laringe, ni la disminución del olfato al tener que respirar por el orificio (traqueostoma) en la parte anterior del cuello. Algo que inevitablemente modificará el carácter incluso el comportamiento de quién lo padece.

De ahí que las notas que configuran este abreviado texto reflejen el fruto de la experiencia personal de signo positivo, no solo útiles para el propio enfermo sino que sirven para conocimiento de quién tenga a su lado para “auxiliarle” si fuese necesario. Pues la incertidumbre, la confusión, el desasosiego que produce tal situación afecta al entorno cercano del enfermo casi tanto como a él mismo. Por tanto, para que estos apuntes tengan la efectividad que se pretende, bastaría ceñirse al cumplimiento de las tres recomendaciones que se enumeran a continuación:

1ª - A partir del conocimiento del diagnóstico, la situación psíquico-emocional que suele producirse ha de manejarse con
serenidad.

2ª - Aceptar el tratamiento, por “agresivo” que perezca, y confiar en que tendremos la asistencia médico-clínica necesaria hasta
la curación total.
 
3ª - Ser constante y disciplinado en el aprendizaje de voz esofágica, para permitirnos la reinserción social e integral en nuestro
propio ámbito.

PRIMERA.
a) - Al paciente y a la persona que le acompañe, generalmente un familiar cercano, si no hay nada ni nadie con suficiente autoridad que lo desaconseje, les conviene citarse con otro laringectomizado, por supuesto rehabilitado, para que éste les aclare previamente las dudas a que haya lugar de cara a reforzar su esperanza y aliviarles de la lógica inquietud que les atenace.
e) - Cuando se trata de una persona, en particular el paciente, de carácter aprensivo, que al oír las explicaciones del médico reacciona de forma negativa, hay que aceptar que sea el propio médico quién valore ese extremo y, si cabe, aconseje la asistencia del psicólogo o psiquiatra incluso y la participación del “asistente espiritual” si el enfermo y la familia de éste lo requiere.

SEGUNDA.
a) - Transcurridos los primeros días desde la operación, aún estando hospitalizado, la visita periódica del monitor-rehabilitador o logopeda, si lo prefiere, sería muy eficaz, ya que el contacto con ellos serviría de aliciente positivo, para afrontar, cuando toque, el aprendizaje.
b) - Una vez obtenida el alta clínica, durante el periodo convaleciente, –si el médico no lo desaconseja, debe contactar con algún centro de rehabilitación de la voz para que conozca el tipo de ayuda que se le pueda prestar en él.
c) - De acuerdo con las normas del centro, las personas encargadas de la rehabilitación (generalmente laringectomizados) harán que el aprendizaje sea llevadero, incluso animado; sin perjuicio de que en casos complicados sea preciso recurrir a profesionales.

TERCERO
a) - Durante el periodo de aprendizaje, los monitores comprobarán si el “alumno” se vale por sí solo de cuidar el aseo y protección del traqueostoma. En todo caso, éste debe asumir que esa función forma parte de su intimidad personal.
b ) - Con la protección adecuada podrá permitirse usar ropa de cuello cerrado y respirar con absoluta comodidad. Además, conviene mantener la mejor imagen posible ya que eso le ayudará a evitar miradas inquisitivas o indirectas, por parte de quienes desconocen el problema, que en nada le favorecerían.
c ) - Y para terminar, hay que decir que la persona laringectomizada (hombre o mujer), rehabilitada y dispuesta a convivir con sus limitaciones, si no hay otro motivo que lo impida, debe recuperar su modo de vida e incorporarse a sus actividades habituales. Pues, gracias a la medicina moderna y al esfuerzo de mucha gente, ahora puede hablarse de cáncer como se habla de cualquier enfermedad curable.

 
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