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"Crónica de los avatares de mis cánceres y sus secuelas" (de laringe, de piel, de pulmón) y otros asuntos, y traducción de artículos de "Anotacions més o manco impertinents".

VI • “Arremeted en nombre de Dios. ¿Qué temeis esta vil canalla?”

mirollull2 | 30 Diciembre, 2008 19:13

"Todo esto les representó, por la fidelidad que debian á su Dios y á su Rey, y por el juramento que tenian prestado, y por el valor y nobleza de sus personas, y por lo que debian á las esperanzas que todo el orbe habia concebido de aquella empresa. Finalrnente les aseguró una y muchas veces de su parte, que no dejaria con su persona de ayudarles hasta morir, y habida la victoria, la cual infaliblemente se prometia del favor del cielo, y valor de sus personas, de honrar sus trabajos y premiar aquellos peligros á que denodadamente se ofrecian, con una muy cumplida remuneracion. Y luego dando señal de acometer dijo: Ea varones, arremeted en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, y entrad en la ciudad que Dios nos tiene ya dada. Mas ninguno se quiso mover. Levantando entónces los ojos al cielo con un singular afecto dijo: O Reina soberana Madre del Unigénito, nosotros habemos venido para serviros á vos y á vuestro Hijo en esta empresa, y para que su santo nombre y tu virtud gloriosa sean engrandecidas; rogad pues á vuestro Hijo que me libre de tan grande afrenta, y envíe a todo este ejército el espíritu de la verdadera fortaleza; y luego volvió en voz alta á decir: Ea, ea varones esforzados, arremeted en nombre de Dios. ¿Qué temeis esta vil canalla? Y habiendo repetido lo mismo tercera vez, comenzaron todos, como quien despierta de un torpe y pesado sueño, á moverse en buena ordenanza; y levantando un horrendo alarido á una voz dijeron: Santa María ! Santa María! Y miéntras se iban acercando mas, no cesaban de invocar el nombre santísimo de María; que, segun el mismo Rey nos refiere, lo apellidaron mas de treinta veces, hasta que llegaron cerca de la ciudad enfrente de la puerta Pintada.

"De los peones, el primero que al entrar se aventajó á todos fué un soldado natural de Barcelona , cuyo nombre injustamente sepultó el olvido. Este arrojándose denodadamente con un pendon en la mano á la muralla, subió en ella con otros cinco tras él; y derribando los moros que defendían una torre, enarboló el pendon en lo alto, y desde allí haciendo señas con las espadas á los que estaban en el foso, los animaban á que acudiesen á socorrerlos: siguiéronlos otros trescientos de á pie, segun escribe Desclot, y luego la caballería. Entre estos, el primero de todos fué Juan Martinez Dezlava, de la familia del Rey; el segundo, Bernardo de Gurp; y el tercero se decia Sirot de la casa de sire Guillen, hijo natural del rey de Navarra; el cuarto Fernan Perez de Pina. Estos cuatro fueron los que llevaron el priz de haber entrado primero que todos, puesto que segun escribe Marsilio, hubo otros mas de ciento de igual valor y esfuerzo, los cuales también hubieran sido de los primeros, sinó los impidiera la estrechura del lugar. Trabóse con el rey moro y sus escuadrones, en la calle que ahora llamamos de san Miguel, una muy brava y sangrienta batalla. Estaba el Jeque en un caballo blanco, armado de todas armas, animando á los suyos y diciendo á gritos en arábigo: Rodo. Rodo. Que quiere decir, estad firmes. No desamparéis el puesto. Viéronse los nuestros al principio en grande aprieto, por la brava resistencia que hacian los de la ciudad, animados con el ejemplo y valor de su rey; mas al fin, vencidas todas las dificultades, se apoderaron de la entrada de la ciudad, atropellando y matando una infinita muchedumbre de moros, que como un muro impenetrable les impedia el paso. Refiere Marsilio que hallaron dentro una tan grande y tan lucida caballería, que con sus lanzas hacían casi imposible el poder pasar adelante. Pero el valor de los nuestros, alentado con la presencia del Rey, y mas con el favor del cielo, revenció todos los contrastes, y deshizo el poder orgulloso de aquellos bárbaros. Túvose, como cuenta Marsilio, por cosa averiguada, y lo confesaron despues muchos de los mismos moros, y el dicho autor lo oyó de ellos, y aun el mismo rey D. Jaime despues, habiéndolo mandado averiguar, halló que era verdad que un valiente caballero en un caballo blanco, armado de punta en blanco, iba delante de los escuadrones de los nuestros , y que fué el primero que entró en la ciudad; y segun refiere el mismo autor, se cree que fué el bienaventurado san Jorge, enviado por la Virgen santísima, cuyo nombre con tanto afecto y devocion habian todos tantas veces invocado, como tambien en tiempos pasados le envió, para perseguir al impío apóstata Juliano. Esto escribe Marsilio: otros sienten que aquel grande é insigne religioso, el maestro fray Miguel Fabra, del cual ya ántes habemos tratado, apareció en el aire con una espada en la mano, y que algunos de los mismos moros de la isla, que le habian visto pasar por el aire, despues de la conquista, viéndolo conocieron que era el mismo. Pero lo mas cierto y averiguado es, si ya no es que digamos que aparecieron entrambos, lo que queda referido. Puédese esto confirmar con la autoridad de aquel milagroso y apostólico predicador, san Vincente Ferrer, el cual espresamente dice que la festividad del santo mártir Jorge fué instituida por su aparicion, y por lo que favoreció á los cristianos en la conquista de la noble ciudad de Mallorca. Lo mismo escriben Zurita y otros.

San Jorge mata al dragón”
Copiado de la web corazones.org
(Cámbiese el dragón por un moro
y la princesa por la Reina Soberana)

"Denos aquí el lector licencia para que, desviando algun tanto los ojos de este sangriento espectáculo, los pongamos en este invictísimo guerrero, caudillo y patron de la nobleza cristiana, lumbrera de honor, terror y cuchillo de la perfidia mahometana. Su nombre en griego significa ira de la tierra; y con razon, pues el cielo soberano le opuso como un vivo rayo contra el furor mahometano, en defensa de nuestra sacra religion, lo que tambien denota el geroglífico, no historia, con que se nos pinta, librando de los dientes y uñas del espantoso dragon la inocente doncella. Invención ocasionada de las suertes maravillosas, con que este valentísimo capitan se esmeró en contrastar la braveza de los bárbaros, en defensa de la fe."

 
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