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"Crónica de los avatares de mis cánceres y sus secuelas" (de laringe, de piel, de pulmón) y otros asuntos, y traducción de artículos de "Anotacions més o manco impertinents".

Año IV – Baño y ducha de los laringectomizados

mirollull2 | 05 Diciembre, 2008 00:25

Anadelia me planteó: «En esta última operación [a mi madre] le dejaron una cánula en la garganta. Hay que limpiársela constantemente. Las enfermeras nos habían dicho que se lavara sólo con agua y jabón y que cuando se bañara se limpiara muy bien, pero ahora que fuimos a curación nos dijeron que nada de que se le moje, mucho menos cuando se bañe, ya que si le llega a entrar agua por ahí se le va a los pulmones y podría ser muy peligroso».

la ducha

En el artículo Año II – El mar y la ducha me referí a las precauciones a adoptar, «ya que hay que tener en cuenta que los traqueotomizados tenemos que enfrentarnos al agua en la higiene diaria».

La ducha y el baño, lógicamente, son una de las primeras preocupaciones del laringectomizado. Al salir de la clínica se topa con dos inconvenientes: un orificio en el cuello por el que no tiene que penetrar el agua del aseo –y menos, si es el caso, la espuma del jabón del afeitado– y, normalmente, una notable limitación en el movimiento de los brazos, frecuentemente de uno más que del otro. No se puede –o por lo menos cuesta– llevar las manos a la espalda y detrás del cuello. Y también, si uno quiere echarse en la bañera, le es casi imposible: los brazos no pueden ejercer la fuerza necesaria para aguantar tumbarse y volver a levantarse. ¿Qué se puede hacer, entonces? Prescindir del baño hasta que se recupere la movilidad suficiente y disminuya el dolor muscular de hombros y cuello que se produce al forzar la musculatura; y recurrir a la ducha y a la ayuda de un familiar.

En la ducha, el riesgo de entrada de agua en el estoma no es nada alto; se evita con una mínima precaución. Y si, aún así, penetra algo de agua, ésta será expelida con un acceso de tos, nada agradable, claro, pero inofensivo.

Si se opta por el baño hay que mantener la cabeza y el cuello algo levantados al tenderse y limitar el nivel del agua para que no llegue al estoma. Tampoco hay que echarse agua a la cara, ya que parte de ella iría directamente al estoma. Esta última advertencia parece una verdad de Perogrullo; lo es, pero no sobra: conozco quien ha tenido que erguir el torso e inclinarlo hacia delante rápidamente para expulsar el agua tosiendo.

En la bañera, conviene tomar dos prevenciones –útiles, además, para cualquier persona–: usar una alfombrilla de goma para evitar resbalones y disponer de una asa a la que poder agarrarse.

El lavado del cabello puede hacerse tranquilamente en la peluquería. En este caso sólo hay que advertir que se tiene estoma y que no se usen ‘sprays’ a poca distancia por la irritación que producen en la tráquea. En casa, el lavado del cabello, se puede hacer en un lavabo que tenga el grifo alto, en la pila de la cocina o estando arrodillado dentro de la bañera con el torso inclinado para que el chorro del agua pueda caer sobre la cabeza. En esta posición el agua siempre fluye hacia abajo y no penetra en el estoma.

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Y ahora volvamos con la ducha, que parece algo más arriesgado y no es tal; es la forma más cómoda y sencilla de lavarse el cuerpo prescindiendo de la cabeza, sobre todo si en ésta se tiene el cabello abundante y largo como, generalmente, sucede en las mujeres.

Se puede dejar caer el agua de la ducha con toda tranquilidad adaptando la posición del cuerpo a la dirección del chorro del agua; incluso se la puede recibir sobre la cabeza si a ésta se la mantiene algo inclinada hacia delante: así el agua corre por los hombros, la espalda y por la barbilla hacia el pecho sin llegar al estoma.

Y una buena opción es usar la ducha de mano, que se puede dirigir a cualquier punto del cuerpo, incluso cercano al estoma, el cual, si se cree conveniente, se protege con una mano.

protector para ducha

Se puede, por otra parte, usar un protector de goma. Este se ajusta al cuello y tiene unos orificios para la respiración en el plano inferior. Tengo compañeros que lo usan y otros que han dejado de usarlo. Yo lo tengo, lo probé y no lo uso porque no me satisfizo. Existe también la posibilidad de cubrir el estoma con un babero infantil con el forro impermeable hacia el exterior.

Como recomendaciones finales hay que señalar:
En el baño y en el aseo no hay que usar ‘sprays’ ni jabones perfumados ni cualquier producto cuyas emanaciones puedan irritar la tráquea, especialmente en los meses siguientes a la intervención, ya que aquella, que ha pasado de ser un órgano interno a estar abierta al exterior, aún tiene su superficie interna muy sensible.
Es conveniente tener a alguien próximo que pueda ayudar o atender, especialmente al principio. Pero, incluso cuando uno ya se pueda valer por sí mismo, es prudente no cerrar la puerta y disponer de algún sistema que permita llamar la atención para ser atendidos por una emergencia.

 
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