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"Crónica de los avatares de mis cánceres y sus secuelas" (de laringe, de piel, de pulmón) y otros asuntos, y traducción de artículos de "Anotacions més o manco impertinents".

Son Dureta, no y sí; Son Espases, ya

mirollull2 | 03 Agosto, 2007 11:59

La excusa para empantanar la realización del Hospital de Son Espases no puede ser la arqueología; ésta, por el contrario, sería una motivo de lustre para la edificación. Una vitrina, bien iluminada, con unas ánforas y unas cuantas piedras viejas, quedaría muy vistosa. ¿O, precisamente, es esto lo que quiere evitar el presidente del Gobierno Balear, no fuera que dijeran que lo había copiado del PP?

Bueno, dejémonos de bromas. ¿La sanidad pública mallorquina necesita un nuevo hospital? ¿Y si lo necesita ha de ser precisamente cerca de La Real, un recinto religioso, del cual las cuatro paredes y piedras originales no alteradas del histórico monasterio cabrían también en una vitrina relicario?

En la década de los cincuenta del siglo pasado la Isla tenía unos 350.000 habitantes cuando se inauguró Son Dureta, al cual, en el año 1987 con unos 200.000 habitantes más, le habían crecido varias ampliaciones deslavazadas.

Y mientras la población mallorquina seguía creciendo más que la media nacional, el año 1989 se decidió la construcción de un segundo hospital. En 1996 –la población pasaba de los 600.000 habitantes– se empezó su construcción y al inaugurarse, 2001, la población se había duplicado en relación a la de la inauguración de Son Dureta.

Ahora, entretanto se discute quien ha beneficiarse de la nueva construcción de un hospital y de la reforma o demolición de Son Dureta, la población ya es de 800.000 habitantes. Y tenemos Son Dureta, Son Llàtzer, Manacor e Inca. Son Llàtzer, en modificación interior para ampliar lugares de consulta y atención médica; Manacor e Inca en estado accesorio; y Son Dureta, envejeciendo y desatendido por liquidación.

Rehacer ahora Son Dureta puede ser una muy buena solución para, durante el tiempo de las obras, reducir notablemente su capacidad de acción y para que los enfermos se puedan divertir con el ajetreo de las obras, y tragar polvo, impurezas y bacterias; también para disponer de un campo de estudio de infecciones.

Quizá no sea prudente ni tocar ni prescindir de Son Dureta, y parece lógico construir, cuanto antes mejor, Son Espases. Al poder poner en funcionamiento Son Espases, la población isleña habrá llegado a 850.000 ó 900.000 habitantes, y el nuevo espacio ya resultaría insuficiente. Y puesto que Son Dureta, años y años, habría seguido deteriorándose, convendría tener ya los planos para rehacer de nueva planta el primer hospital y poner su primera piedra.

Dado el crecimiento demográfico autóctono, el debido a la inmigración autoctonimizada y su descendencia, el del mestizaje, y el de la nueva y constante aportación exterior, la población podrá sobrepasar el millón de almas, y los recursos sanitarios volver a quedarse cortos. En el año 2050, con la tendencia previsible de crecimiento, Mallorca puede llegar a tener de 2 a 3 millones de habitantes.

Los hospitales -consultas, quirófanos, máquinas de diagnóstico, rehabilitación, hospedaje, mantenimiento, servicios complementarios, etc. etc.- precisan, per cápita, de un espacio definible y mínimo, para el cual, por poco que la atención hospitalaria no les importe a los politicastros más allá de la propaganda electoral, del enfrentamiento partidista y de los beneficios colaterales propios y para amigos y deudos, no podemos tomar como muestra la menor necesidad de ampliación de los cementerios. En los hospitales, descartados y superados el del campo de concentración de Ravensbrück y similares, aún no es posible recurrir a la regulación numérica por la incineración.

 
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