mirollull2 | 14 Julio, 2006 00:02
«El desconocimiento de la ley no exime de su cumplimiento.» Ésta es una aserción suficientemente conocida, sobre todo en al ámbito jurídico. Cosa nada fácil de observar con tanto proliferación de leyes. Para acabar de complicarlo, para aclarar el sentido de la ley, se añade la jurisprudencia. Y para redondearlo, hecha la ley, hecha la trampa; y también la habilidad de los abogados y jueces que saben buscarle las vueltas a la interpretación o la aplicación de la ley según conveniencias e inereses.
Esto, no obstante y evidentemente, no se puede aplicar a la Ley y las normas de Tráfico, que todo conductor ha de estudiar y aprobar en un examen denominado de teórica.
Por tanto, quien más quien menos sabe si comete una infracción mientras conduce. Y si te cogen, las sanciones están muy claras, y en algunos casos, bastante duras. La cosa más improbable, sin embargo, es que te cojan; lo vemos todos los días. Y quizá el quid es éste: control insuficiente. Porque las sanciones y la posibilidad de retirada del permiso de conducción, temporal o indefinida, no es nada nuevo.
Si se considera que las sanciones son insuficientes, por ley se pueden incrementar. Sin que sea necesario jugar a la entrega y retirada de puntitos como sanción complementaria.
Además, hay conductores que jamás han dispuesto de puntos, porque nunca han tenido permiso de conducir, que incluso con un atropello de consecuencia mortal lo han zanjado todo con agua bendita. Y otros infractores, por sí mismos, pierden el carné y para siempre; lo grave es que también lo quitan a otros; y los puntos que estos no han perdido, porque no han cometido ninguna infracción, sólo sirven como pequeñas flores para las víctimas que les acompañan.
No creo que quienes se compran los coches rápidos que anuncia la sociedad de consumo y aquellos que quieren que su ‘quiero-y-no-puedo’, con unos cuantos cambios, parezca un ‘ferrari’, se preocupen más por los puntos que por la sanciones que ya existían; tienen prepotencia suficiente para no preocuparse por minucias.
Sólo una vigilancia y una actuación efectiva sobre el tráfico pueden reducir las infracciones y su consecuencia importante, la siniestralidad.
La asignación y retirada de puntos me vuelve a la infancia, cuando los frailes del babero premiaban y castigaban nuestra conducta y aplicación escolar –además de con las calificaciones trimestrales y de fin de curso– con unos vales de colores distintos según los puntos que representaban.
Los puntos de tráfico, como los de los ‘baberos’, también se dan, se quitan y se pueden recuperar. Los de tráfico, los mínimos, después de los iniciales, se obtienen por buena conducta y los otros, los más, por horas de reciclaje y también un nuevo examen de algo que ya tienes aprobado. (Como si a un arquitecto al que se le cae una casa, aparte de las responsabilidades que tiene que afrontar, tuviera que repetir la carrera.)
Con los puntos de los ‘baberos’ obteníamos barritas de regaliz, que el prefecto nos canjeaba en proporción a determinadas cantidades.
De manera inversa, pagando horas de escuela y tasas, podemos obtener más puntos de tráfico. Posiblemente, ésta es la parte positiva de los puntos de tráfico, la aportación a la sociedad de consumo y negocio.
No hay mal que por bien no venga. Dicho de otra manera: “De la desgracia de Judas San Matías halló ventura”.
Josep Maria Miró Llull (Palma, Mallorca, 1937) Escritor, grabador y pintor. Directivo empresarial jubilado.
Laringectomizado en febrero de 2005
Monitor en voz esofágica
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