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"Crónica de los avatares de mis cánceres y sus secuelas" (de laringe, de piel, de pulmón) y otros asuntos, y traducción de artículos de "Anotacions més o manco impertinents".

Rosa Díez, clara y rotunda

mirollull2 | 20 Febrero, 2006 22:55

Todavía no me atrevo a creer en el Partido Socialista ni a esperar de él ni regeneración ni siquiera que no siga dañando la vida y la convivencia en el que todavía es nuestro país.

De los que, para entendernos, venimos llamando la derecha, desde los tiempos del Generalísimo sé lo que se puede esperar: han llevado una línea bastante coherente, incluso en la hipocresía. Ya cuando nos explicaban, a quienes entrábamos en la adolescencia, la unidad de destino en lo universal, los grandes valores defendidos por el régimen y los grandes servicios prestados por éste a la Nación limpiándola de rojos, no podía mantener la mirada clara y lejos sin vislumbrar apretadas nieblas y hasta oscuros nubarrones.

Supongo que fui uno de los que, sin contar en participar en ningún reparto de regalías y sinecuras –estaba acostumbrado a trabajar y participar en asociaciones y organizaciones sin ningún estipendio– , creyeron que la llegada al poder del socialismo podía traernos una esperanza abierta a la honradez, a la libertad y a la dignidad. Me había hecho a la idea de que estos valores eran consustanciales con la izquierda.

Y sigo creyendo que la actitud y el pensamiento que podemos llamar de izquierdas, por lo que algunos fueron fusilados y otros marginados o perseguidos, no existe sin los atributos mencionados.

Por ello tengo grandes dudas sobre la validez de los partidos políticos que se llaman de izquierdas y ninguna sobre la invalidez del PSOE.

Otra cosa es que algunas personas –también de la derecha, ¡ojo!– me hayan parecido, y realmente lo sean, íntegras, responsables y consecuentes.

Hoy me he quedado de una pieza al leer la carta, aparecida en la prensa, de Rosa Díez al Presidente del Gobierno. ¡Con qué claridad y rotundidad se expresa Rosa Díez.

«Al tener conocimiento de este hecho (se refiere a la negociación de cuestiones políticas del PSE con una organización terrorista) he comprendido, Presidente, que si nosotros callamos, los que defienden la ignominia y la rendición desde las filas de nuestro propio partido seguirán avanzando.»

¡Y con qué delicadeza se dirige al presidente del Gobierno!

«Presidente, durante 30 años de nuestra vida, ante cada muerto, ante cada viuda, ante cada madre, nos hemos prometido memoria, dignidad y justicia. Presidente, quiero que sepas que vamos a cumplir nuestra palabra. No vamos a estar callados. No vamos a permitir, sin hacer oír nuestra voz, que se construya un escenario en el que nuestros propios compañeros traicionen lo más sagrado.»

No creo que Rosa Díez dude de, cuando menos, el asentimiento del Presidente en la ignominia y la rendición, pero no lo manifiesta.

Rosa Díez es diputada socialista en el Parlamento Europeo. ¿La mandaron ahí para alejarla de la vida nacional? ¿Y ahora, qué? Si no hubieran nombrado al gallego la podrían mandar al Vaticano. Veremos qué se le ocurre al Presidente.

Elemental, Dr. Estopà

mirollull2 | 20 Febrero, 2006 14:38

«Es interesante observar cómo el anuncio en los medios de comunicación de una posible epidemia de gripe aviar de Asia hace descender las ventas del pollo y su precio en el mercado y, en cambio, lo difícil que resulta hacer descender la tasa de tabaquismo.» Esto escribe, en el número 1.592 de la revista JANO, el Dr. R. Estopà, neumólogo.

Se puede contestar: Elemental, Dr. Estopà, parodiando el detective que ahora dicen que nunca dijo eso de Elemental, Dr. Watson.

Elemental, por una simple razón. La peste aviar (no muy bien llamada así), aunque de posibilidad remota entre nosotros, de cada cuatro casos de contagio humano, tres, o los cuatro, suelen fijar el casi inmediato día de muerte para el paciente.

En el caso del tabaquismo, el alcoholismo, y la contaminación por emisiones ambientales o de conservantes para alimentos, el calendario no es rígido. En algunos casos, incluso puede producirse, con algunas “molestias” la curación. Y si el mal persiste, éste suele alargar sus plazos de actuación, y a veces, o frecuentemente, obligar al paciente a cirugía y tratamientos complicados, repetidos y sucesivamente más molestos, de los que espera la curación. Y aunque la vieja dama va dando avisos de su visita, el paciente, sólo excepcionalmente, conoce la proximidad del fin.

¿Así, salvo esto de los pájaros y las gallinas, quién se va a preocupar por ello?

 
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