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"Crónica de los avatares de mis cánceres y sus secuelas" (de laringe, de piel, de pulmón) y otros asuntos, y traducción de artículos de "Anotacions més o manco impertinents".

Post626 – Entre dos humos

mirollull2 | 22 Diciembre, 2005 20:43

No hay bien que por mal no venga. (Es al revés, ya lo sé, pero aquí cuadra mejor así.)

El 1 de Enero será un gran día para empezar una época que distraiga de cuestiones nacionales más importantes.

La fastidiosa campaña publicitaria de la ley antitabaco –el prefijo “anti” siempre es peyorativo y puede comportar repercusiones nefastas–, ayudada por la oferta de cigarrillos a bajo precio, va consiguiendo buenos resultados: la juventud, clientela con mucho futuro, se está pasando al humo y la venta del tabaco, dicen, aumenta un treinta por ciento.

Hace poco he leído en el libro de José Luis Sampedro Escribir es vivir que una campaña periodística para desacreditar el uso de anticonceptivos la promovieron los fabricantes de preservativos. En el caso del tabaco, ¿están detrás del alboroto levantado las tabaqueras o la Hacienda Pública?: ¿tal vez unas y otra? “Chi lo sa”, que diría un francés que quisiera hablar italiano.

Todo esto a qué viene, pensaréis. Os lo diré, es muy sencillo. Hace años, cerca de diez, la voz se me enronquecía frecuentemente. El otorrinolaringólogo después de explorarme me enseñó la grabación hecha en un monitor. Había una cuerda vocal retractada y tenía dos pólipos. La recomendación fue que dejara de fumar y volviera a la consulta pasadas cuatro semanas. Dicho y hecho, desde que salí del despacho aquel día, no he vuelto a fumar. Repetí las visitas periódicamente. La afección fue bajando, primero por no fumar, luego ayudada por medicación, pero aún así fue necesario acabar en el quirófano. El análisis de los pólipos no indicó ninguna malignidad.

Como es lógico, seguí sin fumar. A pesar de todo, sin embargo, me llegó la hora del cáncer.

Ahora no tengo laringe y respiro por el estoma.

Desde la operación he podido evitar los lugares donde se fuma. Estaba en mi mano. Pero ahora me lo ponen difícil. El número de gente que fuma por la calle y junto al portal de negocios, oficinas y hospitales y clínicas se está incrementando día a día.

Y me hallo entre dos humos: el del tabaco y el de los coches y motocicletas.

Podría pensarse que si no tengo laringe, ya no tengo que preocuparme por los humos. Con todo, no es así; ahora, el aire que respiro me entra directamente en los pulmones. Y después de la extirpación del cáncer de laringe –si me equivoco los profesionales que me leen me pueden corregir– existen principalmente dos puntos susceptibles de una nueva manifestación del mal: los pulmones, donde tendría serias repercusiones, y otro lugar en el cual no suele durar demasiado.

 
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