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"Crónica de los avatares de mis cánceres y sus secuelas" (de laringe, de piel, de pulmón) y otros asuntos, y traducción de artículos de "Anotacions més o manco impertinents".

Post626 - Soplar

mirollull2 | 29 Junio, 2005 23:24

Todavía alguna vez tengo la intención de soplar. Ya sé que de mi boca no sale aire ni para quitar una mota de las gafas o para darles vaho para limpiarlas. Pero hoy, al ver una polilla muerta en la librería del pasillo he tenido la intención de echarla al suelo con un soplo, y, lógicamente, eso no ha funcionado.
Vale la pena explicarlo, pues de quienes me leen son pocos los que conocen el cambio tan radical que representa la laringectomía total.
Antes de la misma, el aire destinado a la respiración, o sea a los pulmones, entraba por la nariz y por la boca, y pasaba a la tráquea, que tenía la epiglotis abierta y que permanecía así tanto para la respiración como para el habla. Para la alimentación, la epiglotis cierra el paso a la tráquea, y en consecuencia, la comida pasa al esófago y al estómago.
Después de la resección de la laringe –lógicamente, con la nuez de Adán, que lleva las cuerdas vocales, incluida– deja de existir la bifurcación de la garganta. Ambos conductos quedan separados: el esófago mantiene su conexión con la boca (y la nariz) a través de la garganta; y para la respiración se desvía la tráquea y se le da salida directa en el cuello por un orificio al que se llama traqueostoma o, simplemente, estoma.
Como es de suponer, ello conlleva cambio de hábitos y consecuencias más o menos importantes en el desarrollo vital de los que pertenecemos al grupo de los laringectomizados.
Espero que, con la ilustración que he realizado y que inserto a continuación, se entenderá mejor lo que he expuesto.

Antes y después de la laringectomía

Post626 – Sin la sonda

mirollull2 | 19 Junio, 2005 19:32

Como era de prever, la sonda gástrica abdominal había cumplido su función: primero, por su uso en sustitución de la de vía nasal, como medio de alimentación en clínica hasta que se cerró la fístula y pude iniciar la alimentación, aunque en principio de líquidos y alimentos suaves, por vía oral; y segundo, como canal de reserva en prevención de posibles complicaciones que pudieran volver a hacerla necesaria, derivadas tanto de la intervención como del, a continuación, tratamiento de radioterapia.

El oncólogo en su informe sobre localización, intensidad y duración del tratamiento, datos técnicos que yo no entiendo, finalizaba afirmando que mi tolerancia a la radioterapia había sido muy buena.

Al día siguiente, el otorrinolaringólogo, confirmó mi buen aspecto –las hinchazones y leves quemaduras se estaban reduciendo notablemente por la aplicación de la pomada– y la evolución favorable del proceso. Y me indicó que ya podía prescindir de la sonda gástrica.

La mañana siguiente, en la clínica me asignaron hora para la tarde en radiología. La extracción de la sonda fue muy sencilla. Una vez tendido y preparado, al llegar el médico, éste comentó, como dato a favor, que la sujeción interna era por espiral. Noté que manipulaba y posiblemente cortaba algo, y me dispuse a sentir algún tirón o roce, y acto seguido el enfermero retiró las telas protectoras que me había puesto al prepararme, mientras el médico me decía que ya podía incorporarme. Al día siguiente me quité la gasa y el esparadrapo; el orificio del estómago se cerró automáticamente y el externo no debió de tardar casi nada; ahora es sólo una pequeña hendidura.

Post626 – Demasiado tiempo

mirollull2 | 11 Junio, 2005 22:30

Han pasado varias semanas de mi última referencia a la laringectomía. Demasiado tiempo. Hoy vuelvo a contar algo.
Mi recuperación física general va progresando, aun teniendo en cuenta que desde finales de abril hasta el jueves de la primera semana de junio, me han aplicado veinticinco J.M. Miró Llull sesiones de radioterapia, que no me han producido consecuencias excesivas; sólo, por los comentarios recibidos, las mínimas dentro de lo posible.
En las seis últimas sesiones, la inflamación interna de la garganta se incrementó algo, y también aumentaron la hinchazón e irritación de las zonas del cuello sometidas a la radiación y el dolor muscular de toda la zona de la clavícula.
En resumen, he pasado una radioterapia con una cierta rigidez e hinchazón del cuello –las procedentes de la operación que ya se aminoraban y se incrementaron de nuevo–, y con algo de decaimiento y sensación de cansancio, pero soportable; por otra parte, –eso sí, a base de comidas blandas– no he tenido otras dificultades que lentitud en el tragar, especialmente en ciertos momentos, para ingerir la alimentación. Y me ha caído parte del pelo de la cara y del cuello: las patillas me han quedado separadas de la perilla, y casi limpia la parte alta del cuello.
A los pocos días de la última sesión de la radioterapia he ido notando un alivio progresivo en la tensión del cuello y en la irritación interna de la garganta. Sin embargo, a pesar de la aplicación de crema específica para contrarrestar los efectos abrasivos del cobalto en los puntos de su aplicación, al sexto día han aparecido unas hinchazones e irritaciones que se han manifestado como quemaduras ligeramente supurantes. En una breve consulta telefónica, el cirujano me indicó el remedio de la aplicación de una pomada que me está dando un resultado efectivo y rápido.
La próxima semana he de acudir al oncólogo y al otorrinolaringólogo para revisión. Si todo sigue como hasta hoy, supongo que se decidirá la retirada de la sonda estomacal con que se me alimentaba en la clínica, la cual se ha mantenido preventivamente por si debido a la radioterapia surgían problemas que impidieran la alimentación normal.

 
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